viernes, 10 de diciembre de 2010

EL SIGNIFICADO CÓSMICO DE NAVIDAD


EL SIGNIFICADO CÓSMICO DE NAVIDAD
 -Interpretación de las enseñanzas de Max Heindel-

Una vez más en el curso del año estamos en vísperas de Navidad. La opinión que cada uno de nosotros se forma de esta festividad es diferente a la de todos los demás.
Para el devoto religioso es una fecha santificada, consagrada y llena de misterio, pero no menos sublime porque no la comprenda.
Para el ateo es una torpe superstición.
Para el mero intelectual es un enigma, puesto que está fuera de la razón.

En las iglesias se enseña como, en esta noche, la más santa del año, nuestro Señor y Salvador, inmaculadamente concebido, nació de una virgen. No se da ninguna otra explicación y el asunto se deja al asentimiento o rechazo del oyente, de acuerdo con su temperamento. Si la mente y la razón dominan en él,
con exclusión de la fe, si nada puede creer de aquello que no puede ser demostrado a sus sentidos en un instante determinado, se ve forzado a rechazar el relato como absurdo y fuera de consonancia con las diferentes inmutables leyes de la Naturaleza.


Se han dado diversas explicaciones para satisfacer la imaginación, especialmente de naturaleza astronómica. Se ha demostrado por ellas cómo, en la noche del 24 al 25 de diciembre, el Sol comienza su ruta del Sur al Norte. Él es la “Luz del Mundo”. El frío y el hambre exterminarían inevitablemente a la raza humana si el Sol permaneciese constantemente en el Sur. No es de extrañar, pues, que sea una causa de alegría cuando comienza su jornada hacia el Norte.

Se le aclama entonces como el “salvador”, pues viene para “salvar al mundo”, para darle el “pan de la vida”, toda vez que él hace madurar el grano y la uva. De este modo “da su vida sobre la cruz (al cruzar el ecuador) en el equinoccio de primavera”, comenzando entonces su ascensión al cielo boreal. En la noche en
que principia su viaje al Norte el signo zodiacal Virgo, la virgen celestial, la “Reina de los Cielos”, está en el horizonte oriental a medianoche, y es, por consiguiente, astrológicamente hablando, su “signo saliente”. Así, pues, “nace de una virgen”, sin otro intermediario y, por lo tanto, “inmaculadamente concebido”.


Esta explicación puede satisfacer la mente acerca del origen de la supuesta superstición, pero la voz “achacosa” que se encierra en el corazón de todo escéptico, se dé o no se dé cuenta él de este hecho, permanecerá allá dentro hasta obtener la iluminación espiritual que le proporcionará una explicación que
sea aceptable por su corazón y por su mente. Arrojar esta luz sobre este sublime misterio será el objetivo que nos guiará en las siguientes páginas.



La Inmaculada Concepción será el objeto de una próxima lección, pero ahora nos esforzaremos en demostrar de qué manera las fuerzas materiales y espirituales fluyen y refluyen alternativamente en el transcurso del año y por qué Navidad es ciertamente “un día santo”.



Permítasenos que demos como válida la interpretación astronómica bajo su punto de vista, así como lo que sigue lo consideraremos también como verdad al contemplar el misterio del nacimiento desde otro ángulo. El Sol nace, año tras año, en la noche más oscura. Los Cristos Salvadores del mundo nacen igualmente cuando la oscuridad espiritual del género humano es más profunda. Un tercer aspecto existe, y de suprema importancia, es decir, que no es una suposición gratuita de Pablo cuando dice aquello de “Cristo formado en vosotros”. Es un hecho sublime que todos somos Cristos en formación y cuanto más pronto nos convenzamos de que podemos cultivar a Cristo en nuestro interior antes de que podamos percibirle externamente, tanto más apresuraremos el día de nuestra iluminación espiritual. A este respecto citaremos nuevamente nuestro aforismo favorito de Ángel Silesius, cuya sublime percepción espiritual le hizo decir:



“Aunque Cristo nazca en Belén mil veces, y no dentro de ti, tu alma se verá desamparada.
Es en vano que mires a la Cruz del Gólgota, si en tu propio interior no se levanta”.



En el Solsticio de Verano, en junio, la Tierra está en su mayor apartamiento del Sol, pero los rayos solares la hieren casi en ángulos rectos con relación a sus ejes, en el hemisferio boreal, de donde se deriva el alto grado de actividad física resultante; entonces las radiaciones espirituales del Sol son oblicuas para esta parte de la Tierra y son tan débiles como los rayos físicos cuando son oblicuos.



