miércoles, 6 de julio de 2011

EL DIVINO HECHICERO






EL DIVINO HECHICERO

EL DIVINO HECHICERO
SIEMPRE  ESTA REBOSANTE
DE SU AMOR SIEMPRE  AMANTE
DE SI MISMO ESTIMULANTE

ES EL CALIZ DEL AMOR
DE HERMOSO CONTENIDO
QUE  HABRA  DE  SER VERTIDO
CUMPLIENDO SU COMETIDO

SU FLUJO ES ABUNDANTE
SALE  PERMANENTEMENTE
ES LA COPA SIEMPRE  ARDIENTE
QUE  DERRAMA SU PRESENTE

ES EL ETERNO MOMENTO
QUE SIEMPRE DONA SU ALIENTO
PARA AUMENTAR EL CONTENTO
AL LLEVAR CONOCIMIENTO

SABE COMO APROVECHAR
CADA OPORTUNIDAD
PARA ASI  MANIFESTAR
BELLAS FORMAS DE AMAR
                                                                             
SU DESEO ES CREAR
OTROS LAZOS PARA AMAR
Y ASI MAS LUZ LLEVAR
A TODA LA HUMANIDAD


Titulo del Libro:VUELO DE LIBERTAD -Enma Sanmartín-
 

HUAMANAYKHA SHIMINIKA





HUAMANAYKHA SHIMINIKA
 
Mantra en idioma Irdin. Significa: "EN ESTE ENCUENTRO TE HONRO, SEÑOR".
Se trata de un saludo a la Consciencia Única del cosmos.
Así como ocurre con los demás sonidos del Irdin, si se lo pronuncia en alineamiento con los niveles profundos del ser, penetra estratos sutiles del universo y sienta las bases para comunicaciones y contactos supramentales.
Este mantra es una clave para la aproximación de la consciencia humana a las espacionaves intraterrenas y extraplanetarias. 

Léxico Esotérico de la Obra de Trigueirinho


(Código del Grial "Tephi" -TäRA)

CUANDO NOS SEDUCE EL ALMA




CUANDO NOS SEDUCE EL ALMA



Todo estudiante de ocultismo que aspira a una vida superior sabe que debe
esforzarse por ser un amoroso y fraternal servidor de los demás, pero como
 principiante en el camino de perfección, también sabe que hay momentos
de desfallecimiento y otros de debilidad ante las tentaciones que le hacen caer
en pruebas y tentaciones a veces inesperadas. Cuando ese estudiante medita,
ora, discierne y pide ayuda a lo superior a la vez que se pone en estado
receptivo para ello, vuelve al estado espiritual que le corresponde y
comienza de nuevo la batalla contra el enemigo que lleva dentro. 
Este artículo podría haber sido escrito perfectamente por cualquier
aspirante después de una de esas caídas y una vez dispuesto
 de nuevo a proseguir su camino.

