lunes, 16 de noviembre de 2009

UNA REFLEXION PARA NUESTRO CAMINAR...


No tomes a la vida como una carrera. No es la vida una competencia hacia una meta de llegada. Dios no quiere que llegues a Él por lógica, por inercia o con apuros fanáticos. No quiere que al final de la vida digas: "solo se trataba de esto y nada más". No. La vida es más que la suma de seres vivos, la vida es un tesoro compartido, un brillante tiempo que ilumina al universo mismo en cuanto te ha sido dada, porque allí es donde nace la esperanza, donde hay un soplo de vida cálido, un soplo de eternidad.

La vida es la sonrisa de una madre, es la palabra y la mirada de Nuestro Padre, llena de comprensión y misterio que nos habla en algún rincón de la memoria. La vida es saber disfrutar y compartir el cariño inmenso que nos rodea cuando estamos en familia. Lo comprobamos en alguna fiesta, cuando nace un nuevo integrante, cuando se casa un pariente. Los ojos llenos de esperanzas, la piel fresca de alegría. La vida es un abrazo temprano a quienes queremos y un beso sincero en el encuentro. Cuando aprendas a ver el corazón de las cosas, cuando veas con los ojos del alma la razón de lo que no tiene razón, entonces comprenderás que la vida es más que la suma de sus partes, que es la esencia misma bailando en el espacio, cantando en el viento, mojándote en la lluvia, abrigándote en el silencio de una noche fría frente al fuego.

Comprenderás que el otro tiene las mismas inquietudes, los mismos miedos ocultos, que también siente respeto por algo, que alberga culpas que no logra sacar, sonrisas que no puede brindar, ganas de ser querido, tantas cosas!... tantas... como también tienes tú. Verás que el otro es parte de tu vida y tú vives porque hay otro que vive para verte, que aprendiste muchas cosas, porque otro te las enseñó:Tus padres, tu escuela, tus amigos, la vida misma. Comprenderás que la vida es siempre un camino que solo se hace al caminar con la mirada franca y un beso lejano esperándonos en algún horizonte. Sabrás que transitamos por un sendero único e irrepetible porque es la huella que vamos haciendo en el mundo, nuestra marca, nuestra señal, que escribimos en los renglones de un relato compartido. Y tan solo de nosotros depende un verso mejor, una gran alegría, una palabra triste, un momento de olvido o una canción de amor... De nosotros depende elegir la forma de mejorar nuestro rumbo y hacer que cada día sea un canto al sol.

La vida es para aprender a amar y a perdonar, a olvidar cuando debemos olvidar, a recordar cuando debemos recordar. La vida es para ampliar los afectos y reflexionar sobre nuestras vivencias, para que pensemos en los frutos de nuestros actos y veamos claramente, sin ningún tipo de adorno ni justificaciones oportunistas lo que hemos hecho en el tiempo y todavía, si podemos, volver sobre nuestros pasos para cambiar alguna situación. No ocupes tu tiempo en ver solo el aspecto negativo de las cosas... sueña, imagina, planea una salida, invita a alguien a comer a tu casa, da un abrazo y ríete con las personas que sonríen, ama con las personas que aman, alégrate con quienes te alegren el día, haz las cosas simples porque en lo simple brilla una pequeña luz que se hace fantástica e inmensa a los ojos de quien atesora ilusiones. Nunca hagas o digas algo que resulte demasiado duro a alguien solitario, porque aunque a ti te parezca que en circunstancias normales, cualquiera lo tomaría con naturalidad, una persona solitaria podría verse herida mortalmente, pues su mente y su corazón son más sensibles a las influencias del exterior. Trata de llevarle un motivo de felicidad, un minuto de alegría, un momento de amor y te lo agradecerá infinitamente. Sabes? la felicidad es pariente de la belleza y la belleza es el rostro de la verdad. Cuando descubrimos una verdad, descubrimos algo bello, y lo bello solo puedo regocijarnos el alma porque la verdad y la belleza son atributos de Dios.

No pienses en aquello de que la verdad es dura. Lo duro, feo o desagradable no es la verdad, eso se llama realidad, la que el ser humano crea todos los días con su insistente capacidad de nombrar y clasificar las cosas. La verdad es otra cosa: la verdad es el motivo de la felicidad y la libertad, porque nos libera de fantasmas y dudas al caminar, porque nos hace bellos si la sabemos cuidar, porque es el final del camino al que hemos de llegar. La vida es un encuentro entre Dios y tú. Disfruta tu tiempo sabiendo que el pasado y el futuro son instantes de una realidad que se actualiza de acuerdo a tu conciencia, la cual se enciende a cada instante e ilumina lo que toca, lo que ve y hasta lo que niega. Recuerda que la vida es más que la suma de seres vivos, es un tesoro compartido del cual formas parte... Cuando comprendas ésto, llenarás tus pulmones vacíos con un soplo de eternidad y serás uno con la vida...y la vida te sonreirá .

LA FE, VIDA EN LA LUZ


LA FE, VIDA EN LA LUZ

A la larga dejaras a un lado todos los metodos y tecnicas y pasaras directamente a la fuente de tu orientacion interna, al Espiritu, a Dios o a tu propio ser superior.

En realidad confiar en tu intuición equivale a confiar en Dios porque la intuicion, en el fondo, es una cuestion de fe, ya que el hecho de confiar en tu interior no implica que tus decisiones esten libres de riesgo; ya que es posible que en ocasiones éstas te lleven a donde pensabas que querias ir, pero habra veces en que confiaras en tu intuicion, tomaras una decision y las cosas te resultaran muy duras durante un tiempo....pero esto no significa que hayas tomado la decision equivocada.

La realidad convencional te indica que es posible cometer errores en la vida....la realidad trascendental, sin embargo, te demuestra que en el fondo resulta imposible tomar una decision equivocada.

La intuicion no consiste en la certeza, sino en la confianza y la fe.

Esta ultima requiere el valor de concebir todo aquello que te sucede como lo que necesitas para aprender y superarte en la vida.

A veces ella te lleva a tomar un camino dificil para ponerte a prueba, templar tu comportamiento y enseñarte a enfrentarte a las dificultades, a la vez que evolucionas como persona.

La vida no siempre te proporcionara lo que deseas, pero si aquello que necesitas; no siempre te dira lo que quieres oir, pero te indicara adonde debes ir, que necesitas hacer y en quien peudes confiar.

Ella se encuentra en nuestro centro de energia, nos alienta y empuja a seguir adelante y nos hace resistentes y esa es la clase de fe que nos enseña a confiar en nosotros mismos y a mejorar nuestra vida.
Que la Fe y la Esperanza inunden tu vida en la Luz.
TäRA

APERTURA DEL CORAZÓN


APERTURA DEL CORAZÓN
El estado de sagrada y serena apertura del corazón tal vez sea el camino mas dificil en la vida.

Hay muchas cosas que amenazan a la verdad del corazón; nos dejamos desanimar facilmente por los trabajos y problemas cotidianos y los muchos padecimientos que nos afectan en el curso de nuestros dias y eso nos llega a abatir en gran medida. Por esa razon necesitamos reafirmarnos en la apertura de nuestro corazón.

Pensar en todos esos maravillosos seres que me amaron y creyeron en mi, me compromete a mantener viva la pasion por vivir y a ser la verdad del amor en el corazón de la vida.

Es en ese instante cuando el amor comienza a despertar dentro de mi y asustado por mis emociones pido ayuda a Dios en oracion para que me guie en "la apertura del corazon".

Un ser humano, por si solo, no es lo bastante fuerte para soportar la intensidad, la gloria y el poder del amor divino en el corazón y al orar me siento con la fuerza necesaria que me permitira soportar esa presencia divina de amor dentro de mi.

Asi con calma y en profundidad, con el corazon receptivo me retiro a mi lugar solitario, sereno y lleno de paz que esta dentro de mí. En ese espacio "virgen" del corazón, ningún padecimiento puede destruir mi instante, ni tampoco ningún otro amor puede ocupar ese lugar.

Conforme voy penetrando en él, descubro que alli continua fluyendo un incesante anhelo por lo divino. Es el ansia del corazón por estar siempre en contacto directo con el amor divino; es la fuerza que abrira el corazón cada vez mas a la pasion del amor y me prepara poco a poco para que pueda volcar alli su sagrado y dinamico fuego que me permitira crecer y ser cada vez mas apasionado e intenso.

Me imagino en este instante rodeada por un mar de luz. Esa luz proviene del corazón de Dios y manifiesta incesantemente todos los universos. Es la luz de la conciencia, dicha y conocimiento que se encuentra alrededor de mi, sobre mi y debajo de mi; y cuyas ondas se propagan infinitamente en todas direcciones.

Me siento lleno del poder de la luz del corazón y tengo la conviccion de que en la parte mas profunda de mi ser esa luz me colma por entero con su fuego y siento como entra por mi cabeza, baja por el cuello, los brazos, mi pecho, mi sexo, mis piernas...ninguna parte de mi ser queda fuera de ese fuego de amor y entrego lo mas hondo de mi alma a ese fuego imaginandome como se precipita a las profundidades mas reconditas de mi corazón quemando toda barrera entre los dos.

Ahora todo mi ser espiritual y fisico, el fuego y la luz del corazon son uno.

Tomo con enorme fuerza el mar de amor que me rodea y en el me encuentro ahora.

Andrew Harvey

LA IGNORANCIA DE LOS SABIOS


LA IGNORANCIA DE LOS SABIOS

En la Edad Media, Nicolas de Cusa: hablo de la "docta ignorancia", que comienza cuando un ser humano descubre que no sabe lo que creia saber. La cultura, tal como la conocemos, ¿no será una especie de anestesia ante el dolor de esta ignorancia de fondo?

Las diferentes culturas han actuado sobre este trasfondo de no saber, de inquietante vacio a distintos niveles, distrayendose de la busqueda definitiva. Pero ninguna cultura ha tenido éxito del todo en esta empresa. Se han manifestado todas insuficientes ante la urgente necesidad de quienes anhelaban la verdad.

Los descubrimiento reales surgieron al margen de los conocimientos establecidos. Y estos descubrimientos se han transmitido mediante confesiones psicologicas o religiosas, con sistemas de filosofia, poemas o cuentos. Muchas veces en metaforas y lenguaje figurado, otras directamente. Pero sólo se comunica esta verdad entre quienes ya han descubierto algo de ella. Porque aunque parezca paradojico sólo el que descubre algo real tiene fuerza suficiente para aceptar que no sabe y sólo quien acepta su ignorancia puede descubrir algo verdadero.



Cuando se trasciende el modo habitual de conocimiento se comprende que nadie sabe nada a pesar del bombardeo de informaciones al que está sometido el intelecto, a pesar de tantos datos y teorias, tantas experiencias, comprobaciones, criticas y contra-criticas. Y se comprende porque a traves del instrumento sensitivo-intelectual no hay nada que saber. La sabiduria es algo diferente.



A la pregunta tantas veces planteada de por qué no descubirmos la realidad, Gaudapada, filosofo advaita del siglo V, respondía: "porque nos da miedo".

Necesitamos la valentia que nos aporta la visión de la verdad, para poder descubrir esa misma verdad. Es un circulo que no sabemos como empieza ni como termina pero que comienza y tiene su fin en cualquier instante lúcido.

Tendriamos que indicar ademas que levantar un poco por azar la piedra de nuestras falsas seguridades, y ver lo que hay debajo puede dejar atonita y esceptica a una persona en un momento dado. Pero si se va iluminando el camino con la luz de la intuición, los engrendros de lo erroneo se disuelven en la realidad de lo verdadero. Y cada espacio iluminado, cada vacio pleno de lo real va aumentando la valentia y la decisión de descubrir ilimitadamente.



Destruir limites, liberarse de los conocimientos, condicionados por el miedo, es tener acceso simultaneamente a la realidad sin condiciones.



