lunes, 26 de octubre de 2009

EL VIENTRE ETERNO


EL VIENTRE ETERNO


Puedes recordarlo. Quizá no estés acostumbrado a hacerlo, en medio de tanto ajetreo que no te deja tiempo para las cosas intimas de tu alma. Pero seguro que puedes. Inténtalo, vamos...........




"Era el corazón de mi madre aquel tam-tam de las tinieblas aquel tambor sobre mi cráneo en las membranas de la tierra".


¿Lo recuerdas? Estuviste allí. Era el vientre de tu madre.
Era el latido de su corazón que te anticipaba el latido de la vida que comenzabas a vivir.
Puedes recordarlo, claro que puedes. Estuviste allí. ¿Recuerdas cuando estabas en el vientre de tu madre?¿Recuerdas el retumbar de los latidos de su corazón?



"Aquel tambor donde golpeaban las galaxias y las mareas aquella sangre germinada por el vino de la Odisea"



El vientre de tu madre sigue allí. Cada vez que acariacias a alguien que amas, cada vez que te detienes en tu rostro reflejado en un espejo y te sonries con ternura, cada vez que un abrazo te abriga del frío de la noche o del frío de las almas que te acechan fuera de ese lecho, estás de alguna forma de regreso en el vientre materno.

Cada vez que lloras una lágrima de angustia y un beso de alguien cercano la recoge antes de que caiga de tu rostro, cada vez que arropas con esa vieja manta aquel cuerpo que te acompañó un trecho del camino, cada vez que te sientes arropado en una noche de lluvia, estás de nuevo en el vientre materno.

Todo gesto de ternura, todo gesto de protección, todo lo que te guarda y te consuela, todo lo que tú guardas y todos aquellos a los que consuelas, todas esas cosas son reflejos, repeticiones de la imagen añorada y tierna del vientre que te protegió y te cuidó y te alimentó antes de que entraras en el mundo.

Hay un vientre materno en el espacio. Hay una madre siempre lista a protegerte, sea o no la que te ha parido. Hay mucho amor en ese vientre eterno que se llama Universo.


"Tu corazón -¡oh, madre mía!- resonaba como el océano batía sus alas salvajes su insaciable tambor de fuego".




No estás solo. No eres huérfano. Por más que todo así te lo señale, por más que quieras levantar tu brazo y el peso te haga volcar de agobio, por más que a tu alrededor no haya más que noche cerrada y negra, no eres huérfano: sólo has perdido de vista las infinitas formas que adopta ese vientre materno que siempre espera para reconfortarte.

Sólo has olvidado momentáneamente ese calor, ese mullido cuenco primordial. Y lo has olvidado porque al desperdiciar tanta energía en la inútil lucha contra el mundo, has llegado a la peor de las credulidades, que es no creer en nada.

Pero el vientre materno proyecta su cálida sombra desde aquella vida prenatal hacia el resto de tus días. La Madre universal te está cuidando siempre, así como en la vida prenatal, sin siquiera tener que pensar en hacerlo, tu madre te alimentó y te dió su energía para que pudieras salir al mundo.

Recuerda, vamos....Recuerda aquel calor de la madre, el tiempo de la vida prenatal.


"El paraíso de tu sangre, la gran promesa de tus brazos. Oía el sol en su corriente: tu corazón lleno de pájaros".




Ese tiempo te lo dio todo para que te enfrentes al mundo. Luego pasaron los años y quizas en algun punto te dejaste vencer, pero eso no significa que tu potencialidad no permanezca intacta.

Lo único que realmente sucede es que tu energía esta desperdigada. Pero no es imposible recuperarla y volver a sentirte pleno. Un poeta escribió una vez: "No te des por vencido ni aun vencido".
Confia en tu energía.
Haz que se vuelva a ordenar para ponerse a tu disposición.
Piensa que, allá en el vientre materno, no tenías nada y te fue dado todo. ¿Cuánto más fácil será lograrlo ahora, cuando sólo se trata de revitalizar lo que ya es tuyo, lo que te pertenece, tu energía vital?

El vientre eterno del Universo te acoge.

Toma de él las fuerzas para volver a ser quien eres.

Un ser luminoso.