El acto físico de lo que normalmente llamamos “mirar” u “observar”,
se produce gracias a que los terminales nerviosos de la retina reciben la
frecuencia de luz relacionada con el color del objeto percibido. El ser
 humano, en general, percibe siete frecuencias relacionadas con los colores
 del arco iris, las que, hablando de vibraciones, son unas cuantas más pero
 muy pocas en comparación con las vibraciones existentes que son infinitas.
 Esto quiere decir que solo vemos u observamos las vibraciones relacionadas
 con los objetos del mundo físico, pero nuestros sentidos (ni tampoco la mente)
no están tan desarrollados como para percibir, entre otras muchas fuerzas como,
por ejemplo la electricidad, el magnetismo, los rayos X o las partículas
atómicas y subatómicas que forma el mundo en que vivimos. Será en un
 futuro aún lejano cuando desarrollemos los próximos sentidos llamados
clarividencia (voluntaria y consciente) y clariaudiencia, pero para que
podamos alcanzar esos poderes hay que desarrollar, hasta cierto grado,
el poder interno, ese Yo superior que nos intenta
 guiar a modo de voz de la conciencia.
Si tenemos que desarrollar ese Yo superior para que ocupe el lugar de la
 personalidad debemos saber primero quiénes somos, así es que, veamos
lo que es la personalidad y lo que es el Yo superior. El ser humano
 ha desarrollado a través de su propia evolución (la vida del Espíritu
reencarnante) en las  formas físicas varios cuerpos o vehículos
de manifestación, estos son:
1º.- Un cuerpo físico que es el que al principio de nuestra evolución
utilizamos (y por eso es el más desarrollado y perfecto) como hoy
 utiliza otra vida grupal en desarrollo, el reino mineral.
2º.- Un cuerpo vital compuesto de cuatro éteres que compenetran la
 materia (átomos, quarck, gluones…) y que mantiene el cuerpo físico
vivo incluyendo el funcionamiento del organismo y los sentidos; este
 es el cuerpo etérico que sale del cuerpo físico después de la muerte.
3º.- Un cuerpo de deseos o emocional (también llamado astral) que
 nos permite tener deseos, sentimientos y emociones. Este cuerpo lo
 tienen también los animales que, aunque menos desarrollado que el
nuestro, no tienen esa parte de maldad que nosotros al no tener
 la mente y la voluntad para hacer mal intencionada y conscientemente.
4º.- Una mente que, aunque es el cuerpo menos desarrollado, nos ha
servido para dar ese gran paso desde la era prehistórica hasta nuestros
 días. Es el cuerpo que debemos desarrollar, o mejor dicho espiritualizar
 cuanto antes para vencer el aspecto personal-animal que aún
 tenemos y así actuar voluntaria y conscientemente en la
búsqueda de la meta para lo que fuimos creados.
Volviendo a lo que estábamos tratando en el primer párrafo y después de
 ver que tenemos cuatro cuerpos (cada uno de ellos de materia más sutil)
 que se compenetran mutuamente, he de decir que el sentimiento y las
 emociones (el cuerpo de deseos o astral) se formaron y se siguen formando,
 gracias a los impactos externos que afectan al cuerpo físico y por medio de
los sentidos. Antes de desarrollar la mente nos guiábamos por esos
sentimientos, emociones, deseos y pasiones, por eso éramos más
 animales que humanos. Pero fueron precisamente esos
 impactos del exterior, esas sensaciones, las que hicieron que la
humanidad comenzara a “razonar”. Hoy actuamos de la misma forma,
 pero como en estos miles de años últimos hemos espiritualizado de
 forma más notable el cuerpo de deseos y un poco más la mente, creemos
 que somos buenas personas y que casi hemos alcanzado la meta que
 tenemos que alcanzar como humanos.