La mente, la razon, tiene sin embargo su lugar en esta aventura hacia lo real; no podemos prescindir de lo racional, como no podemos prescindir de lo sensorial. Los diferentes niveles de percepcion estan situados inteligentemente en distintos estratos de conciencia. Tienen un campo limitado de actuación que solo distorsiona y lleva al error cuando se establece como único, cuando se separa del todo.

Alli donse se intuye, se ve directamente un significado total, una verdad que incluye las demas.

Alli empieza lo que aparece y desaparece, en un Universo multiple de experiencias cambiantes, verdaderas desde la vision totalizadora del Ser.

Arte Teúrgica


Arte Teúrgica

Federico González


(Capítulo VI de Simbolismo y Arte, de Federico González. Ed. Libros del Innombrable, Zaragoza, 2004)





Si la Alquimia es el arte y ciencia de las transformaciones y transmutaciones, la Teúrgia persigue los mismos fines y se basa en idénticos principios, es decir en analogías y correspondencias. Pero la Alquimia trata más del ser individual que del universal, del microcosmos más que del macrocosmos. En realidad tanto Alquimia como Teúrgia operan de modo semejante y deben ser distinguidas de la hiperquímica (material y metálica) y la magia mal llamada «ceremonial» en cuanto éstas buscan exclusivamente logros verificables basados en la relación causa-efecto, siempre personalizados e individualistas en contraposición con la magia natural y la Alquimia auténtica, despersonalizadas, atentas siempre a los principios y al orden dialéctico de la Creación. Lo interesante del asunto es que tanto Teúrgia como Magia utilizan además procedimientos similares por lo que tal vez su diferencia estriba no tanto en la índole de la coreografía ritual, sino más bien en el ánimo de los participantes, en sus intenciones, y sobre todo en el conocimiento directo del universo de energías invisibles que expresa y plasma la ceremonia.


En la base de todo rito, incluido el mágico, se encuentra la idea de que el Universo es un Todo indisoluble e indivisible en partes. Esta armonía está dada por la oposición continua de dos factores que deben complementarse, bien por la guerra, o sea atacando y rechazando, o bien por la paz, asimilando por simpatía. En ambos casos se procede por correspondencias o analogías inversas.


Ejercer acción sobre una cosa es ejercer esa acción sobre un conjunto innumerable de cosas en un mundo concebido como concatenado; igualmente hacerlo sobre un ser humano implica realizarlo en toda la humanidad; la economía de la Teúrgia fija sus propios límites sin imponerlos. Sus fines son imprecisos, sus medios han de ser exactos, por paradigmáticos y míticos y perfectos, es decir, especialmente adecuados a la situación espacio-temporal que signa el rito aunque resulten totalmente paradójicos para el propio operador que en su gestión no sabe definir con claridad -y no lo necesita- dónde y cómo los distintos sucesos de su propia y divina comedia pudieran ser traducidos en medio de una Revelación Permanente. El hombre es el corazón del Universo. Efectivamente el microcosmos cumple la misma función en el cosmos que el corazón en el cuerpo humano, y a través de su dualidad, referida a sus dos naturalezas: divina y humana (sístole y diástole), es capaz de recrear perennemente la vida con la que se encuentra indisolublemente unido, pues es un todo con ella, correspondiéndose ambos de manera perfecta e idéntica al punto que constituyen, han constituido y constituirán, una misma entidad. El mundo entero está animado y perfectamente vivo hoy día (y siempre), como un animal o ser gigantesco cuyas partes u organismos se articulan y moldean constantemente entre sí impulsados por los movimientos de su corazón, el ser humano, centro del Universo. Y este ser, siendo parte esencial de la creación regenera permanentemente el cosmos, aun con su sola presencia. En un mundo así todo es mágico y cada gesto, signo o palabra un acto generativo capaz a su vez de producir indefinidos reflejos de sus mismas características. Esto es estar haciendo la creación perpetuamente y el hombre ha conocido esta realidad siempre, aun de modo inconsciente, y ha participado de ella como lo prueban legiones de sabios egipcios, caldeos y griegos, sacerdotes precolombinos, chamanes siberianos, magos herméticos y también, a su nivel, artistas varios, políticos, ilusionistas y vendedores ambulantes. Por otra parte, entonces, ¿qué más operativo y mágico que la oración del corazón, la cual debida a una concentración en el meollo del ser humano que pronuncia la plegaria o invocación, se dirige al corazón del Ser Universal con el que pretende, y logra armonizarse?


Como se puede apreciar nada tiene en común esta ciencia con cualquier ceremonia mágica de tipo «positivista» y de elemental relación causa-efecto, siempre de corte inmediato, utilitario, y personalizado. El Arte Teúrgico es impersonal y sus ritos adecuados a la cadencia y armonía de la magia natural, que genera permanentemente los fenómenos y substancias de la creación mediante arquetipos inmutables que paradójicamente cambian constantemente de modo; virtud esta última que permite a la individualidad del chamán acomodarse al ritmo universal, ser uno con él, y por lo. tanto generar su propia creación habiendo previamente destruido todas las formas como paso necesario para la construcción de cualquier orden, así fuese éste su personalidad, el entorno donde se proyecta, o el espacio que le ha sido asignado.


En realidad cualquier interpretación acerca de este arte efectuada con ojos profanos, es decir, con la programación contemporánea, estará viciada de nulidad, ya que será imposible comprender un tipo de mentalidad cuya cosmovisión, usos y costumbres, y sobre todo su actualización permanente de la realidad de lo invisible y desconocido, organiza su vida y comportamiento. Para este tipo de gente la vida es un juego perpetuo de luces y sombras, de espacios constantemente renovados, una representación lo suficientemente mimetizada como para parecer verdadera. La posibilidad es la raíz de la Teúrgia, la creación su indefinido campo experimental. Por su naturaleza el Universo es mágico; lo mismo vale para el microcosmos. Pero se debe hacer la salvedad que el rito impersonal al cabo se personaliza, que lo invocado deviene forma e imagen, materializa de distintas maneras; y que toda tentativa de exponer de modo más o menos racional lo que no sigue ese discurso es de por sí un acto fallido respecto a la suma de lo incognoscible y la auténtica presencia del misterio inefable. En suma, que para el chamán-mago es mucho más importante esa otra realidad, ese otro mundo, invisible, y, sin embargo, tan real que es la fuente -según él- donde se origina cualquier fenómeno o cosa.


En la Teúrgia, no existen los fines particulares sino los prototípicos, que son simbólicos; en ese sentido suelen ser ejemplares, como los mitos, sus estructuras y personajes.


Es necesario aclarar que la Teúrgia no espera resultados concretos, e igualmente muchas veces el chamán o mago es sólo un símbolo por el que se transmiten energías, o vibraciones que él canaliza con total prescindencia de su aprobación o desaprobación personal. El hecho de que si el propio interesado es consciente o inconsciente de sus poderes, o mejor, en qué medida es consciente, tampoco afecta su múltiple irradiación, que puede transformarse en innumerables posibilidades desatadas a veces por su sola participación. En este sentido el chamán es en sí una teofanía, o se transforma en ella durante su actividad mágica, lo cual constituye el núcleo central de todo rito.


La Teúrgia es siempre actual, jamás a nadie que participó en alguno de sus ritos se le ocurrió verificar el «resultado» de sus ceremonias. Cuando el chamán enciende el fuego genera vida, en el momento en que derrama agua sobre la tierra ya está lloviendo, el universo se encuentra estrechamente ligado a los hombres, los cuales lo conforman; somos señales en un mundo de señales y el mago es un generador, operando sus ritos ancestrales, renovando el mundo a perpetuidad. Sus ceremonias no son vanas, al contrario, son imprescindibles para que se reconozca el Sí Mismo dentro de sí mismo; son por lo tanto tan arquetípicas como necesarias y su acción inmediata, y sobre todo mediata, es fundamental, y pueden fructificar en innumerables formas, y cada una se organizará en conjuntos y éstos en estructuras precisas, las que terminarán manifestándose concretamente. De allí la enorme importancia asignada a la Teúrgia, ciencia que acompaña a los ritmos del cosmos, como lo hace la naturaleza, y que, como ella realiza su gesto desinteresado y gratuito para preservar la vida del mundo, como igualmente la del hombre, por tanto, la de la especie; por lo que el objetivo último de la Teúrgia es ligar con la cadena interna de unión, con la Iglesia Secreta, que opera y se manifiesta en nosotros y en nuestro entorno, dándonos así el poder de expresar la Ciencia Sagrada.


En realidad el arte mágico-teúrgico consiste en la efectivización del pensamiento y la doctrina cosmogónica tradicional realizada en la siempre cambiante realidad de gestos, ámbitos, voces y estructuras que se van sucediendo en la cinta del tiempo. Esta adaptación a las circunstancias con que se condiciona la vida del hombre constituye una permanente actualización de los principios, a los que se refiere siempre la cosmología, y una revivificación constante de las leyes universales, que el operador mágico conoce y proyecta -a veces sin objetivo aparente- en su medio bajo la forma de una circunstancia anecdótica, histórica, siempre cambiante.


En la realización de la Obra Teúrgica hay cierta teatralidad, se trate o no de ceremonias propiamente dichas. Esto es perfectamente lógico si se considera que el adepto es sacado totalmente de su condicionamiento puesto que sus valoraciones son ya otras, al punto que la programación que le servía hasta el momento no es válida para diferentes espacios mentales y distintos tiempos internos. Esto produce una contradicción, un drama (o comedia), en la psiqué del chamán, un auténtico psicodrama que incluye a veces extraños comportamientos o actitudes inhabituales, no sólo para los demás, sino para el mismo mago, inmovilizado de asombro. En el entrenamiento del arte de percibir la teatralidad constante de la vida se presiente y comienza a recorrer una superestructura que la comprende a ésta, la cual, sin embargo, no es distinta de ella, aunque constituye un espacio otro.


En cuanto a los trabajos del «aprendiz», lo primero es llevar la idea de rito a todos los ámbitos de la vida y su cotidianidad personal. Lo segundo es saber que esto no debe realizarse nunca de manera literal, de una forma lineal, sino que más bien se trata de vivir al ritmo del compás cósmico, advirtiendo la sacralidad del entorno físico-anímico, derivado de un ser espiritual, tan invisible como inteligente. No es pues sólo una sistematización de gestos e invocaciones que siempre acaban en forma esclerotizada, sino la intuición de la Verdad y la Belleza reunidas armónicamente en el cuerpo de la Inteligencia Universal, deidad tan precisa como esquiva, siempre aérea o radiante.


En todo caso, si muchas de nuestras labores no tienen éxito, o no contamos momentáneamente con la energía necesaria para llevadas a cabo, o no estamos, sencillamente, satisfechos con nosotros mismos, de ninguna manera mengüemos en esa labor, mucho menos nos compadezcamos, adoptemos circunstancialmente valoraciones del hombre viejo, o encarnemos furiosas reacciones contra la ignorancia que nos margina; aun si nuestro enorme esfuerzo por realizar un mensaje pudiera parecemos transitoriamente cosa imposible, materia vana, debemos recordar que en el gran laboratorio de la creación universal se logran resultados a costa de ingentes gastos (nunca desperdicios) de energía, y eso particulariza a cualquier proceso creativo. Por otra parte, si nuestras diligencias y labores sólo sirviesen para difundir la Tradición Unánime que se mantiene viva desde los orígenes del hombre y el universo, esto ya fuera harto suficiente de acuerdo a unas posibilidades que cada vez se hacen menores a medida que se acerca el fin de los tiempos. Ya se sabe que el mal de existir es sólo momentáneo, como todo mal, incluyendo los sacrificios que se nos imponen y las «enfermedades» o «desajustes» que tantas veces nos afligen a lo largo del camino y que tendemos a ver como indignas (de acuerdo a la programación del hombre viejo), cuando no son sino, a veces, los síntomas evidentes de un proceso regenerador profundo.


