domingo, 22 de septiembre de 2013

El porqué del blanco en el ojo humano

El por qué del blanco en el ojo humano

El porqué del blanco en el ojo humano

¡Por fin! Al final creo que ya lo he conseguido. Había por ahí un par de cosas que no tenía claras del todo. La primera: ¿Por qué los animales nos miramos a los ojos? La segunda: ¿Por qué los humanos tenemos blanco alrededor de la pupila? Hice un intento de aproximación con el artículo sobre La Mirada que se publicó en el blog hace ya algún tiempo, pero faltaban cosas. Buscando diferencias entre el hombre y los animales, descubrimos que había un montón de ellas pero que no eran definitivas por estar solapadas, al ser comunes. Reflexionando, reflexionando… echamos un vistazo a la mirada. No a la visión de los propios ojos, no, sino a la visión de los ojos de los demás. Y he acabado viendo algo que todos sabemos intuitivamente pero que no solemos tener racionalizado; lo que nos importa es la mirada del otro, esto es lo que nos da indicios a todos los animales sobre las intenciones y el estado de ánimo de quien vemos, y es el blanco lo que nos ayuda a escrutar mejor esa mirada entre los humanos.

La cuestión sobre aquello que nos diferencia de los animales siempre ha estado latente entre nosotros. Hay un montón de solapamientos entre virtudes y comportamientos humanos con los de los animales. La inteligencia, la manipulación de objetos, la utilización de instrumentos, los sonidos vocales como instrumento de transmisión de sentimientos, la misma sociabilidad… Todo nos habla de cuestiones cuantitativas en la diferencia... “solamente”. Hace tiempo que yo ya sabía aquello de que el blanco de la esclerótica parecía ser una característica propiamente humana, pero no había profundizado en ello hasta ahora a pesar de intuir su importancia. La mirada ya había quedado clara, ahora le tocaba el turno al “blanco del ojo”. He escarbado un poco por ahí y creo que al final ya lo tengo claro. El globo ocular es un magnífico ejemplo de la “ingeniería selectiva de la naturaleza”.

Vemos en primer lugar que esa zona blanca del ojo contrasta con la piel que lo circunda, resaltándolo. Por otra parte, en los Seres Humanos esta área es tres veces mayor que en los primates por lo que siendo blanca hace resaltar el iris como los números sobre una placa de matrícula de coche: “Negro sobre blanco”, lo que no ocurre con ningún otro animal. ¿Estará en la naturaleza humana “mostrar lo que miramos” y lo que sentimos?

Los científicos del Instituto Max Planck de Antropología Evolutiva, ya trabajaron en ello hace algunos años y formularon una hipótesis: Propusieron que los ojos humanos han evolucionado debido a la necesidad de comunicación y cooperación entre nosotros.

Nos encontramos con un iris inmerso en la esclerótica que con su movimiento direccional remarcado en el color blanco de esta, señala la dirección en que estamos mirando y sin necesidad de mover la cabeza. Los humanos nos fijamos más en la dirección de la mirada mientras los animales se fijan más en la dirección de la cabeza, están quizás más atentos al lenguaje corporal. Al mirar a unos ojos “transparentes” se consigue mejor colaboración al determinar lo que el otro está mirando o pensando. La mirada es un medio de control e impide actitudes egoístas o deshonestas. Los “ojos hablan”. Mostrar al otro lo que estamos mirando es también una manera de influir sobre su comportamiento y de indicarle nuestra voluntad de cooperación o de reproche. También es señal de salud. Todo esto conlleva a una mejor comunicación y por tanto al concierto sexual que haría que se produjera una mayor y mejor reproducción entre los individuos de la especie que más blanco tuvieran en los ojos. Les serviría como selección natural de lo más sano y mejor dispuesto a colaborar; en definitiva les conduciría a una mayor entente.

Ballenas y delfines “hablan”, algunas aves incluso “componen música” y construyen nidos, hay primates que utilizan “herramientas”, algunos gorilas no tienen prolongación de la columna vertebral (rabo)… pero los únicos que tienen la característica de la esclerótica blanca, son los humanos.

Caña a la vida que no nos permite reflexionar sobre nosotros mismos y sobre nuestro entorno



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de Jorge Laborda
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