En el Solsticio de Invierno, por otra parte, es cuando la Tierra está más próxima al Sol. Los rayos espirituales llegan entonces a la superficie de la Tierra en ángulos rectos, en el hemisferio nórdico, estimulando la espiritualidad, mientras que las actividades físicas permanecen adormecidas a causa del ángulo oblicuo que forman los rayos solares al batir sobre la Tierra. Debido a este principio, las actividades físicas están en su reflujo mayor y las fuerzas espirituales en su flujo superior en la noche del 24 al 25 de diciembre, por lo que ésta es “la noche más santa del año”. Por otra parte el verano es el tiempo del esparcimiento de los duendes y trasgos y demás entidades semejantes a quienes están encomendado el desarrollo material de nuestro planeta, como lo ha demostrado Shakespeare en su “Sueño de una noche de verano”.



Si nadamos a favor de la corriente, cuanto más fuerte sea ésta cubriremos una mayor distancia con menos esfuerzos de que cualquier otra manera. Es, por lo tanto, de capital importancia para el estudiante esotérico saber y comprender lo que tienen de particularmente favorables las condiciones que prevalecen por la Pascua de Navidad. Sigamos la exhortación de Pablo, en su capítulo II a los hebreos, y arrojemos lejos de nosotros la carga inútil como hacen los que quieren emprender una carrera.



Hay que machacar mientras está caliente el hierro; y por lo tanto, dediquemos especialmente todas nuestras energías en estos días al progreso espiritual para que podamos recoger una gran recompensa como no la
recogeríamos en ninguna otra época del año.



Tengamos igualmente presente que el propio avance no ha de ser nuestro objetivo primordial. Somos discípulos de Cristo y si aspiramos a que se nos distinga, recordemos que Él dijo: “Dejad que el que sea más grande entre vosotros, sea el sirviente de todos”. Existe mucho dolor y mucho sufrimiento a nuestro alrededor; incontables son los corazones que sufren calladamente muy cerca de nosotros; busquémoslos uno a uno de la manera oportuna, pues en ningún momento del año serán más eficaces nuestras insinuaciones que en tales días. Esforcémonos en llevarles un destello del Sol a sus vidas y de este modo recogeremos sus bendiciones y las de nuestros Hermanos Mayores. Las vibraciones que resulten de ello, propulsarán nuestro desarrollo espiritual de una manera difícil de conseguir por otros procedimientos.



Que en ésta navidad; el Sol nos ayude extraer de sí, nuestro Cristo interior. ¡Feliz Navidad!


QUIERO ESTAR EN VELA SEÑOR


QUIERO ESTAR EN VELA, SEÑOR

Preparado para que, cuando Tú llames, yo te abra
Despierto para que, cuando Tú te acerques, te deje entrar
Alegre para que, cuando Tú te presentes, veas mi alegría

QUIERO ESTAR EN VELA, SEÑOR

Que, el tiempo en el que vivo, no me impida ver el futuro
Que, mis sueños humanos, no eclipsen los divinos
Que, las cosas efímeras, no se antepongan sobre las definitivas

QUIERO ESTAR EN VELA, SEÑOR

Y que, cuando nazcas, yo pueda velarte
Para que, cuando vengas, salga a recibirte
Y que, cuando llores, yo te pueda arrullar

QUIERO ESTAR EN VELA, SEÑOR

Para que, la violencia, de lugar a la paz
Para que los enemigos se den la mano
Para que la oscuridad sea vencida por la luz
Para que el cielo se abra sobre la tierra

QUIERO ESTAR EN VELA, SEÑOR

Porque el mundo necesita ánimo y levantar su cabeza
Porque el mundo, sin Ti, está cada vez más frío
Porque el mundo, sin Ti, es un caos sin esperanza
Porque el mundo, sin Ti, vive y camina desorientado

QUIERO ESTAR EN VELA, SEÑOR

Prepara mi vida personal: que sea la tierra donde crezcas
Trabaja mi corazón: que sea la cuna donde nazcas
Ilumina mis caminos: para que pueda ir por ellos y encontrarte
Dame fuerza: para que pueda ofrecer al mundo lo que tú me das

QUIERO ESTAR EN VELA, SEÑOR

Entre otras cosas porque, tu Nacimiento,
será la mejor noticia de la Noche Santa
que se hará madrugada de amor inmenso en Belén.
¡VEN, SEÑOR!

DAR LAS GRACIAS CON GRATITUD


Una de las claves del respeto, y por consiguiente de la alegría interna y la iluminación, es aprender a ser agradecido y a dar las gracias con gratitud y con una adecuada comprensión.