Para terminar, señalaremos que una de las prácticas teúrgicas de mayor importancia en Occidente, y que ha tenido también valor primordial bajo diversos aspectos entre los pueblos arcaicos, es la invocación a las Musas por medio de incantaciones; precisamente así lo hacen al encarnadas los magos, chamanes, filósofos, sabios-sacerdotes, reyes auténticos, héroes, bardos y juglares. Sobre ellas nos habla Homero en la Ilíada y Hesíodo en su Teogonía. Este último así las invoca:


«Dichoso aquel que las Musas quieren: dulce fluye de su boca el acento.

Pues si a alguien, con duelo en el alma recién apenada, afligido, se le seca el corazón, y un aedo, de las Musas siervo, las hazañas de los hombres antiguos canta, y a los dioses beatos que el Olimpo poseen, aquél, luego, de sus angustias se olvida, y nada de penas recuerda; pues pronto de las diosas lo divierten los dones.

Salve, hijas de Zeus, el deleitoso canto donadme.

Celebrad la sacra estirpe de los dioses siempre existentes, los que de Gea nacieron y de Urano estrellado, y de Noche tenebrosa, y los que crió Ponto salobre; (decid cómo, primero, los dioses y la tierra nacieron y los ríos y el ponto infinito, que furioso se hincha, y los astros resplandecientes y, arriba, el cielo espacioso); y los que de ellos nacieron, dioses donadores de bienes, y cómo dividieron las riquezas y honores partieron y en fin cómo, primero, el multidoblado Olimpo ocuparon. Esto decidme, oh Musas, que tenéis moradas olímpicas, desde el principio...».


En Grecia y Roma eran nueve, estaban bajo la dirección de Apolo y eran veneradas por todos aquellos que se dedicaban a labores de Conocimiento, o sea: Ciencia y Arte; por otra parte muchos otros autores las mencionan. Hijas de Zeus y Mnemósine, a grandes rasgos se puede resumir la actividad de estos entes espirituales, de estas diosas: Calíope, poesía épica. Clío, historia. Erato, poesía lírica y cantos sagrados. Euterpe, música de instrumentos de viento. Melpómene, tragedia. Polimnia, mímica. Talía, comedia. Terpsícore, música general y baile. Urania, astronomía.


Walter F. Otto en su estudio Las Musas afirma: «Horacio, en la más hermosa de sus odas romanas (Carm. III 4), llamó a la Musa desde el cielo para cantar un extenso poema y como él experimentó su hechizante proximidad, vio cómo las Musas lo protegieron como a un niño y más tarde lo salvaron en el peligroso camino de la vida y se sintió dispuesto a enfrentar alegremente toda tempestad y toda molestia, sólo cuando ellas estaban a su lado».


Sin embargo toman igualmente formas diversas en el huerto mágico del alma. Así, Platón en su Fedro (245), al hablar del delirio como don profético «un don magnífico cuando nos viene de los dioses», «es más noble que la sabiduría de los hombres», nos explica (1): «Hay una tercera clase de delirio y de posesión, que es la inspirada por las musas; cuando se apodera de un alma inocente y virgen aún, la transporta y le inspira odas y otros poemas que sirven para la enseñanza de las generaciones nuevas, celebrando las proezas de los antiguos héroes. Pero todo el que intente aproximarse al santuario de la poesía, sin estar agitado por este delirio que viene de las musas, o que crea que el arte solo basta para hacerle poeta, estará muy distante de la perfección: y la poesía de los sabios se verá siempre eclipsada por los cantos que respiran un éxtasis divino».


Como se ve por sus atributos estos espíritus femeninos han estado presentes a lo largo de la historia del hombre, como otros muchos bajo distintas formas en la totalidad de los pueblos, los cuales han sabido reconocerlos y entablar relaciones con ellos de manera unánime. ¿Por qué motivo esos seres espirituales, o energías reales, si se quiere, se supone que no existen hoy en día? ¿Acaso sólo porque se los niega? Por otra parte: ¿qué o quién nos impediría tomar contacto con las diosas y entes espirituales que nos aguardan y conforman?


NOTA

1. «Cuando los pueblos han sido víctimas de epidemias y de otros terribles azotes en castigo de un antiguo crimen, el delirio, apoderándose de algunos mortales y llenándoles de espíritu profético, los obligaba a buscar un remedio a estos males, y un refugio contra la cólera divina con súplicas y ceremonias expiatorias. Al delirio se han debido las purificaciones y los ritos misteriosos que preservaron de los males presentes y futuros al hombre verdaderamente inspirado y animado de espíritu profético, descubriéndole los medios de salvarse» (Platón. Fedro 244).

LA PÉRDIDA DEL ALMA DEL MUNDO Y SU RETORNO


LA PÉRDIDA DEL ALMA DEL MUNDO Y SU RETORNO
No podrías descubrir los límites del alma, aun si viajaras por todos los caminos para hacerlo, tan profunda es su medida.- Heráclito.

Una vez hace mucho tiempo, en un pasado tan distante que no tenemos memoria de él, las dimensiones invisible y visible de la vida eran imaginadas e instintivamente experimentadas como una unidad sagrada. En las grandes civilizaciones de la Edad de Bronce (aprox.3000 AEC*), particularmente en las de Egipto, India y China, el cosmos entero era considerado un ser vivo y el mundo manifiesto visto como una epifanía o manifestación de una fuente invisible que le diera ser con un soplo, animándolo y manteniéndolo: el aire mismo se experimentaba como la presencia invisible de ese mundo - un “asombroso misterio que unía al mundo humano con el extrahumano.” (1) Al igual que las estrellas emergían cada noche de la oscuridad del cielo nocturno, así el universo visible nacía del oscuro misterio de lo invisible. Todo - plantas, árboles, animales y pájaros, así como la luna, el sol y las estrellas - estaba imbuido de divinidad porque todos y cada uno eran parte de una red de vida que vivía y respiraba.



Aunque esta antigua forma de conocer alguna vez se experimentó en muchos lugares diferentes (y quizás todavía pueda encontrársela), Egipto nos ha dejado una de las imágenes más claras de ella. Dos diosas tienen una particular importancia a la hora de comprender los orígenes del posterior concepto de Alma del Mundo: Hathor - a menudo intercambiable por Isis - y Nut. Hathor era la diosa más antigua de Egipto, imaginada como la Madre que alimentaba el universo y el impulso creativo que fluía de la inmensidad cósmica de su ser. Más específicamente, a Hathor se la imaginaba como la Vía Láctea, cuya leche nutría toda la vida, y sin embargo ella era inmanente a todas las formas de vida, inmanente a las estatuas que se alzaban en sus templos y a los hermosos lotos azules que diariamente eran depositados a sus pies.(2) Como Madre Divina, ella recibía las almas de los muertos en la entrada de su montaña sagrada.



Nut era el cielo nocturno, cuyo vasto cuerpo cósmico contenía todas las estrellas. El sol desaparecía dentro de su cuerpo en su descenso de cada noche al inframundo y renacía de ella en el amanecer de un nuevo día. La imagen de Nut era pintada en el interior de las tapas de los féretros y a veces también en la base, como para envolver en su abrazo cósmico el alma que era confiada a su cuidado. Hay una conmovedora inscripción dirigida a ella en un trozo de piedra en el Louvre:



O Gran Ser que estás en el mundo de los Muertos,

A cuyos pies yace la Eternidad, en cuyas manos está el Siempre,

O Gran Alma Divina y Amada que te encuentras en el misterioso abismo, ven a mí.



Presidida por la Gran Madre, esta era se caracteriza por una conciencia que participaba en el sentido imaginativo más profundo en la vida del cosmos y la vida de la tierra. Era una forma completamente diferente de percibir y relacionarse con la vida de la que tenemos ahora. Nuestra presente conciencia ha surgido a partir de una forma de conocer mucho más antigua e instintiva, que podría ser descrita como lunar porque la luna tenía una suprema importancia en esa lejana época. Es posible que la imagen de un alma del mundo o alma cósmica haya nacido a partir de la mitología lunar porque la luna fue nuestra primera maestra y la inspiración de algunos de los más grandes mitos del mundo antiguo: el mito egipcio de Isis y Osiris, el mito sumerio del Descenso de Inanna, los Misterios Órficos y Eleusinos de Grecia, y el posterior mito cristiano, todos poseen el mismo tema lunar de la muerte y la regeneración. (3)


¿Qué fue lo que nos enseñó la luna? La emergencia de la luna creciente de los tres días de oscuridad que la preceden nos dio la imagen del mundo visible emergiendo de otro invisible, el mundo sometido al tiempo emergiendo de otro eterno. La luna alimentaba la imaginación creativa, enseñándonos a observar y hacernos preguntas, ayudándonos a establecer conexiones entre lo que se encontraba arriba en los cielos y lo que se encontraba abajo en la tierra – un tema que se extiende a la filosofía Hermética y a la Alquimia.

Por cientos de generaciones la gente observó el movimiento circumpolar de las estrellas y el curso cambiante aunque estable de la luminosa luna. Observaban la conexión entre el ritmo cíclico de las cuatro fases de la vida de la luna y el ritmo de crecimiento, maduración, muerte y regeneración en la vida de las cosechas. Experimentaban las fases de sus propias vidas – juventud, madurez, edad adulta y muerte como entretejidas en el ritmo de esa vida superior. El retorno constante de luna creciente después de los tres días de oscuridad estableció los cimientos de la confianza en la supervivencia del alma y la renovación de la vida después de la muerte aparente, y puede haber sido la inspiración original de la creencia en la reencarnación. A partir de este patrón lunar en constante comunicación con la imaginación mítica, el nacimiento y la muerte se convirtieron en un rito de pasaje para el alma que viajaba entre las dimensiones visible e invisible de la vida, un viaje simbolizado por la ruta a través de un laberinto. Los ancestros no se perdían para los vivos sino que estaban cerca de ellos, disponibles para aconsejar y guiar. No existía, por lo tanto, ninguna línea definitiva de separación entre la vida y la muerte.


El ritmo constante de la luna que crece y mengua mantenía la luz y la oscuridad relacionadas la una con la otra - las mantenía en equilibrio - porque la totalidad del ciclo lunar abarcaba a la vez las fases luminosas y oscuras, y por lo tanto incluía simbólicamente tanto la vida como la muerte. La luz y la oscuridad no estaban polarizadas como posteriormente lo estuvieron en la cultura solar, sino que eran fases del ciclo total, de manera que siempre había una imagen de un todo unificador que incluía ambas polaridades.


Por incontables milenios, los rituales chamánicos y los mitos mantuvieron vivo el sentimiento de conexión entre este mundo y otro mundo cuyo símbolo, inicialmente, puede haber sido la fase oscura de la luna. Poetas, artistas, filósofos y músicos recibían su inspiración de la dimensión invisible que Henri Corbin, el gran investigador del Sufismo, llamó mundus imaginalis (mundo imaginal), cuidadosamente trazando la diferencia entre lo imaginal y lo imaginario.(4) Las palabras habladas, la música oída, los sueños y las visiones contempladas, no venían de nuestro “interior”, sino del cosmos, de diosas y dioses, de seres daimoníacos y espíritus de animales. El papel original del filósofo era chamánico - viajar al Otromundo o Inframundo y traer de él lo que veía y oía para ayudar a la comunidad humana a armonizar su vida con la vida sagrada del cosmos.