Como es evidente después de las explicaciones dadas, resulta que:
1º.- Del cuerpo físico y gracias a sus sentidos, surge o creamos, los deseos,
 los sentimientos o las emociones.
2º.- De los sentimientos y emociones, surgen o creamos como respuesta,
pensamientos, sean conscientes o inconscientemente creados. Pero estos
pensamientos surgen o son creados en base al archivo que normalmente
 llamamos “memoria”, por tanto, la respuesta tendrá mucho que ver con
 la naturaleza positiva o negativa de lo que hay en esa memoria.
Por consiguiente, lo que percibimos, analizamos o razonamos tiene
su origen en los sentidos. La respuesta inmediata a esas sensaciones
suele venir del cuerpo de deseos, cuya naturaleza está basada en lo
 experimentado en esta vida y en la quintaesencia de las experiencias
de vidas pasadas; mientras que la respuesta de la mente,  basándose en
 el cuerpo de deseos, puede ser de tres clases:
a) Como indiferencia
b) Como atracción
c) Como repulsión
Así es que, como podemos ver, la que debería ser mejor respuesta es la
de interesarse consciente y voluntariamente por el hecho para “discernir”
 y ver la parte positiva o más elevada del asunto.
A nivel físico decimos que no somos lo que vemos puesto que estamos
 formados por materia sólida, líquida, gaseosa y etérica, es decir, células,
 moléculas, átomos y (hasta ahora la ciencia no ha descubierto más) quarck
y gluones. Pero incluso entre estos últimos hay muchísimo espacio vacío
 (invisible pero origen de todo lo mencionado en estas líneas) por tanto, no
somos el cuerpo físico ni tampoco el cerebro. A nivel esotérico, tampoco
somos el cuerpo físico puesto que las emociones y deseos le dominan
 (están por encima del mismo) estos últimos son dominados por la mente,
 y esta última es gobernada por la voluntad. Si el origen de la humanidad
está más allá de los átomos y sus partículas y si los deseos, sentimientos
 y pensamientos (todos de materia invisible) son dominados por la voluntad,
 quiere decir que nuestro origen es una clase de Energía, Fuerza o Espíritu
cuya Mente y Naturaleza está más allá de todo lo que podemos imaginar.
Y si, guiándonos por todas las religiones, culturas, y ya incluso por la física
 cuántica, queremos darle un nombre que represente lo que “ES” diríamos
 que es Omnipotente porque nada hay, a nuestro común entendimiento, por
 encima de Él; Omnipresente porque todo lo creado y que podemos
 percibir tiene su origen en Él y por tanto “está en todo y nosotros estamos”
 dentro de Él; y Omnisciente porque Su sabiduría debe ser infinita
 para poder crear el universo.
De todo esto podemos deducir que nuestra meta final es Él y que, como
hijos o parte suya en Espíritu que somos, tenemos sus propios poderes
 y posibilidades latentes para ir desarrollándolos. Sabiendo esto nos podemos
 preguntar ¿Qué impide que yo acelere mi desarrollo para transformarme en
 ese Espíritu o Yo superior? y ¿Qué ayuda tengo para conseguirlo? El mayor
 inconveniente que actualmente tiene la humanidad es el poco control de la
 mente y el poder del cuerpo de deseos sobre ésta y sobre la voluntad, así es
 que nuestro mayor esfuerzo debe centrarse en
el control y la purificación de la mente.
Cuando queremos hacer una limpieza en la casa o en una simple habitación,
además de dicha limpieza, tenemos que cerrar las ventanas para que no entre
 suciedad. Pues bien, eso mismo tenemos que hacer respecto a la mente,
 primero limpiar la mente de todos aquellos pensamientos que nos llevan
a actuar mal, y segundo evitar que penetren malos pensamientos. La
“suciedad” entra por los sentidos físicos del cuerpo, los cuales, si los
 repetimos, crean un mal hábito, éstos, a su vez, estimulan y son un
 aliciente para que tengamos malos deseos y sentimientos, y éstos, a
 su vez, se asientan en la memoria como un patrón de conducta y
respuesta ante nuestra relación con el prójimo y ante las circunstancias
que surgen en nuestra vida cotidiana.
Por lo general, nos inclinamos a disfrutar de los placeres materiales,
egoístas y sensuales que no forman parte del desarrollo espiritual; por
otro lado, rechazamos todo aquello que suponga hacer un esfuerzo por
 desarrollar la naturaleza de nuestro Yo superior, así es que:
1º.- Nos dominan el resentimiento, la envidia, el egoísmo, la venganza,
 la crítica, la injuria y un sinfín de deseos y sentimientos cuyo origen
está en la naturaleza animal del cuerpo de deseos que aún tenemos
 desde que comenzamos a ser humanos.
2º.- No tenemos interés en desarrollar la voluntad para imponerla
sobre la mente para así hacer limpieza y purificar la personalidad.
¿Y qué podemos hacer al respecto? Si el hecho de experimentar u observar
algo hace que nos interesemos en ello, lo primero que debemos hacer
es analizarlo o discernir sobre su naturaleza, o sea, utilizar la mente con
 voluntad y consciencia para ver si puede ayudarnos en nuestro desarrollo
espiritual o no. Pero la regla más segura para superar todos estos obstáculos
 sería: “No pensar en aquello que nos domina y que puede entorpecer
 nuestro desarrollo interno”, es decir “olvidarnos de ello” por medio de no
 repetir ese deseo, sentimiento o pensamiento.
Es necesario erradicar los malos hábitos de pensar mal y de tener malos
 deseos y sentimientos para eliminarlos de nuestra memoria, y eso no puede
ocurrir hasta que dejemos de alimentar esas imágenes guardadas fruto de
 las experiencias del pasado. Por ejemplo: Podemos enfadarnos por el hecho
de ver o recordar algo que hizo una persona determinada. Está claro que lo
 que debemos hacer es cambiar esas imágenes por otras donde veamos
 algo positivo o donde evitemos juzgarle, y aquí entra en juego la regla de
“Si queremos cambiar a una persona  debemos cambiar la manera de verla
en nosotros mismos”. Es decir, si en vez de recordar el mal que una
 persona hace recordamos que es nuestro hermano, (que está evolucionado
 como nosotros) que tiene otras virtudes, que en un error puede caer
cualquier, que hay que perdonar, etc., y guardamos esas imágenes
 para repetirlas con un toque de amor y fraternidad cada vez que
 la veamos o que nos acordemos de ella, estaremos cambiando a esa
 persona dentro de nosotros y a partir  de ahí no crearemos ningún mal
 sentimiento, deseo o pensamiento sobre ella.