Abre la puerta a una ciencia y conocimiento superiores. Un acto emanado de la gratitud es siempre beneficioso y bello. No saber dar las gracias no significa fortaleza en lo absoluto, sino debilidad.


La expresión “gracias” no es una mera frase educada y convencional. Es, por sobre todo, una frase mágica, un encantamiento sagrado, un poderoso mantram trasmitido a todas las personas por los grandes maestros espirituales y sus discípulos más iluminados.


Sí, muchas costumbres de la vida que practicamos en forma inconsciente fueron originalmente instituidas por seres de luz que deseaban ayudar a la humanidad. La expresión “gracias” tiene el poder de abrir la conciencia y despertar a la verdadera riqueza.


Aquellos que saben dar las gracias cuando caen en las pruebas, demuestran su valor interno y su conexión con una conciencia superior. Un agradecimiento tal debe provenir de una clara conciencia y de un perfecto conocimiento de las leyes de la vida. Entonces posee el poder alquímico para transformar las situaciones y los estados mentales.


Cuando se dice de la forma correcta, el agradecimiento tiene la virtud de purificar el alma terrenal y las relaciones entre los seres. Dar las gracias a alguien es purificar la atmósfera entre tú y esa otra persona.


Algunas veces incluso puede sanar relaciones karmicas y situaciones difíciles. “Gracias” ejerce un poder liberador; permite el desapego, el abandono (o la aceptación de las cosas), y facilita el perdón.


Puede convertirse en una verdadera bendición para uno mismo y para otros; puede ser una muralla de defensa contra las fuerzas de la oscuridad que con frecuencia tratan de interferir en nuestras vidas para perturbar furtivamente, complicarlo o destruirlo todo.


Las virtudes de la gratitud son demasiado numerosas para describirlas; lo más sencillo es conocerlas por experiencia propia, poniendo en práctica la gratitud. Sin duda que necesitaremos una nueva percepción del mundo mucho más espiritual y sutil. Es en el mundo invisible donde el agradecimiento adquiere todas sus dimensiones.


Por supuesto, si vivimos sin espiritualidad, sin conciencia, si damos la espalda al mundo invisible, admito entonces que dar las gracias pueda convertirse en una debilidad: para un ignorante, el agradecimiento es la muerte. Pero creo que nosotros aún no llegamos a esto.


Para quienes están conscientes de su espiritualidad y, por tanto, de la parte más sutil de su ser y de la vida, agradecer es incrementar la intensidad de la vida. El descontento estrecha la vida, mientras que la gratitud la expande, la aumenta, incrementa la alegría, y abre las puertas del infinito, del amor.


Quien pronuncia las “gracias” de esta manera, comprende que nada en esta tierra le pertenece, y que todo es un regalo de los seres superiores que velan por él. Ni siquiera su cuerpo, sus pensamientos o sus deseos le pertenecen.


Dar las gracias por todas estas bendiciones es estar en camino de adquirirlas verdaderamente, y de hacer algo positivo con ellas. Cuando el agradecimiento se transforma en una oración, adquiere el poder de triunfar sobre las fuerzas oscuras y los estados mentales negativos que envenenan la vida.


La palabra “gratitud” también significa renacer a uno mismo.


Debemos reinventar una nueva forma de vivir en la tierra para poder recobrar las fuerzas del alma que abren las puertas del cielo y de la iluminación. Esta es una necesidad para el futuro.


Cuando los seres humanos llevan el cielo y la tierra dentro de sí mismos, no hay fuerzas negativas que puedan penetrar en ellos.


“Gracias” es una palabra que une al cielo y la tierra. Cuando el agradecimiento es sincero y está lleno de fuerza vital, tiene el poder de tocar y despertar ese centro íntimo que radica en el estómago y que los japoneses denominan el “hara”. La verdadera fuerza proviene del profundo agradecimiento que toca el centro del ser uniendo cielo y tierra.


Quien sabe cómo agradecer a la tierra, halla el fundamento de la vida psicológica. La tierra limpia, purifica y sana muchos problemas psicológicos, e incluso enfermedades físicas, porque ambos están estrechamente relacionados.


Quien sabe cómo agradecer a la inteligencia de los cielos halla dirección en su meta en la vida. Es una luz que ilumina con verdadero conocimiento. Todo lo que necesitamos hacer es ponernos a trabajar. Muchas cosas en nuestra vida dependen de la forma en que dirigimos nuestras energías.


Todos en la tierra deben ofrecer sincero y cálido agradecimiento a todos los seres, no al pequeño ser artificial en ellos, sino al Innombrable, al Omnipresente. La aceptación de lo divino, sublime, infinito, inmortal, a través de todos los seres humanos y a través del Todo es la perfección del agradecimiento.
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