Quizás cuentos de hadas como la Bella Durmiente sean fragmentos residuales de la olvidada experiencia participatoria en la que los bosques estaban habitados por criaturas que nos ayudaban o nos entorpecían: en la que los espíritus de árbol y montaña, corriente o fuente sagrada podían hablarnos; en la que los osos o sapos podían ser príncipes disfrazados y chamanes viviendo en lo profundo de la floresta podían ofrecernos sabio consejo, o los pájaros podían traernos mensajes y advertirnos sobre posibles peligros. “Quien niega los daimones”, escribió Plutarco en un tiempo posterior, “rompe la cadena que une a los dioses con los hombres.” Existen incontables historias que describen cómo el héroe o heroína que responde a esta guía obtiene la recompensa del tesoro y el matrimonio real.


Rituales como los de los Misterios Órficos y Eleusinos en Grecia reforzaban el sentimiento de participación en una realidad invisible y daban a los iniciados una experiencia de la inmortalidad del alma. La gente hablaba con las diosas y dioses en sueños y visiones. Los pájaros eran reconocidos como mensajeros de lo invisible, muy posiblemente porque la gente soñaba con ellos en este papel o incluso hasta los oía como una voz dentro de ellos, hablándoles. Una sensibilidad intuitiva y la habilidad de comunicarse con los espíritus de las plantas enseñaban a las personas a recoger, moler o destilar ciertas hierbas y plantas para curar enfermedades. Ritos de incubación y cura se practicaban en varios santuarios. Sueños y visiones tenían gran importancia en el diagnóstico y cura de enfermedades. La música se utilizaba para invocar la presencia de un mundo que era la base de este mundo y tan real como este; todo estaba conectado, todo era sagrado. Los curadores-chamanes que guiaban estas culturas eran entrenados para entrar en un estado de total quietud y escuchar y observar lo que oían y veían en un estado alterado de conciencia. Esta cultura lunar era principalmente femenina en su carácter - receptiva a la presencia de lo eterno.


Si prestamos atención a los griegos pre-socráticos del siglo VI AEC, vemos que guardaban el legado de esta conciencia lunar, y no pueden ser comprendidos excepto en relación con él: las palabras de Heráclito, sugiriendo que el Alma es de una profundidad insondable, mantienen la esencia de esa antigua percepción. Tales de Mileto habla del “Todo” como un ser vivo y lleno de daimones que son agentes de la sustancia-Alma. Anaxímenes dice que la humanidad y la naturaleza eran básicamente inseparables porque ambas participaban de la misma “sustancia” subyacente que él llama Alma. (5) Pitágoras, después de ser exiliado a Crotona y haber pasado cuarenta años con los sacerdotes-astrónomos de Egipto y Babilonia, define las leyes matemáticas que personifican la inteligencia divina del cosmos. Unas pocas décadas más tarde, Parménides, viviendo en Velia, en el sur de Italia, describe su viaje chamánico al Inframundo de la Diosa, quien lleva su mano izquierda en la de ella, y le dice que transmita sus enseñanzas al mundo de los mortales. (6)


Esta, por lo tanto, es la base sobre la cual se desarrolló el concepto de Alma del Mundo. Platón (429-347 AEC) fue el primero en llamarla de tal forma en su Timaeus. ¿Fue a partir de la experiencia participatoria de una edad temprana que desarrolló este concepto de Alma del Mundo – psyche tou kosmou? Él habla de una gran cadena de oro del ser que conecta el nivel más profundo de la realidad con su manifestación física, en la que cada partícula de la vida es una revelación del espíritu creativo, pero existe en su trabajo un distanciamiento entre el mundo sensorial y el mundo de las formas arquetípicas. Hay un desvanecimiento del sentimiento de participación en un mundo con alma, una disyunción entre la mente racional y la experiencia sensorial, una definición objetiva del Alma más que una experiencia de ella tan intrínseca a la era anterior. Plotino (204-[2]70 EC), quien estaba inmerso en el pensamiento platónico, desarrolló aun más el concepto de Alma Universal, que él llamó Alma-Todo o Alma del Todo (anima-mundi) pero en su filosofía, al igual que en la de Platón, se encuentra la idea de este mundo material en el nivel más bajo en la jerarquía de la emanación divina. (7) Implícita en esta inmensamente influyente definición de la realidad está la idea de que la naturaleza es “inferior” al espíritu, el cuerpo “inferior” a la mente y los animales y plantas “inferiores” a los humanos en la escala del ser.


Aristóteles (384-322 AEC) llevó más lejos esta distinción, definiendo la materia como algo inanimado - separada y diferente del espíritu y del alma - derivando eventualmente en la idea moderna de que la materia está “muerta”. Mientras Platón y Plotino tuvieron una profunda influencia en el desarrollo de la doctrina cristiana, la principal enseñanza de la filosofía Occidental y la ciencia siguió a Aristóteles. Su filosofía traza una clara línea demarcatoria entre el antiguo modo de conocer y un nuevo modo cuyo énfasis está puesto en el distanciamiento de la mente humana de aquello que observa más que en la participación en su vida. La creciente separación entre estos dos modos de conocer influyó a partir de entonces el desarrollo de la filosofía, la religión y la ciencia de Occidente. Sin embargo, el sentimiento de existir dentro de un cosmos con alma duró hasta el fin de la Edad Media, cuando la Escuela de Chartres, influenciada por los brillantes eruditos Islámicos y los arquitectos de la España Mora, iniciaron la construcción de las grandes catedrales de Francia. Encontró nuevas expresiones en la Florencia del siglo XV cuando Marsilio Ficino tradujo a Platón y recuperó los textos de la tradición Hermética tal como sobrevivieron en la Kabbalah y en la Alquimia. Sin embargo, la anterior visión se desvaneció rápidamente con la Reforma y la revolución científica que le siguió. Lo que se perdió fue una forma de conocer imaginal o visionaria, basada en una experiencia chamánica. No obstante, a fines del siglo XVIII, el poeta y artista Blake escribiría “Todo lo que Vive es Sagrado.”


Habiendo descrito una cultura lunar en la que la gente vivía dentro de un cosmos sagrado, podríamos preguntarnos qué influencias culturales más amplias llevaron a la desaparición del Alma del Mundo ¿Por qué escribió D.H. Lawrence, desesperadamente, “Hemos perdido el cosmos”? (8) Para responder a esa pregunta debemos mirar hacia atrás unos 4000 años. Desde alrededor del 2000 AEC, empezamos a ver desarrollarse una nueva fase en la evolución de la conciencia humana – una fase cuyo foco se encuentra en el sol y no en la luna. Con el desplegarse de este proceso, la mitología solar comienza a desplazar a la mitología lunar: el tiempo linear comienza a reemplazar al tiempo cíclico lunar, y una forma linear, literal y objetiva de pensar lentamente reemplaza a la anterior forma de conocer imaginal y participatoria. Coincidentemente, la psiquis humana se aleja de la naturaleza y, al hacerlo, la imagen predominante del espíritu cambia de la Gran Madre al Gran Padre. Cuanto más grande es el distanciamiento de la naturaleza, más trascendente y separada de la naturaleza se vuelve la imagen de la deidad: la inmanencia divina se pierde. La mente se enfoca más allá de la naturaleza, en el reino de las ideas intelectuales: la filosofía se convierte en una discusión de estas ideas más que en una relación con una realidad invisible.


Una segunda influencia de gran importancia fue el impacto del alfabetismo en nuestra manera de pensar. La palabra escrita reemplazó a la tradición oral que había transmitido la sabiduría y forma de ver el mundo de la cultura anterior. David Abram ha demostrado en su libro, The Spell of the Sensuous, cómo el nuevo énfasis en la palabra escrita contribuyó a la pérdida de la antigua conciencia participatoria: “Sólo a medida que el texto escrito comenzó a hablar las voces del bosque, y del río, comenzaron a desaparecer. Y sólo entonces se debilitó la antigua asociación del lenguaje con el aliento invisible, se separó el espíritu de la mente, se disoció la psiquis del aire a su alrededor.” (9)


Tal vez porque el alfabetismo nos distanció de nuestra naturaleza, la creencia en la tradición Judeo-cristiana es que la creación surgió de la palabra del Padre trascendente, y no del vientre de la Madre. Esta es una distinción crucialmente importante porque la unidad de la vida se rompe: el espíritu invisible ya no anima y habita la naturaleza. La tierra es desacralizada. Las creencias religiosas reemplazan a la experiencia chamánica. Las antiguas formas de conexión son prohibidas. Con este cambio en la imaginería arquetípica, todo lo que antes estaba asociado con el arquetipo femenino (la Gran Madre) es degradado en relación con el masculino (el Gran Padre). La forma lunar de conocer es subyugada por la forma solar y, bajo la influencia de la mitología solar, primero la naturaleza, luego el cosmos, son finalmente des-almados.


Al convertirse el sol en el nuevo foco de la conciencia, el héroe cultural ya no es el chamán lunar que se aventura hacia la oscuridad, asimila sus misterios y regresa de ella con el tesoro de la sabiduría, sino el héroe solar, a menudo un rey, guerrero o individuo distinguido, que es celebrado como aquel que conquista y vence a la oscuridad. El énfasis está puesto ahora en el ascenso a la luz y en el repudio de todo aquello asociado con la oscuridad. La mitología de la Edad de Hierro (desde aprox. el 2000 AEC) celebra un gran enfrentamiento entre un héroe-dios y un dragón o monstruo del inframundo (ver la Épica de Gilgamesh y el mito griego de Apolo asesinando a la dragona en Delphi). El énfasis ya no está puesto en la relación con el mundo invisible sino en la victoria de la luz sobre la oscuridad. El tema de la conquista y la victoria se convierte en el ethos dominante de los mitos heroicos de la Edad de Hierro, y todavía lo es en nuestro moderno mito heroico y en la batalla contra “el eje del mal”. En esta fase solar, el bien y el mal, la luz y la oscuridad, la vida y la muerte se establecen como opuestos hostiles el uno al otro y se polarizan cada vez más. Las palabras de George W. Bush “Aquellos que no están con nosotros están en nuestra contra” son una reafirmación moderna de la mitología solar.


Durante casi 4000 años, bajo la influencia de esta mitología, la guerra y la conquista fueron glorificadas como la actividad más noble para el hombre; la victoria y los botines de guerra los ansiados tesoros a ser conquistados en la batalla, el coraje en la batalla la virtud suprema en un guerrero. Donde sea que hoy en día encontremos la tendencia a la omnipotencia y grandiosas ambiciones de imperialismo y dominación mundial, ya sea religiosa o secular, podemos distinguir la influencia de la mitología solar y la inflación de líderes que inconscientemente se identifican con el rol arquetípico del dios o héroe solar.
La mitología solar refleja un cambio inmenso en la conciencia humana, la formulación de una percepción completamente nueva de la vida, en la cual, a medida que avanza la tecnología, la naturaleza se convierte en algo a ser controlado y manipulado por el ingenio humano, para el beneficio humano. Tuvo una influencia dramática en las culturas Griega, Hebrea, Persa y Cristiana. La imaginería de oposición y conflicto entre luz y oscuridad, bien y mal, inundan el Viejo Testamento y otras mitologías. Al mudarse la gente a las ciudades y al convertirse las ciudades en estados, y a medida que más y más hombres son conscriptos en ejércitos que obedecen a un líder guerrero, la batalla cósmica se proyecta cada vez más sobre el mundo: una fascinación por la conquista y la dominación se posesiona de la psiquis y lleva a la creación de grandes imperios (Asirio, Persa, Griego, Romano). Es como si el ego heroico humano, identificado con el héroe solar, tuviera que buscar nuevos territorios para conquistar, que personificar el mito en una forma literal. La terminología de conquista y dominación todavía influencia nuestra cultura moderna con su enfoque en la conquista de la naturaleza, del espacio, de nuestros enemigos. Es como si hubiésemos sido condicionados por esta poderosa mitología para pensar sólo en términos opuestos – victoria o derrota – nunca en términos de diálogo y reconciliación.