Piensa que en el vientre materno:
"...yo era un germen lleno de estrellas, yo era la magia y era el ídolo...."

Vuelve a ser lo que eras.

Vuelve a ti mismo.

No hay nada más poderoso que tu amor a la vida.

Ejércelo.

Ledo Miranda Lules


*Reflexión*


Vivimos ajenos a la vida real de nuestro Universo y no podemos pasarla por alto mas tiempo. Deja de pensar y entra en el silencio, mira hacia atras y encuentra el origen de la semilla de luz que florece en tí. Son momentos decisivos y transformadores que expanden nuestra evolución humana, para expresar la alianza, con las verdades que trascienden en nuestro interior.
Formas parte del océano de energia donde todo nace y participas de esa realidad que esta en constante crecimiento.

Eres Uno con el Todo porque eres parte integrante de la Fuente del Amor Divino.

¡¡¡ Fuerza cosmica de sabiduria eterna, plena de belleza que sustenta toda creación, guíame hacia mi atuténtico interior !!!

HIJOS DEL SOL


HIJOS DEL SOL


De acuerdo con la filosofía esotérica, la vida humana es la manifestación de la chispa o alma divina que toma deliberadamente forma humana. Cada uno de nosotros es un ser interior eterno que se ha encarnado de forma intencional en la energía-materia de la personalidad humana: energía-materia física, etérica, emocional y mental.
La vibración o cualidad intrínseca del ser interno es "AMOR" (cósmico, sabio e iluminado).
El propósito, pues, de esta deliberada encarnación del ser interior, o alma, es convertir la vibración y la cualidad de la personalidad humana en "AMOR".



De acuerdo con este punto de vista, y en particular con la interpretación de las religiones de misterios, el alma se "sacrifica" a sí misma en la encarnación. El alma muere "de forma figurada" o desciende al bajo mundo de la personalidad; o el alma es cortada en muchos pedazos (una metáfora para numerosas encarnaciones) y esparcida por todo el globo.

Solo despues de un largo periodo de tiempo, despues de combates y heroicas hazañas míticas, el alma resucita. Ha realizado la tarea asignada y por último ha llevado a su personalidad encarnacional a la vibración del amor.

La personalidad y el ser interior comparten ahora la misma cualidad y vibración; el trabajo de convertir la escoria en oro se ha completado. Y el ser interior se libera de posteriores encarnaciones en la gran rueda del karma humano de la muerte y el renacimiento.



Al contemplar el ritmo del So, los filósofos esotéricos vieron la similitud simbólica entre su viaje y el del alma humana. El Sol vive del mismo modo que podemos nosotros vivir. Muere en el Solsticio de invierno sólo para resucitar, para alcanzar una cima de vida dinámica en el Solsticio de verano para luego empezar a morir de nuevo.

Muerte y resurrección.
Encarnación, reencarnación.
Los grandes ritmos.

Incluso con más profundidad -al trabajar con las leyes espirituales de correspondencia y con la idea mistica de que la vida humana refleja microcósmicamente las realidades de la vida macrocósmica- se pensó que ese ritmo de sacrificio ilustraba el modo por el cual la Deidad misma creaba toda la vida. Esta profunda idea filosófica establecía que toda la vida es la manifestación del sacrifico de la Deidad Misma.
El alma verdadera de toda existencia es la Deidad encarnada.

"La historia es la del sacrificio voluntario de una elevada conciencia para crear el alma y ser la esencia dinámica de una conciencia menos evolucionada y mas pequeña."

El alma humana encarnandose en la personalidad humana
El Sol encarnándose para la Tierra
La Deidad Suprema encarnándose para toda la existencia

Aquí tenemos el origen del gran misterio de las religiones, los mitos de la muerte y posterior resurrección de las Deidades Solares y los grandes cultos solares.
Aqui tenemos la muerte de Osiris.
Aqui tenemos la crucifixión del Cristo Cosmico sobre la cruz de brazos iguales de la materia.
Aqui tenemos la historia del propósito de cada alma humana y la historia de todo Espiritu.