Pero si queremos ir un poco más allá y hacer una limpieza a fondo en la
mente, no nos tenemos que conformar con “olvidar” ciertas prácticas e
 imágenes mentales (de pensamientos, sentimientos, deseo, palabras
 y obras) y no pensar en lo que nos perjudica a nuestro desarrollo interno,
sino que deberíamos estar atentos constantemente en lo que hacen
nuestros diferentes cuerpos para actuar siempre en conciencia y
 así dar paso al verdadero Yo superior.
La idea es “prevenir” y “cambiar” las imágenes mentales que tenemos y
 que creamos, a la vez que nuestra atención se centra en que el cuerpo de
deseos no intente estimularnos en sentido contrario. Prevenir es enfocar
 voluntaria y conscientemente la mente en todo lo positivo que podamos
 observar de la persona o de los hechos. Hay que tener claro que todo lo
 negativo en que hasta ahora nos hemos fijado o hemos rememorado son
 hechos impermanentes en nosotros que no nos pueden traer felicidad
 alguna ni ayuda espiritual; esas imágenes nos traen apego a lo que es
contrario al desarrollo del Espíritu y a nuestra relación con Dios. Si es
 algo que nos causa aversión y rechazo por parte de nuestra conciencia,
 debemos pensar en algo que nos cause felicidad, amabilidad, amor,
compasión, servicio desinteresado, etc. Por ejemplo, la persona que se
 quiere quitar de fumar, debe pensar en el mal que hace el tabaco a
 su cuerpo y, por tanto, debe cambiar sus pensamientos  (pensamientos
 de poder conseguirlo, de confianza propia, de la salud que ganará y de
 que eso no puede ser parte de él puesto que él es parte de Dios donde
no cabe ningún mal hábito que domine a las personas) Esto purifica la
mente y ésta dominará el deseo de fumar como ocurriría en el caso
del odio y la maldad en cualquier sentido contra alguien.
Purificar la mente también es meditar sobre nosotros mismos, hacer una
introspección para analizar nuestros deseos, sentimientos, pensamientos
 y palabras a lo largo del día; así podremos cambiar esas imágenes mentales
 porque, cuando la mente es impura estamos intoxicando nuestros diferentes
 cuerpos. Entonces nos sentimos incómodos físicamente, no dormimos
bien, la conciencia nos martiriza, nos enfadamos con nosotros mismos
 porque no controlamos los malos sentimientos y pensamientos, y así
 sucesivamente hasta que encontramos la paz y la armonía del Espíritu,
 el cual nos hace ver más claro para comprender que un cuerpo de deseo
 descontrolado y una falta de voluntad para discernir nos puede llevar al
 odio, al resentimiento, al desamor y a otros aspectos contrarios a
 nuestro propio desarrollo espiritual.
Es necesario, para los que buscamos el progreso espiritual, observar
 cómo y en qué piensa nuestra mente, y cuando digo esto me estoy
 refiriendo al pasado, presente y futuro:
1º.- Hechos del pasado guardados como imágenes negativas (donde
 hay odio, rencor, ánimo de venganza, injurias, etc.) pueden despertar
de vez en cuando esos mismos sentimientos y pensamientos y llevarnos
 a la acción o, al menos, al recrear mentalmente esos mismos hechos. 
2º.- Hechos del presente, como ya hemos explicado, por las mismas razones.
 3º.- Respecto al futuro, previniendo esas malas actitudes por medio
de meditaciones, auto programaciones, y el mantenimiento y
práctica de los más elevados ideales espirituales.