La mitología solar es, por sobre todo, la historia del individuo heroico. En Occidente, ha sido la inspiración motora detrás de la búsqueda prometeica de libertad, justicia, conocimiento y poder. Un importante tópico del mito solar es el escape de las ataduras del cuerpo y el ascenso hacia la luz, por asociación, la liberación de las ataduras de la mortalidad y el ascenso a la iluminación espiritual. En Occidente, lo encontramos primero en Platón en su metáfora de la cueva. Transmite el ansia humana de ir más allá de las ataduras y limitaciones, de llegar más alto, de progresar e ir más lejos, de descubrir más. Es abrumadoramente masculino porque la psiquis masculina ha sido la influencia dominante en muchas culturas por casi 4000 años y son los logros y descubrimientos de hombres excepcionales los que han inspirado a otros hombres. Un fuerte sentimiento de individualismo y un ego enfocado, que acabaron siendo identificados con la mente consciente y racional, pueden reconocerse como el logro supremo de la psiquis masculina durante esta era solar. Pero la voz de las mujeres a quienes se les negó la educación, el sacerdocio y la profesión curativa fue silenciada.


La influencia de la mitología solar gradualmente creó una fisura entre el espíritu y la naturaleza, la mente y el cuerpo, que ha definido nuestra forma de pensar e influenciado la manera en que nos comportamos. Durante esta fase solar, la psiquis masculina inconscientemente se identificó con la supremacía del espíritu y la mente frente a la naturaleza, la mujer y el cuerpo, y llegó a relacionar los primeros con la imagen de la luz y el orden y los segundos con la imagen de la oscuridad y el caos. La mujer fue llamada una creación inferior.(10) Las religiones de la era solar llevan esta polarización en sus enseñanzas, donde sea que éstas se asocian con la subyugación ascética del cuerpo, la desconfianza de la sexualidad y la opresión y persecución de las mujeres. Debido a que la naturaleza y el instinto se convirtieron en algo peligroso y amenazador para la supremacía de la mente racional, se dedicó un gran esfuerzo a erradicar todos los vestigios de la adoración a la diosa, y del animismo o creencia en “espíritus”. Más hacia el este, en China, el Confucianismo reemplazó a la anterior visión Taoísta de una naturaleza consciente y poseedora de alma. Las sagas de la India, con ciertas excepciones, se alejaron del cuerpo y la experiencia sensorial y sostuvieron que el mundo fenomenal era una ilusión.


Todo esto tuvo el efecto de desconectarnos de la naturaleza y negarnos el acceso a esa dimensión misteriosa y totalmente abarcadora del Alma a través de la imaginación mítica. A medida que el ego y la mente racional se fortalecían y se volvían más poderosamente controladores, fuimos perdiendo cada vez más la habilidad de relacionarnos instintiva e imaginativamente con la tierra y el cosmos. El mito Judeo-cristiano de la Caída describe este proceso de alejamiento y pérdida y, en la historia de la Expulsión del Jardín, revela una inversión total de la manera de conocer que había guiado a las culturas anteriores. (11)


La forma chamánica de conocer sobrevivió en la Kabbalah y en el Sufismo, al igual que en determinadas sectas gnósticas, en la Tradición Hermética y en la Alquimia, pero por siglos estas tradiciones tuvieron que permanecer ocultas por temor a la persecución. En el Evangelio Gnóstico de Tomás (aprox. 70 EC), la antigua visión chamánica se refleja en las palabras de Jesús: “Parte un trozo de madera, Yo estoy ahí; levanta la piedra y Me encontrarás allí.” (logion 77)


Con la visión psicológica que se ha puesto a nuestra disposición en los últimos cien años, particularmente a través de la psicología de la profundidad de C.G. Jung, podemos entender que esta fase solar de nuestra evolución refleja una disociación radical dentro de la psiquis humana entre la fuerza creciente del ego (el héroe) y el antiguo y ampliamente temido poder del instinto (el dragón). (12) A medida que esta disociación gana impulso, el sentimiento de contención dentro de una entidad cósmica y el sentimiento de relación con una dimensión invisible de la realidad se desvanecen, y con ellos, la conciencia participatoria de un tiempo anterior. El legado del énfasis platónico y aristotélico en la razón y la mente racional, junto con el énfasis solar en el ascenso del espíritu hacia la luz y la profunda sospecha de la sexualidad y de la experiencia sensual, apresuraron la desaparición de la forma de conocer lunar.


El peligro de esta fase solar es que la mente humana, separándose de su campo instintivo, y de su relación con la naturaleza y el cosmos, comienza a asimilar a sí misma un poder divino, viéndose involucrada en una gran lucha para ganar el control de la naturaleza. El logro sin precio de la era solar y de su cultura masculina fue el surgimiento de un fuerte ego de la matriz del instinto y la creación de la mente consciente y racional. Pero, trágicamente, esto se ganó a expensas de reprimir y negar todo aquello que se percibía como amenazante. El conflicto interno entre los dos aspectos de la psiquis se proyectó en el mundo como la voluntad de obtener poder o control sobre otros, ya sea en el campo religioso o político.


La influencia de la mitología solar fue dividir la vida en dos mitades: espíritu y naturaleza, luz y oscuridad, bien y mal, mente y cuerpo, sujeto y objeto. Estas oposiciones se fijaron en nuestra conciencia como un sistema de creencias. El mito solar está dentro de todas las ideologías que luchan por alcanzar la luz y dividir la oscuridad. Fue introducido no sólo en los textos sagrados del Judaísmo, del Cristianismo y del Islam, sino también en nuestro comportamiento ante las razas “oscuras”, llamadas “primitivas”, o todo aquel que sea diferente de nosotros. Con el paso del tiempo las religiones se vistieron con el manto de la mitología solar en una lucha por la supremacía, y están trágicamente involucradas en ella hasta hoy en día: la escisión entre católicos y protestantes en la cristiandad y entre Shia y Sunni en el Islam puede rastrearse hasta la influencia polarizante de esta mitología. Finalmente, se refleja en las ideologías seculares totalitarias que arrasaron el siglo pasado porque separaron la raza heroica o el grupo social “elegido” de aquellos que demonizaron como inferiores y dispensables. Estas ideologías justificaron la eliminación de enemigos raciales o de clases al igual que el Cristianismo y el Islam habían justificado la eliminación de los heréticos y apóstatas. (Giordano Bruno fue quemado en la hoguera en 1600 por no aceptar negar que Dios estaba presente en la naturaleza).


A partir de este largo proceso histórico, es posible ver que el sistema de creencias del reduccionismo científico que tan poderosamente ha influenciado la cultura secular moderna puede entenderse como el resultado final de la larga disociación entre el espíritu y la naturaleza, la mente y la materia, pero, sobre todo, la separación dentro de nosotros entre pensar y sentir, mente racional y alma instintiva – los aspectos consciente e inconsciente de la naturaleza. Ha concluido que el universo nos es indiferente, que somos los productos de fuerzas impersonales que operan en la materia inanimada: los átomos no son elementos vivientes de la divinidad sino partículas sin vida, flotando al azar en un universo inanimado. Somos el resultado de condicionamientos genéticos, sociales y ambientales. La conciencia es un epi-fenómeno del cerebro físico: no existe cosa tal como el “alma”; cuando morimos, ese es nuestro fin.


Este sistema de creencias refleja una situación en la cual nos hemos separado tanto de la naturaleza que creemos que tenemos derecho a explotarla para nuestra propia ventaja material – incluso el derecho de controlar el espacio para protegernos a nosotros mismos de cualquier ataque de nuestros enemigos. Aunque profesemos una creencia en Dios, nada es sagrado excepto nuestra propia supervivencia o la supervivencia de nuestro grupo.


Para resumir: durante los cuatro milenios en que la mitología solar se convirtió en la influencia dominante en la cultura mundial, hemos alcanzado un avance extraordinario en habilidades científicas y tecnológicas y en la aplicación de éstas a mejorar las condiciones de la vida humana en este planeta, y una expansión fenomenal de la habilidad de expresarnos como individuos en una miríada de campos diferentes. Pero al mismo tiempo, hemos sufrido una pérdida catastrófica del alma, una pérdida de la antigua conciencia instintiva del entrelazamiento sagrado de todos los aspectos de la vida, una pérdida del sentido de participación en la vida de la naturaleza y de la dimensión invisible del cosmos, una pérdida del instinto y de la imaginación.

Así llegamos al presente, en el cual, en una cultura secular, la mente racional se ha establecido como el valor supremo, soberana de todo lo que observa, sin reconocer ningún poder, ninguna conciencia más allá de ella misma. Ha perdido la conexión con el alma, no sólo el alma en el sentido individual sino el Alma como matriz cósmica o campo en cuya vida participamos. En su postura hubrística, la mente racional se ha desconectado del campo instintivo más profundo a partir del cual ha evolucionado, el cual, en última instancia, es la vida del cosmos. Separada de sus raíces, se yergue como un tirano por sobre y en contra de la naturaleza, por sobre y en contra de la tierra, por sobre y en contra de todo aquello que define como amenazador para su supremacía. Esto deja al corazón humano solo y asustado y al territorio abandonado del alma como una tierra yerma. La furia y desesperación de las necesidades interiores negadas nos enfrentan en el mundo como los enemigos que buscan destruirnos y que nosotros buscamos destruir. Nos debatimos para contener los efectos de un modo de pensar disfuncional – creyendo que siempre un poder y un control mayores nos permitirán erradicar los males a los cuales damos vida.


Sin embargo, bajo la superficie de nuestra cultura, el antiguo concepto de Alma está regresando. El reto de los inmensos problemas a los que se enfrenta la humanidad nos urge a cambiar nuestra actual comprensión de la realidad y tirar por la borda el paradigma mecanístico que hemos heredado de las creencias seculares que controlan el ethos de nuestra cultura. Un profundo instinto humano está intentando restablecer el equilibrio y el todo en nosotros, articulando los valores arraigados en una forma diferente de conocer: el movimiento ecológico está devolviendo la sacralidad a la tierra; la compasión está creciendo hacia aquellos que sufren pobreza, enfermedades y los efectos obscenos de la guerra; métodos chamánicos de curación están siendo recuperados; una nueva imagen de la realidad está luchando por nacer. Estamos empezando a comprender que estamos envenenando la tierra, los mares y nuestro propio sistema inmunológico con químicos tóxicos y pesticidas, y provocando nuestra destrucción como especie con nuestro comportamiento depredatorio. Muchos individuos está despertando a la conciencia de que nosotros y el mundo fenomenal al que llamamos naturaleza estamos entrelazados en un tapiz cósmico cuyos hilos nos conectan no sólo el uno con el otro en el nivel más profundo sino también con varias dimensiones de la realidad y multitudes de seres que habitan esas dimensiones. Más allá de los límites presentes de nuestra vista un inmenso campo de conciencia interactúa con el nuestro, pidiendo ser reconocido por nosotros, aceptado por nosotros. Lo que está emergiendo en los nuevos descubrimientos de la ciencia es una gran teoría no identificada de quantum, cosmos, vida y conciencia en la que la física se reencuentra con la metafísica. (13) Al cobrar fuerza este profundo impulso del alma, el “matrimonio” de los valores lunares emergentes con los actuales valores solares dominantes está cambiando nuestra percepción de la realidad. Si podemos recuperar el antiguo modo de conocer en un contexto moderno, sin perder la impagable adquisición de un ego fuerte y enfocado, podríamos curar la fisura en nuestra psiquis. En palabras de D.H. Lawrence, “La gran cantidad de respuestas que han muerto en nosotros deben volver a la vida. Nos ha tomado dos mil años matarlas. Quién sabe cuánto nos tomará devolverlas a la vida”(14)