William Bloom


*Reflexión*

Una llama de luz.
Un fuego Eterno.
Soy Hija del Sol y recuerdo.
Cuantas más veces muero mas fuerte y sabia emerjo.
Bato mis alas y vuelo hacia el cielo para besar las nubes y crear las gotas de lluvia que penetran en tí para hacerte florecer en todo tu esplendor.
Cuando uno asume las pruebas vitales es consciente de que: sólo una copa vacía puede ser llenada de nuevo...y comprende que somos un milagro de "AMOR".
Una y otra vez repetimos ciclos, aprendemos a morir buscando la evolución en cada renacer y aprendemos a vivir aceptando la VIDA.


"Hay una fuente de Amor que es el Corazón de Toda Vida
Que ese Amor fluya
¡Mane a la Tierra-Corazón a Corazón!

Hay una fuente de Luz que es la Mente de Toda Vida
Que esa Luz fluya
¡Mane a la Tierra-Mente a Mente!

Hay una fuente de Poder que es el Propósito de Toda Vida
Que ese Poder fluya
¡Mane a la Tierra-Propósito a Propósito!

Nosotros Somos ese Amor
Nosotros Somos esa Luz
Nosotros Somos ese Poder

¡Paz y Salud en la Tierra!
(La Invocación de Glastonbury)"

LA NUEVA DIMENSION ESPIRITUAL


LA NUEVA DIMENSION ESPIRITUAL





Si entendemos de manera profunda las principales corrientes filosóficas, las religiones y las tradiciones espirituales de antigüedad, encontraremos que debajo de las diferencias aparentes hay dos principios fundamentales en los cuales convergen prácticamente todas. Si bien las palabras utilizadas para expresar esos principios son diferentes, todas apuntan hacia una doble verdad fundamental.


La primera parte de esa verdad es el reconocimiento de que el estado mental “normal” de la mayoría de los seres humanos contiene un elemento fuerte de disfuncionalidad o locura. Maya para los hindúes, dukkha para los budista, el estado colectivo de la humanidad del “pecado original” para los cristianos.

Toda la historia de la humanidad ha estado colmada de guerras crueles y destructivas, motivadas por el miedo, la codicia y las ansias de poder, además de los episodios ignominiosos como la esclavitud, la tortura y la violencia generalizada motivada por razones religiosas e ideológicas. Durante el siglo pasado, la inteligencia de la mente humana se vuelca, en una interminable borágine, a la producción de armas de destrucción sin antes precedentes: los tanques, las bombas, las ametralladoras, los submarinos, los lanzallamas, los aviones, los portaviones, los destructores, los bombarderos continentales, los gases tóxicos, las armas químicas, los agentes de destrucción biológica, las bombas atómicas, las ojivas nucleares, un inventario horroso que no tiene fin.

¡La inteligencia al servicio de la locura!.


Nunca antes como en el siglo pasado, tanta gente había sido mutilada, vejada, torturada, asesinada en un sinnúmero de guerras, matanzas, holocaustos, genocidios, exterminios masivos. Nunca antes habían sido tan destructivos, tan dolorosamente palpables, los efectos de la locura humana institucionalizada.




El miedo, la codicia y el deseo de poder son las fuerzas psicológicas que no solamente inducen a la guerra y la violencia entre las naciones, las tribus, las religiones y las ideologías, sino que también son la causa del conflicto incesante en las relaciones personales. Hacen que tengamos una percepción distorsionada de nosotros mismos y de los demás. A través de ellas interpretamos equivocadamente todas las situaciones, llegando a actuaciones descarriadas encaminadas a eliminar el miedo y satisfacer la necesidad de tener más: ese abismo sin fondo que no se llena nunca.

Son varias las enseñanzas espirituales que nos aconsejan deshacernos del miedo y del deseo, pero esas prácticas espirituales por lo general no surten efecto porque no atacan la raíz de la disfunción. Si bien el anhelo de mejorar y de ser buenos es un propósito elevado y encomiable, es un empeño condenado al fracaso a menos de que haya un cambio de conciencia. No podemos llegar a ser buenos esforzándonos por serlo sino encontrando la bondad que mora en nosotros para dejarla salir. Pero ella podrá aflorar únicamente si se produce un cambio fundamental en el estado de conciencia.