Así es que debemos enfocar la mente en lo interno para ver cómo
reaccionamos ante los demás y ante las circunstancias. Dándonos cuenta
de nuestra reacción y actitud ante todo esto podemos cambiar y
 transformar la manera de responder y de, de nuestros cuerpos, de
esta manera fortalecemos la voluntad y tenemos autocontrol para
purificarnos en todos los sentidos, lo que nos trae felicidad
 interna, relajación y paz mental.
Con esta práctica nos abrimos a la influencia del Yo superior, nos
 identificamos con él y comenzamos a comprender la realidad. Es
imprescindible estudiar el comportamiento de la mente para ver cómo
 y porqué nos trae ansiedad, problemas, disgustos, remordimientos, etc.,
 sea consciente o inconscientemente. Todo eso nos debe llevar a una
conducta social donde podamos mostrar nuestros mejores sentimientos
 y deseos y no al egoísmo, al materialismo ni al disfrute de los placeres.
Es necesario cultivar pensamientos que estén en armonía con el
 Espíritu y con Dios mismo a la vez que eliminamos (por falta de su
 práctica) los desarmónicos y malévolos; así se obtiene el verdadero
 conocimiento y la sabiduría que nos hará ser un
ejemplo de rectitud ante los demás.
El aspirante espiritual sincero así como los estudiantes de alguna escuela
 de ocultismo sería y verdadera, debemos purificar nuestra mente haciendo
 que no sea egoísta, personal ni débil ante las influencias negativas del cuerpo
 de deseos ni del medio ambiente en que nos movemos. Por el contrario,
debemos tener más presente al prójimo que a nosotros mismos,
 deberíamos mirar al prójimo con amor y fraternidad, y atar a la mente
 tan firmemente que no se distraiga con hechos que obstruyan al Yo
 superior. La purificación del cuerpo de deseos se alcanza negando  la
 satisfacción de los placeres terrenales y de los sentidos que nos apeguen
 a la tierra y hagan que nos olvidemos que somos un Espíritu hijo y parte
de Dios. Por el contrario, hay que ir sembrando (como respecto a los
 pensamientos) los más elevados sentimientos (amabilidad, cariño,
simpatía, altruismo, amor, fraternidad, etc.) para eliminar y tener control
sobre la expresión más animal de dicho cuerpo. Una de las reglas que
 deberíamos tener presente es la de “dar algo nuestro”, sea lo
que sea (ayuda física, amor, buenos pensamientos, cariño, buenos
consejos, comprensión, esperanza, etc.) todo esto purifica la conducta,
 pero para conseguirlo hay que practicar la meditación, la oración,
el discernimiento, la adoración a Dios y la contemplación.
También es muy aconsejable hacernos conscientes de la experiencia
 interna, analizarnos para diferenciar los deseos y sentimientos de
 los pensamientos con la intención de trabajarlos de forma voluntaria
 e independiente. Esta atención interna (introversión consciente y
 voluntaria) debe ser analizada profundamente en todos los aspectos
 posibles y así hacer un esquema claro de lo que somos respecto
a lo que deseamos ser a la vez que observamos nuestros defectos y
 nuestras virtudes. Hay que hacer hincapié en la mente para ver
 cuáles son las distracciones y hechos irrelevantes que atraen
nuestra atención y hacen que perdamos el tiempo, ya que eso es lo
 que nos condiciona y nos aparta de nuestros objetivos espirituales.
Al hacernos conscientes de estos aspectos internos evitamos tensiones y
 obtenemos fortaleza de Espíritu para detener o dejar pasar lo que nos
obstruye o lo que nos ayuda y beneficia. Esta fortaleza, como
 resultado de nuestra labor, se convierte en voluntad que es, junto a
 la conciencia, los representantes del Yo superior en la personalidad.
 Cuando con la voluntad dominamos las sensaciones y la mente obtenemos
 esa paz mental, esa felicidad interna y esa relajación física que tanto
anhelamos. Con la relajación física y la búsqueda de ambientes armónicos
y espirituales, se aquieta la mente y obtenemos la comprensión profunda
que necesitamos para ver la Belleza en todo lo que nos rodea y la
Verdad en nuestros estudios y trabajos internos. Este es el resultado
de la “interiorización de la atención”, es decir, “mirar y ver dentro”.
Francisco Nieto
Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...

Anuncios