©Anne Baring 2005



1. David Abram, The Spell of the Sensuous, p. 250, Vintage Books, New York 1996
2. en busca de poemas a Hathor y Nut ver Andrew Harvey y Anne Baring, The Divine Feminine, Conari Press 1996
3. Ver Jules Cashford, The Moon: Myth and Image, Cassell Illustrated, London 2003
4. la frase utilizada por Henri Corbin en sus escritos sobre Ibn Arabi y Suhrawardi.
5. Gertrude Levy, The Gate of Horn, pp. 301-3, Faber & Faber, London 1958
6. Peter Kingsley, In the Dark Places of Wisdom; ver también su Reality, Golden Sufi Press, California
7. Plotinus, The Enneads, transl. Stephen MacKenna, Faber and Faber, London, 1956 and 1969
8. D.H. Lawrence, Apocalypse and Other Writings, Cambridge University Press, 1931, p. 78
9. David Abram, The Spell of the Sensuous, p. 254
10. este concepto se encuentra en el Timaeus de Platón al igual que en el Libro del Génesis.
11. Ver Anne Baring y Jules Cashford, The Myth of the Goddess: Evolution of an Image, Viking1991 and Penguin Books, London and New York, 1993 (chapter 13: Eve, The Mother of All Living)
12. C.G. Jung, The Undiscovered Self (Collected Works Vol.10) y Man and His Symbols, Aldus Books, London, 1964
13. ver Science and the Reenchantment of the Cosmos por Ervin Laszlo, Inner Traditions, Vermont, 2006 y Richard Tarnas, Cosmos and Psyche, Viking, New York, 2006
14. Apocalypse, p. 78

LA SIMBOLICA HERMETICO-ALQUIMICA JULIO PERADEJORDI


LA SIMBOLICA HERMETICO-ALQUIMICA JULIO PERADEJORDI
Dos de las preocupaciones mayores que han obsesionado al hombre desde que el mundo es mundo, son la de la inteligencia y la de la riqueza. Dicho de otro modo, por una suerte de derivación del instinto de autoconservación, ha deseado entender cuál era su papel en esta vida y ha querido poseer, controlar, dominar su entorno. Al menos este es el punto de vista, el ángulo bajo el cual se ha querido explicar casi siempre la génesis de la Alquimia.
Sin embargo, existe otro punto de vista, menos exterior, menos científico, pero acaso más poético; y como la Alquimia es, al menos para nosotros, el Gran Arte de los Poetas, recurriremos a este punto de vista a la hora de efectuar el análisis de algunos de los símbolos que nos proponemos abordar. Se trata ni más ni menos que del mito bíblico de la Caída que, sin embargo, no podemos disociar de su contrapartida gloriosa: la Redención. Dicho con otro lenguaje, es la destrucción del Templo y su reconstrucción. A propósito de ello podemos leer (Mt. XXVI-61): "Puedo destruir este Templo y reconstruirlo en tres días". Tres días que aluden sin duda a los tres grandes pasos de la obra, simbolizados por los tres colores negro, blanco y rojo. Más adelante volveremos a tocar el simbolismo del tres, tan importante en la ciencia hermética.

La inteligencia de la relación, misteriosa y secreta, entre las cosas del Cielo y las de la Tierra, entre las estaciones, las estrellas, la luna y los planetas y los múltiples aspectos de su propia vida, por una parte, y el deseo de obtener poder -leamos 'oro'- rápida y fácilmente, por otra, pueden ciertamente hallarse en la base de lo que se ha llamado `alquimia', y sin duda así fue y es con muchos presuntos alquimistas.

Decimos 'presuntos' exprofeso porque tras el estudio de los textos, cuando se ha podido profundizar un mínimo en el tema, cuando se ha llegado a una cierta familiaridad con sus teorías y símbolos, cuando "suavemente y con gran industria" has ido impregnándote de su lenguaje y de su esencia, acaba por resultar evidente que la Alquimia no tiene nada o casi nada que ver con todo eso.

"El oro es la inmortalidad" afirma un famoso aforismo de los Brâhmana1 y tanto para los hindúes como para nuestros alquimistas medievales, el oro es algo así como la `luz mineral' o la 'luz coagulada'.

Si recordamos que para los antiguos egipcios la carne de los inmortales, de los dioses e incluso del faraón era de oro, acaso nos planteemos la, al menos, posibilidad de que quizás el oro que buscaban los alquimistas no era al fin de cuentas el metal que conocemos por este nombre.2

Existe, tanto para el mago como para el alquimista una relación evidente entre la luz y el oro, entre el astro-rey y el preciado metal. Están en la misma 'signatura'3. Para designar la luz solar, Píndaro hablaba del 'poder dorado del sol'4 y muchos de los poetas de la antigüedad expresan lo mismo con imágenes parecidas.

Los egipcios, en quienes según los mismos alquimistas hay que ver a los precursores de la ciencia hermética, opinaban que hay en los rayos solares un fluido vivifico, dador de la inmortalidad. Serán sin embargo los alquimistas medievales quienes declararán más abiertamente que dicho fluido debe ser captado y su estado volátil fijado o 'coagulado' para poder ser aprovechado. Como podremos apreciar a continuación, todos o casi todos los símbolos fundamentales de la Ciencia Hermética aludirán a esta misteriosa fijación.


Alquimistas trabajando en la Obra
Philip Ulstadt, De Secretis Naturae 1544.

Y volviendo al tema del oro, señalemos que para los alquimistas había oro y oro. No sin razón Juan Bautista Beckeri, que no hay que confundir con Daniel Beckeri, autor de una farmacopea espagírica, escribía en su Physica Subterranea (1669):
"Los falsos alquimistas sólo buscan hacer oro; los verdaderos filósofos sólo desean la ciencia; los primeros sólo hacen tinturas, sofisticaciones, ineptitudes y los otros inquieren sobre el principio de las cosas".
En su Novum Lumen Chymicum,5 el Cosmopolita señalaba que la inmortalidad del hombre ha sido la causa principal por la cual los Filósofos han buscado esta Piedra".
Partiendo, pues, de la hipótesis de que exista o haya existido la Piedra Filosofal, su principal aplicación era la de obtener el Elixir capaz de proporcionar a quien lo ingiere en las condiciones adecuadas la inmortalidad. Y esta inmortalidad dorada es la misma de la que nos hablaban los Brâhmana o los antiguos egipcios.

Y antes de entrar en el tema, recordemos que esa inmortalidad no debe ser vista como una prolongación indefinida de nuestro estado caído, con sus achaques, enfermedades y debilidades. La inmortalidad propugnada por los alquimistas es la restitución del estado divino del hombre, aquél que poseía antes de la Caída, su resurrección en el dorado mundo de luz, el Olam Habá de la cábala, que nuestros sabios autores del Siglo de Oro tradujeron por `mundo porvenir' o 'mundo venidero'.

De él, veremos, nos habla sutilmente la simbólica hermético-alquímica por lo que constituye, en el sentido más genuino de la palabra, la tradición de Occidente.

Designamos por 'simbólica hermético-alquímica' tanto el conjunto de símbolos derivados del Corpus Hermeticum atribuido al dios egipcio Toth que más tarde los griegos identificarían con su Hermes y los romanos con su Mercurio, como a los que nos han legado los alquimistas operativos o especulativos, de la Edad Media y del Renacimiento.

Según es tradición, Hermes Trismegisto era 'tres veces grande', escriba de los dioses y divinidad de la Sabiduría. Ello ha sido interpretado de muy diversas maneras. No es el momento ahora de detenemos excesivamente en este punto; señalemos únicamente la presencia del número tres, una verdadera constante en todo el simbolismo alquímico. Símbolo de la unión del Cielo y de la Tierra, de la trascendencia de la dualidad representada por el dos o por la oposición uno y dos,6 el tres se reencuentra en los tres colores básicos de la obra: el negro, el blanco y el rojo.

Si el rojo es, en cierto modo símbolo de lo dorado o de la luz, corresponde a la Encarnación gloriosa o al Cuerpo de resurrección; el blanco alude a la Albedo, purificación necesaria de la materia de la Gran Obra, simbolizada ésta por el negro. Por otra parte, y por ello decíamos que la simbólica hermético-alquímica podía constituir, en el sentido mas genuino de la palabra, la tradición de Occidente, el negro simboliza precisamente a ese Occidente del que ha de nacer el nuevo Oriente. Las tinieblas de las que nacerá la luz.

Mercurio es el escriba de los dioses y el mensajero entre el Cielo y la Tierra, lo cual le otorga su carácter trascendente. Divinidad de la Sabiduría lo es porque se ocupa de escribirla, y, sobre todo, porque la Sabiduría no es sino la unión del Cielo y de la Tierra.


Caduceo de Mercurio
(arte romano)

Al ir penetrando las creencias egipcias en el marco de la cultura griega, a través de varios autores entre los cuales cabe destacar a Plutarco de Queronea (su tratado Sobre Isis y Osiris ejerció una gran influencia sobre los alquimistas medievales), se atribuyó a Hermes-Toth toda una literatura escrita en griego, más o menos inspirada en las enseñanzas astrológico-mágicas egipcias.
Otras enseñanzas ocultas, particularmente las referidas a las virtudes secretas de las piedras y de las plantas o las relativas a la regeneración del hombre se hallan también en este Corpus Hermeticum. Su difusión en la antigüedad, la Edad Media y el Renacimiento fue enorme y no dudamos en afirmar que a partir del Corpus Hermeticum y de la famosa Tabula Smaragdina o Tabla de Esmeralda, se desarrolló casi toda la simbología hermética y alquímica cuyos elementos principales nos proponemos exponer.

Algunos autores modernos7 señalan que, al hablar de tradición hermética no se trata "sólo de las doctrinas incluidas en los textos alejandrinos del Corpus Hermeticum". Y, ciertamente, en la formación de este simbolismo han contribuido otros elementos, en mayor o menor medida, procedentes del cristianismo, las sectas cristianas primitivas, la cábala hebraica y no pocos autores islámicos. Tendremos también, de pasada, que referimos a ellos.

Resulta cuando menos curioso que toda esta literatura, sumamente extensa, acabara cristalizando en lo que se ha llamado la tradición alquímica. Esto le otorga, querámoslo o no, una importancia que, al menos para nosotros, occidentales, la hace digna de que profundicemos en ella, intentando liberarnos de los prejuicios típicos que señalamos al principio de este trabajo.

No pocos han sido, ciertamente, los historiadores que han querido ver en la Alquimia una suerte de química en estado infantil y subdesarrollado, y en su simbolismo un lenguaje críptico o secreto, reservado a Iniciados', deliberadamente oscuro u oscurecido por temor al profano, siempre ansioso de 'robar sus secretos'.

Los trabajos de Evola, Faivre, Tristan, Van Lennep o Jung, por citar sólo a unos pocos autores modernos y conocidos, bastarían para disipar este error o, al menos para poner un poco las cosas en su lugar, si no lo hubieran hecho ya los mismos alquimistas.

Aunque la mayor parte de ellos hayan recurrido a un lenguaje manifiestamente químico, son ellos mismos quienes nos avisan de que nunca debemos tomar sus palabras "al pie de la letra":

"Es sabido, escribe uno de ellos, que nuestro arte es un arte cabalístico, es decir que sólo puede ser revelado oralmente y que rebosa misterios... el que trate de explicar lo que han escrito los filósofos mediante el sentido ordinario y literal de las palabras, se encontrará encerrado en los meandros de un laberinto del que nunca podrá salir"8.
Otro excelente autor ya citado, el Cosmopolita9 escribía que:
"Los buenos autores, al principio de sus libros, ocultan esta ciencia".
Hay pues, debemos admitirlo, un intento deliberado de evitar que el no-iniciado, el profano, penetre en el palacio Cerrado del Rey, pero sin duda esta ocultación se debe a razones distintas de las que se le achacan. Se basa más en el respeto que en la envidia, más en el amor del símbolo, del misterio, del objeto de la búsqueda del alquimista, que en las ganas infantiles de ocultar sus hallazgos. Si los alquimistas no hubieran querido que nadie accediera a sus conocimientos no se hubieran escrito los casi cien mil libros que tratan de este Arte.
Por otra parte, si en muchas ocasiones los textos nos parecen oscuros y complicados es porque a menudo no tenemos el bagaje intelectual y simbólico necesario para acercamos a ellos porque carecemos también de la luz interior imprescindible para iluminarlos y porque nos falta la simplicidad de espíritu que permite que su luz penetre en nosotros.