En la mayoría de las tradiciones religiosas y espirituales antiguas existe la noción común de que el estado “normal” de nuestra mente está marcado por un defecto fundamental. Sin embargo, de esta noción sobre la naturaleza de la condición humana (las malas noticias) se deriva una segunda noción: La buena nueva de una posible transformación radical de la conciencia humana. En las enseñanzas del hinduismo y budismo, esa transformación se conoce como iluminación. En las enseñanzas de Jesús, es la salvación. Otros términos empleados para describir esta transformación son los de liberación y despertar. La psicología positiva ha comenzado en los últimos años a estudiar este proceso.

El logro más grande de la humanidad no está en sus obras de arte, ciencia o tecnología, sino en reconocer su propia disfunción, su propia enajenación. Algunos individuos del pasado remoto tuvieron ese reconocimiento. Un hombre llamado Gautama Siddhartha, el Buda, el iluminado, quien vivió en la India hace 2.600 años, fue quizás el primero en verlo con toda claridad. En la misma época vivió en China otro de los maestros iluminados de la humanidad. Su nombre era Lao Tse. Dejó el legado de sus enseñanzas en el Tao Te Ching, uno de los libros espirituales más profundos que haya sido escrito.

Reconocer la locura es, por supuesto, el comienzo de la sanación y la trascendencia. Esos y otros maestros les hablaron a sus contemporáneos. Les hablaron del pecado, el sufrimiento o el desvarío. Les dijeron, “Examinen la manera cómo viven. Vean lo que están haciendo, el sufrimiento que están creando“, “conózcanse a sí mismos“. Después les hablaron de la posibilidad de despertar de la pesadilla colectiva de la existencia humana “normal”. Mostraron un camino.

Aunque sus enseñanzas eran a la vez sencillas y poderosas, terminaron distorsionadas y malinterpretadas. Con el correr de los siglos se añadieron muchas cosas que no tenían nada que ver con esas enseñanzas originales. Algunos de esos maestros fueron objeto de burlas, escarnio y hasta del martirio. Otros fueron endiosados. Las enseñanzas que señalaban un camino que estaba más allá de la disfunción de la mente humana, el camino para desprenderse de la locura colectiva, se distorsionaron hasta convertirse ellas mismas en parte de esa locura.

Fue así como las religiones se convirtieron en gran medida en un factor de división en lugar de unión. En lugar de poner fin a la violencia y el odio a través de la realización de la unicidad fundamental de todas las formas de vida, desataron más odio y violencia, más divisiones entre las personas y también al interior de ellas mismas. Se convirtieron en ideologías y credos con los cuales se pudieran identificar las personas y que pudieran usar para amplificar su falsa sensación de ser. A través de ellos podían “tener la razón” y juzgar “equivocados” a los demás y así definir su identidad por oposición a sus enemigos, esos “otros“, los “no creyentes“, cuya muerte no pocas veces consideraron justificada. El hombre hizo a “Dios” a su imagen y semejanza. Lo eterno, lo infinito y lo innombrable se redujo a un ídolo mental al cual había que venerar y en el cual había que creer como “mi dios” o “nuestro dios“.

Y aún así… a pesar de todos los actos de locura cometidos en nombre de la religión, la Verdad hacia la cual esos actos apuntan, continúa brillando en el fondo, pero su resplandor se proyecta tenuemente a través de todas esas capas de distorsiones e interpretaciones erradas. Sin embargo, es poco probable que podamos percibirlo a menos de que hayamos podido aunque sea vislumbrar esa Verdad en nuestro interior. A lo largo de la historia han existido seres que han experimentado el cambio de conciencia y han reconocido en su interior Aquello hacia lo cual apuntan todas las religiones. Para describir esa Verdad no conceptual recurrieron al marco conceptual de sus propias religiones. El gnosticismo y el misticismo cristiano, el zen, el tantra y el dzogchen en el budismo, el sufismo en el Islam, el jasidismo y la cábala en el judaismo, el vedanta en el hinduismo, entre tantos otros. Estas escuelas eliminaron una a una todas las capas sofocantes de la conceptualización y las estructuras de los credos mentales, razón por la cual la mayoría fueron objeto de suspicacia y hasta de hostilidad de parte de las jerarquías religiosas establecidas.