Una exposición racional de los símbolos, el estudio por métodos 'universitarios', puede resultar asaz estéril si éstos no logran que nos involucremos. Los símbolos utilizados por los antiguos alquimistas son algo así como variaciones sobre un mismo tema. Pertenecen a lo que Guénon llamaba "símbolos fundamentales de la Ciencia Sagrada", una ciencia distinta de la que se imparte en nuestras aulas.

El Caduceo, por ejemplo, que es el atributo hermético por excelencia, la vara de Hermes entrelazada con dos serpientes, nos evoca al mismo tiempo un simbolismo tan arquetípico como es el de la vara (recordemos la vara de Moisés -Ex. XVII, 5 y 6-, el bordón del peregrino de Santiago, o si queremos, los bastos de la baraja española), Y el del número tres (las dos serpientes y la vara), que como vimos se aplicaba a Hermes-Mercurio, el tres veces grande, y vuelve a aludir a la Gran Obra.

Una de las múltiples explicaciones que se han dado del símbolo del Caduceo es la que afirma que Mercurio hizo que se enroscaran en él dos serpientes que luchaban entre ellas. Se trata de nuevo de los dos principios, del Cielo y de la Tierra, de lo fijo y de lo volátil, y la vara no hace sino disolver lo fijo y fijar lo volátil uniéndolos.

Caduceus, de kerykeion, procede del verbo kerykeio, publicar, anunciar. Por otra parte, en astrología, Mercurio es el regente del signo de Géminis, el tercer signo zodiacal compuesto por dos hermanos gemelos (vemos de nuevo aquí al dos y al tres), signo al que pertenecen la palabra hablada y escrita, las publicaciones, etc...

Para los alquimistas el papel anunciador del Caduceo se debe a su asociación con la Estrella, otro de los símbolos mas importantes de su acervo. La Estrella resulta de la conjunción de los triángulos del Agua y del Fuego (otro modo de hablar del cielo y de la Tierra o del Arriba y del Abajo), que muchos autores relacionan con la Estrella de los Reyes Magos,10 que les anunció y condujo hasta el nacimiento de Cristo, símbolo para ellos de la Piedra, el Lapis Philosophorum.11

También se ha relacionado al Caduceo con el Gallo, que nos anuncia el día, animal que los galos consagraban precisamente a Mercurio.

Si recordamos que en la antigüedad esta ave se inmolaba a Príapo y a Esculapio para obtener la curación de los enfermos, práctica que aún en nuestros días se realiza en ciertos ritos brasileños y haitianos, no nos extrañará que el caduceo sea el símbolo de médicos y farmacéuticos en varios países europeos.

Las correspondencias simbólicas entre el Caduceo y las tres columnas del árbol cabalístico ya han sido señaladas por diversos autores. Las columnas de Rigor y Misericordia corresponden a las dos serpientes. Son lo que se conoce en los Midrashim como "la buena inclinación" y la "mala inclinación" o si lo preferimos, "las buenas costumbres" y "las malas costumbres" de la simbólica franc-masónica, que no es en modo alguno opuesta a la alquímica.

La Columna central, llamada "de justicia" corresponde exactamente a la vara del Caduceo, que es la de la Libertad, una vez trascendidas las 'buenas' y las 'malas' inclinaciones. Es la vara que separa y que une (solve et coagula).

Otro de los atributos de Mercurio, no menos rico en contenido, es la lira. Para Cirlot,12 es un "símbolo de la unión armoniosa de las fuerzas cósmicas". Por otra parte, como símbolo de los poetas, la lira nos indica que el arte hermético es un arte poético y divino, de poeio, "yo hago".

Basándose en relatos mitológicos, el célebre antropólogo Jean Servier13 considera la lira como "un altar simbólico que une el Cielo y la Tierra". La música, como la Palabra es el fruto de esta unión, de esta fecundación cósmica. No olvidemos tampoco la relación entre la voz (o la palabra) y el gallo. ¿No se llama gallo a un sonido desentonado?


Caduceo de Mercurio con dos serpientes
enroscadas enfrentándose y un ave en su cúspide.
Marca de Johann Froben, Basilea 1515.

El aspecto celeste de la lira lo podemos ver en sus siete cuerdas, que corresponden a los siete planetas o a los siete pasos de la Gran Obra o, en el caso de la lira de Timoteo de Mileto, de doce cuerdas, a los doce signos zodiacales o a las doce operaciones de la Gran Obra. El aspecto terrestre y receptivo hemos de verlo en su forma.
El nacimiento de Mercurio tuvo lugar en una montaña porque, escribe Dom Pernety:14 "El mercurio filosófico nace siempre en las alturas". Después de nacer, Mercurio fue lavado con el agua recogida en tres fuentes (de nuevo el número tres) porque, afirma Pernety, "el Mercurio filosófico debe ser purgado y lavado tres veces en su propia agua" por lo que Miguel Maier escribe:15

"Mira a esa mujer cómo lava la ropa... Imítala, su arte no te traicionará".
Las dos serpientes que antes hemos asociado al Cielo y a la Tierra son, para Pernety, Macho y Hembra y representan las dos sustancias mercuriales de la Obra, una fija y otra volátil, la primera de ellas cálida y seca y la segunda fría y húmeda, que los filósofos llaman serpientes, dragones, hermano y hermana, esposo y esposa, agente y paciente". Se trata de la sustancia fija y de la volátil que, escribe Pernety "tienen cualidades aparentemente contrarias, pero la vara de oro regalada a Mercurio por Apolo pone de acuerdo a estas serpientes".
Que Mercurio naciera en una montaña ha sido objeto de diversas interpretaciones. Para algunos alquimistas la montaña es un símbolo del horno o del atanor. Para otros, las montañas corresponden a los metales, y finalmente, para los cabalistas, la montaña es un símbolo del propio adepto. Pero si volvemos a lo que decíamos al principio, si asociamos el caduceo de Mercurio con la estrella de los Magos, fruto de la unión del Cielo y de la Tierra, veremos que se trata de lo mismo. En la Montaña tienen lugar las teofanías porque es el lugar donde el Cielo se une a la Tierra. Por otra parte, podemos ver en el simbolismo de la montaña y la cueva (otro modo de decir 'El pesebre') a los dos triángulos unidos situándose el de Agua o la cueva (que corresponde también al corazón) en el centro de la montaña.

Ahondando en el apasionante simbolismo hermético de la Estrella de los Magos, llamada también Sello de Salomón o Estrella de David, veremos que si desde fuera nos presenta sus seis puntas (símbolo del hombre exterior, creado el sexto día según la tradición cabalística y cuyas puntas deben ser 'limadas' o 'pulidas'16), en su interior se encuentra el hexágono, símbolo de la abeja, en hebreo Dbrah, que, según la cábala alude a Dabar (la Palabra). Es la Palabra Abandonada o Perdida, el Verbum Dimissum, aquel Verbo del cual el Evangelio de San Juan (I-14) afirma que se hizo carne y habita entre los hombres.



Por otra parte, los dos triángulos, que corresponden como hemos visto a lo fijo y a lo volátil, al azufre y al mercurio filosóficos, al unirse, realizan la unión integral de los cuatro elementos.


El símbolo principal del Arte hermético lo constituye, como hemos ido viendo, esta unión en la que tras la disolución de lo fijo tiene lugar la fijación de lo volátil. Son las Bodas Químicas,17 el matrimonio del Rey y de la Reina. Trasponiendo este simbolismo a otro plano, es nuestra unión iniciática con el ángel, con nuestra contraparte celeste que ha de disolver nuestra mugre y coagular y exaltar cuanto de divino hay en nosotros; es el Despertar de la Palabra Perdida, o enmudecida o, dicho de otro modo, de la Bella Durmiente del Bosque, del mismo Bosque del cual nos habla Dante al principio de su Divina Comedia que constituye el principio de la Obra de la Regeneración.





NOTAS
1 Ver Dictionnaire des Symboles de Jean Chevalier, Tomo III, pág. 323 Ed. Seghers, París, 1973. Edición castellana en Ed. Herder, Barcelona 1986.
2 Ibid tomo III, pág. 322. Y también Mayassis, Le Livre des Morts de l'Egypte Ancienne est un Livre d'Initiation, Ed. BAOA, Atenas 1955.
3 Ver a este respecto nuestra presentación del Tratado de las Signaturas de Oswaldus Crollius, Ed. Obelisco, Barcelona 1982.
4 Pitias IV - 257.
5 Utilizamos la excelente y reciente edición de ed. Retz.
6 Ver Tao Te King cap. 42.
7 Notablemente Evola en su libro La Tradición Hermética, Ed. Martínez Roca, Barcelona 1975.
8 Livre Secret du trés ancien Philosophe Artephius traitant de l'Art Occulte et de la Pierre Philosophale, Bibliothéque des Philosophes Chymiques, París, 1741. Utilizamos la reedición de este tratadillo de Ed. l'Echelle, París 1977.
9 Ver nota 5.
10 Notablemente Limojon de Saint-Didier en Le Triomphe Hermétiene.
11 Para muchos alquimistas cristianos, uno de cuyos exponentes más interesantes es Dom Belin, autor de Les aventures du Philosophe inconnu, Apologie du Grand Oeuvre y Traité des Talismans (publicado en Ed. Obelisco), Cristo es ni más ni menos que un símbolo de la Piedra Filosofal.
12 Ver su Diccionario de los Símbolos, varias ediciones, artículo "lira".
13 L'homme et l'invisible, pág. 151. Existe traducción castellana de este libro excelente en Ed. Monteávila, Caracas 1970.
14 Des Fables grecques et Egyptiennes dévoilées et réduites à un même principe. Tomo II, pág. 165. París 1786.
15 Atalanta Fugiens, Emblema III. Utilizamos la excelente edición de Etienne Perrot, París 1970.
16 Este es, a fin de cuentas el sentido etimológico y auténtico de la erudición, de erudere, pulir.
17 Ver a este respecto la excelente novela rosacruciana. Las Bodas Químicas de Christian Rosenkreutz, varias ediciones.

EL MAGICO PODER DE LA RENUNCIA


EL MAGICO PODER DE LA RENUNCIA


Hay que renunciar al ego, porque el ego no renuncia a nada...


Desde tiempos inmemoriales, los sabios y sacerdotes conocían el extraordinario Poder de la Renuncia. Lo utilizaban, como un método para liberar de la angustia y el sufrimiento, a las personas que se encontraban padeciendo de conflictos internos insoportables, los cuales, para la persona afectada, parecían no tener solución. Sin embargo, una de las funciones de los monasterios era precisamente permitir que las personas se alejaran del mundo y RENUNCIARAN a todo, para poder estar en Paz y estar con Dios, con lo cual las situaciones de conflicto desaparecían de sus vidas y las personas se curaban totalmente de sus padecimientos mentales. En muchas ocasiones sucedió que las personas decidían volver a su vida cotidiana y podían verificar algo absolutamente maravilloso: después de haber renunciado a todo, ahora percibían la vida de una manera totalmente diferente, pues las situaciones de conflicto parecían haber desaparecido. Lo que realmente había sucedido, era algo completamente diferente: La Renuncia les había dado la capacidad de ver la vida de una manera absolutamente distinta, por lo cual, ahora, ya no sentían miedo ante las diversas situaciones de aprendizaje de la vida, pues ya conocían el Poder Mágico de la Renuncia.