A diferencia de las religiones principales, sus enseñanzas hacían énfasis en la realización y la transformación interior. Fue a través de esas escuelas o movimientos esotéricos que las religiones recuperaron el poder transformador de las enseñanzas originales, aunque en la mayoría de los casos solamente una minoría de personas tuvieron acceso a ellas.



Muchas personas ya han tomado conciencia de la diferencia entre la espiritualidad y la religión. Reconocen que el hecho de tener un credo (una serie de creencias consideradas como la verdad absoluta) no las hace espirituales, independientemente de cuál sea la naturaleza de esas creencias. En efecto, mientras más se asocia la identidad con los pensamientos (las creencias), más crece la separación con respecto a la dimensión espiritual interior. Muchas personas “religiosas” se encuentran estancadas en ese nivel. Equiparan la verdad con el pensamiento y, puesto que están completamente identificadas con el pensamiento (su mente), se consideran las únicas poseedoras de la verdad, en un intento inconsciente por proteger su identidad. No se dan cuenta de las limitaciones del pensamiento. A menos de que los demás crean (piensen) lo mismo que ellas, a sus ojos, estarán equivocados; y en un pasado no muy remoto, habrían considerado justo eliminar a esos otros por esa razón. Hay quienes todavía piensan así en la actualidad.

La nueva espiritualidad, la transformación de la conciencia, comienza a surgir en gran medida por fuera de las estructuras de las religiones institucionalizadas. Siempre hubo reductos de espiritualidad hasta en las religiones dominadas por la mente, aunque las jerarquías institucionalizadas se sintieran amenazadas por ellos y muchas veces trataran de suprimirlos. La apertura a gran escala de la espiritualidad por fuera de las estructuras religiosas es un acontecimiento completamente nuevo.

En la actualidad estamos presenciando un surgimiento sin precedentes de la conciencia, pero también el atrincheramiento y la intensificación del ego. Pero el ego está destinado a disolverse, y todas sus estructuras osificadas, ya sea de las religiones o de otras instituciones, corporaciones o gobiernos, se desintegrarán desde adentro, por afianzadas que parezcan. Las estructuras más rígidas, las más refractarias al cambio, serán las primeras en caer.

El desafío de la humanidad en este momento es el de reaccionar ante una crisis radical que amenaza nuestra propia supervivencia. La disfunción de la mente humana egotista, reconocida desde hace más de 2.500 años por los maestros sabios de la antigüedad y amplificada en la actualidad a través de la ciencia y la tecnología, amenaza por primera vez la supervivencia del planeta. Hasta hace muy poco, la transformación de la conciencia humana (señalada también por los antiguos sabios) era tan sólo una posibilidad a la cual tenían acceso apenas unos cuantos individuos aquí y allá, independientemente de su trasfondo cultural o religioso. No hubo un florecimiento generalizado de la conciencia humana porque sencillamente no era todavía una necesidad apremiante. Un porcentaje todavía relativamente pequeño pero cada vez más grande de personas ya está experimentando en su interior el colapso de los viejos patrones egotistas de la mente y el despertar de una nueva dimensión de la conciencia.


Eckhart Tolle



*Reflexión*


Hemos esperado mucho tiempo al comienzo del nuevo despertar de la humanidad. Al igual que nos abrimos a la llegada de un nuevo día, amanece en nosotros el hombre nuevo y la mujer nueva que quieren explorar juntos todas las posibilidades que se nos ofrece para transformar el mundo. Es nuestro mayor empeño actualmente el profundizar en el futuro que nos espera, siendo conscientes de que solo existe un unico camino para sobrevivir. Integrarnos en la Unicidad de Todo lo que Es, de Todo lo que Somos y estamos "sintiendo". Mientras no se lleve acabo esta integración seguiremos avanzando a un ritmo demasiado lento. En nuestras manos está el conseguir que nuestra luz brille con mayor intensidad porque el alma puede ver el "reino celestial" y nuestro espiritu puede ver el "reino infinito". Nada existe de una manera independiente y hay que rehabilitarse en las verdades ancestrales originarias de los principios de las humanidades. Despertar nuestro legado es neceario para acceder a nuestro talento divino y así fluir en los dones de paz y esperanza necesarios para trascender y expresarnos en la Unicidad de nuestra autentica naturaleza divina.
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