Si se observa con cuidado, un monje de estos lo que hacía era ponerse en manos de Dios... y ¡se equilibraba! Él renunciaba a todo, mas lo que hacía en el fondo era aceptar la realidad. De esa manera, se ponía en las Manos de Dios... Es sencillo...

Hoy en día, la Renuncia se aplica en psicología, como una técnica para ayudar a las personas a superarse de diversos conflictos mentales, tales como la angustia, el estrés y el estado de pánico, o en las crisis emocionales o sentimentales. Pero ya no es necesario internarse en un monasterio ni escaparse del mundo, porque, indudablemente, ésta es una técnica de entrenamiento mental sustentada en el conocimiento filosófico y en la comprensión de la realidad de la vida, que bien puede practicarse en la cotidianidad.

DE LA INTEGRACIÓN DE LA RENUNCIA CON LA ACEPTACIÓN, RESULTA LA PAZ ABSOLUTA DEL ESPÍRITU.



La Renuncia es el complemento perfecto de la Aceptación

RENUNCIA a prohibir que los demás hagan lo que necesitan para aprender.
RENUNCIA a imponer tus creencias, razones o verdades que puedas tener.
RENUNCIA a condenar las actitudes o comportamientos de los demás.
RENUNCIA a la cantaleta, cuando las cosas no salen como tú quieres.
RENUNCIA a replicar, ante aquello con lo cual no estés de acuerdo.
RENUNCIA a protestar, ante aquello que confronta tus conceptos.
RENUNCIA a suponer que puedan suceder cosas desagradables.
RENUNCIA a cumplir funciones que ya no te corresponden.
RENUNCIA a hacer justicia, por lo que te suceda a ti o a otros.
RENUNCIA a estorbar la evolución o las actividades de los otros.
RENUNCIA a ofenderte, por lo que los demás digan o hagan.
RENUNCIA a todo aquello que pueda alterar tu paz interior.
RENUNCIA a celar a las personas o a juzgar sus decisiones.
RENUNCIA a forzar a las personas para que estén contigo.
RENUNCIA a buscar culpables, por las cosas que sucedan.
RENUNCIA a oponerte a la realidad que la vida presenta.
RENUNCIA a impedir las experiencias de otras personas.
RENUNCIA a contradecir la opinión de ninguna persona.
RENUNCIA a sufrir, ante aquello que no puedes cambiar.
RENUNCIA a ser esclavo de las opiniones de los demás.
RENUNCIA a interferir con las decisiones de los demás.
RENUNCIA a angustiarte, por lo que no puedes manejar.
RENUNCIA a luchar, por conseguir lo que no necesitas.
RENUNCIA a sufrir, por aquello que no puedes hacer.
RENUNCIA a sostener tus posiciones ideológicas.
RENUNCIA a agredir a nadie, por ninguna razón.
RENUNCIA a defender la razón que creas tener.
RENUNCIA a preocuparte, por lo que no sabes.
RENUNCIA a sufrir, por lo que pueda suceder.
RENUNCIA a investigar quien te hizo daño.
RENUNCIA a que los demás decidan por ti.
RENUNCIA a temer, por tus seres queridos.
RENUNCIA a discutir, por ninguna cosa.
RENUNCIA a demostrar que tienes razón.
RENUNCIA a retener lo que no necesitas.
RENUNCIA a criticar a nadie ni a nada.
RENUNCIA a tu ego y a tu orgullo.

RENUNCIA A TODO AQUELLO QUE YA NO TE CORRESPONDE Y ENCONTRARÁS LA PAZ ABSOLUTA DEL ESPÍRITU

En conclusión y de una forma muy simple, el poder mágico de la renuncia se trabaja de la siguiente manera:

Renuncia a cambiarle la realidad a los demás.
Cambia Tu Propia Realidad, mediante la ACEPTOLOGÍA.
Enséñales a los demás a cambiar la realidad de ellos, después de verificar que son correspondientes con esta información.

Las herramientas que utiliza el ego o el orgullo, que lo mismo es, son: agredir, prohibir, imponer, interferir, forzar, suponer, etc.

La renuncia rompe el orgullo, desbarata al ego y desbloquea la mente, entonces... ¡EL MILAGRO SE MANIFIESTA! Tu vida cambia de manera "mágica".

Después de una renuncia, no es infrecuente tener un resultado positivo sobre algo que habíamos buscado mucho... Busca en tu vida y encontrarás verificaciones de esto. A todos nos ha pasado: renunciamos a algo y obtenemos el resultado inverso.

Lo que ocurre en estos casos obedece a un cambio de polaridad de masculino a femenino. No impongo más, ahora acepto lo que el Universo tiene para mí... Lo masculino emite, lo femenino recibe... Esta famosa nueva era es de cambio de masculino a femenino...

O sea de lo creativo a lo receptivo....... Entonces amigos del alma aprendamos a restar para sumar....
De esa manera aprenderemos a crecer espiritualmente y siendo receptivos a la voluntad divina llegaremos a ser lo que realmente nos corresponde..... Seres de Luz.


Sacado de las enseñanzas de Gerardo Schmedling.
http://ninosdelsol.ning.com/profiles/blog/show?id=1401498%3ABlogPos...

ANDAR: EJERCICIO CONTEMPLATIVO


ANDAR: EJERCICIO CONTEMPLATIVO


En el monte Hiei, en Kyoto, hay un monasterio budista en el que se realizan largos cursos de meditación con el ejercicio de andar. Se camina unos treinta kilómetros diarios y, hacia el final de las prácticas, el número de kilómetros se aumenta considerablemente. El agotamiento se considera una buena ayuda porque la mente está demasiado agotada para divagar. El ejercicio ayuda sobre todo a los que tienen miedo a las sentadas en quietud o a la soledad. A quién practica este ejercicio, puede utilizarlo después en la vida cotidiana, cuando va de la parada del autobús al trabajo o a la compra. Entonces veremos cómo se aumenta nuestro tiempo contemplativo. El peregrinaje es también una ocasión maravillosa de practicarlo. Después de un tiempo notaremos que nos va centrando, sosegando, relajando, armonizando e interiorizando, nos trae la paz, nos lleva a nosotros mismos y a Dios.



¿Como debemos andar?



TENEMOS que aprender a andar como Beppo, el barrendero del libro Momo de Michael Ende: un escobazo tras otro, sin premura, sin mirar constantemente hacia el final de la calle, esperando alcanzarlo pronto. Solo un paso cada vez. No hay ni un paso antes ni otro después; hay solamente el ahora de este paso, que se va convirtiendo en el ahora mismo. Es el primero y el último a la vez.



EL modo de andar contemplativo supone relegar la percepción exterior en favor de la interior. Estoy en total intimidad conmigo. Experimento cada paso desde el interior. Únicamente este paso. Y una y otra vez: éste es el único paso. Naturalmente nuestra razón quiere evadirse. Se aburre. Lo mismo que en las sentadas contemplativas se observa la respiración, aquí se observa solamente el paso. El andar se convierte en ejercicio contemplativo.



ESA forma de andar no se puede hacer. Solamente puede ser practicada con la esperanza de alcanzar la experiencia profunda. Requiere tiempo y el peregrinaje proporciona el tiempo y la oportunidad. En el andar contemplativo su sentido profundo se cumple. El peregrinaje, o es contemplación o se convierte en turismo.



¿Andar es oración?



NO tenemos que añadir nada al andar. Quien quiera hacerse uno con su paso, puede hacerse uno con Dios. De la misma forma que aquél que logre unificarse con la palabra “Jesús” puede llegar a experimentar una apertura de su consciencia, igual el que logre hacerse uno con su caminar.



DIOS pasa como persona en mi condición de ser humano por esta tierra a través de este tiempo. En el andar practicamos a Dios, manifestamos a Dios, vivimos a Dios. Dios se consuma en nuestro andar. Ya no será nuestro andar, sino el andar de Dios. Dios aparece en esta tierra en nuestro andar. De esta forma el andar alberga su sentido más profundo en sí mismo. Y nuestra vida se convertirá en peregrinaje santo.



SE convierte en mi andar si está sujeto a motivos: querer llegar, querer recorrer el camino; entonces manipulamos el andar. Ya no buscamos a Dios allí sino que le convertimos en algo. Si queremos experimentar a Dios, nos dejaremos andar. Dios no está en el llegar, está en el caminar. Dios nos dará la vida eterna mañana o pasado, cuando estamos allí, pero Dios vive esta vida en cada paso que damos. Vive también en nuestro sufrimiento, en nuestra condición de apátridas, en nuestros miedos y en nuestras horas angustiosas. Esto nos lleva a un entendimiento completamente nuevo de Dios; ya no ser nada que alguien nos ha comunicado, sino algo que hayamos andado y experimentado nosotros mismos. Andar se convierte así en un ejercicio de auténtica espiritualidad existencial.



NO sólo debemos andar así, si no que también debemos tener estos mismos sentimientos cuando comemos, bebemos, nos alegramos, sufrimos... Angelus Silesius dice en un poema: “Dios mismo hace en el santo todo lo que hace el santo. Dios anda, está de pie, duerme, está despierto, come, bebe y está animado”. Así, y solamente así, nuestra vida se convertirá en oración continua. Ese es el secreto del camino que se les revelará a quienes anden por el andar mismo. Andar es el camino más fácil para poner atención a nuestra vida cotidiana.



PARA la mayoría de las personas, el cuerpo existe completamente separado de su ser más profundo. Hay quienes lo descuidan a propósito. Para otros es una materia exterior que hay que vencer, un obstáculo. En realidad, el cuerpo puede convertirse en camino hacia el interior. Es producto de nuestra mente y está íntimamente relacionado con ella. Nuestra mente se creó un cuerpo en el cual se puede manifestar. Nuestro cuerpo y nuestra mente forman una unidad. Es, por así decirlo, consciencia materializada. En cada momento, lo modificamos mediante nuestros actos, nuestros pensamientos e imaginaciones. El andar sosiega, lleva al interior, a nosotros mismos; por eso nos transforma.



ALGUNAS personas me han contado que han tenido experiencias profundas de Dios haciendo footing. “Una mañana temprano fui a correr y, en vez de rezar el rosario como solía, simplemente corrí. Llegué a la presencia de aquello que es y quedé sobrecogido por su presencia en todas las cosas. Cada sonido y cada instante, cada hoja y el pavimento bajo mis pies estaban llenos de vida divina. Cada cosa era El. Estaba unida a todas las cosas. La experiencia duró mientras corría y, durante días seguí sobrecogido, experimentando su presencia en todo”.



Todos los sentidos se abrirán



MIENTRAS se anda también se puede mirar. Pero ese mirar tiene un carácter totalmente diferente. El mirar externo es como si fuera un ancla, donde el ojo está atado. Cuando se está abierto, se ve todo, también lo que no está directamente en el campo visual. La voluntad está totalmente relajada. La consciencia está dirigida a algo, pero ese algo no se fija. También se percibe lo que hay en un primer plano y lo que hay en el fondo.



CUANTO más suave sea la percepción, tanto más abarcará. Se convertirá en mirar, escuchar y percibir. Se producirá una relajación. El ejercicio del andar se parece al de la respiración. Para que nuestros pensamientos no salten de un tópico a otro, fijamos nuestra consciencia en la respiración. Para que nuestra vista no salte de un objeto a otro, la ponemos en una sola cosa visible, sin fijarla en ella. No la enfocamos con claridad. Cuando no miremos a ninguna parte en concreto, ser cuando lo veremos todo. Lo que parece ser un ejercicio visual, en realidad es un ejercicio intensivo de recogimiento espiritual. Para quedar en nuestra propia intimidad, fijaremos nuestra conciencia en el andar. Unicamente este paso, nada más. Y cada vez de nuevo: este único paso. Esto nos ayudará a mantener la calma, incluso en medio de la mayor agitación, así el camino se hará corto.



Willigis Jaeger
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