jueves, 17 de octubre de 2013

Más que nunca...




Más que nunca...

Ahora que los valores por los cuales vale la pena vivir
están amenazados necesitamos más que nunca
de las mujeres; incluso fuera de la familia:
mujeres casadas y no casadas.

No para proclamar a través de grandes carteles
que son más felices con el lavado más blanco,
con el dentífrico más fresco, con el sostén más apretado...
Ninguna mujer realmente emancipada será más feliz
proyectada su imagen como cover-girlpin-up
o la irradiación de ella como artículo de sexo.

La mujer tiene un destino más grande y más importante.
Su fertilidad, su capacidad de fecundar espiritual
tiene que recibir de nuevo su valor.

En nuestro mundo, dirigido por tecnócratas,
que sólo piensan en fabricar cosas y en venderlas,
que viven competitivamente, la mujer es indispensable.

La misteriosa humanidad femenina, su sentido propio
para ver las cosas pequeñas, la dulzura y ternura
de que hacen gala para captar la fragilidad
de todas las cosas, su sentido maternal hacen
de la convivencia y del trabajo en común, una fiesta.

Cada mujer tiene una tarea fascinante en este mundo
si aún no ha sido desmenuzada por las ruedas
de la máquina de producción que mata.
La tarea de la mujer en el mundo del mañana
será decisiva para rehacer ese mundo,
en el que no caben los débiles y los pobres.

¡Ella puede ayudar a recrear esta sociedad
y convertirla en un hogar lleno de amor para todos!

Phil Bosmans

Los Cinco Budas Dhyani

Los Cinco Budas Dhyani

Introducción a los Cinco Budas Dhyani y Su Mandala

Para el iniciado, el mandala de los Cinco Budas Dhyani es, a la vez, un diagrama cósmico del mundo y de sí mismo. Es una herramienta para el crecimiento espiritual y la experiencia mística – un mapa para la iluminación, animado con posibilidades divinas.

Los Cinco Budas Dhyani: Guías para la transformación espiritual

Cinco  Budas DhyaniLos nombres de los Cinco Budas Dhyani son: Vairochana, Akshobhya, Ratnasambhava, Amitabha y Amoghasiddhi. Los budistas tibetanos creen que el Adi-Buda, el ser primordial y más elevado, creó a los Budas Dhyani mediante sus poderes meditativos.
Los Cinco Budas Dhyani son budas celestiales, a quienes visualizamos durante la meditación. La palabra Dhyani se deriva del Sánscrito dhyana, que significa “meditación”. Los Budas Dhyani también son llamados Jinas (“Victoriosos” o “Conquistadores”). No son figuras históricas, como el Buda Gautama, sino seres transcendentes que simbolizan los principios divinos o fuerzas divinas universales. Los Budas Dhyani representan varios aspectos de la conciencia iluminada, y son grandes sanadores de la mente y del alma. Ellos son nuestros guías para la transformación espiritual.
Tradicionalmente, cada Buda Dhyani está asociado a ciertos atributos y símbolos. Cada uno encarna una de las cinco sabidurías, que como antídotos, contrarrestan los cinco venenos mortales, los cuales son de máximo peligro para el progreso espiritual del hombre y lo mantienen atado a la existencia mundana. Los budistas enseñan que los Budas Dhyani pueden transmutar los cinco venenos con sus sabidurías transcendentes. El Libro Tibetano de los Muertos recomienda que el devoto medite en los Cinco Budas Dhyani, para que sus sabidurías reemplacen a las fuerzas negativas, que ha permitido afianzarse en su interior.
Cada Buda rige sobre una de las direcciones del espacio (puntos cardinales) y uno de los reinos cósmicos del éter, agua, tierra, fuego y aire. Los Budas Dhyani también personifican los cincos skandhas, o componentes que conforman la existencia cósmica, así como la personalidad humana. Estos componentes son: conciencia, forma, sentimiento, percepción y volición.
Además, cada Buda Dhyani está asociado con un color específico, un mudra (gesto con la mano), un animal simbólico que sostiene su trono, un símbolo sagrado y una bija (sílaba semilla). La bija representa la esencia del Buda Dhyani. Podéis usarla con la sílaba sagrada Om y el nombre del Buda para crear unmantra.
Un mantra se define como una serie de sílabas místicas que tiene un significado esotérico. En el hinduismo y el budismo, los discípulos recitan mantras para evocar el poder y la presencia de un ser divino. En algunas tradiciones, los devotos usan mantras en la meditación para convertirse en uno con la deidad que están invocando.
“Repitiendo el mantra y asumiendo el mudra de cualquier Buda”, escribe el monje budista e instructor Sangharakshita, “uno puede, no solo ponerse en correspondencia o alineamiento con el orden particular de realidad que Él personifica, sino que también puede ser imbuido con su poder transcendental.1

Mandalas: Mapas para la unión mística

Mandala de los cinco Budas Dhyani Los budistas a menudo representan a los Budas Dhyani en un mandala. Mandala es una palabra Sánscrita que significa “círculo”, traducida en los textos tibetanos como “centro” o “lo que rodea.” Algunos dicen que la palabra se deriva de manda, que significa “esencia”. El mandala es un círculo que denota integridad, totalidad, y la perfección de la Budeidad.
El mandala es también un “círculo de amigos” – una reunión de Budas. Tradicionalmente los mandalas son pintados sobre thangkas (pinturas en pergaminos enmarcados en seda); dibujados con arena de colores; representados por montones de arroz; o construidos en tres dimensiones, a menudo en metal fundido.
Se coloca a un Buda Dhyani en el centro, así como en cada uno de los puntos cardinales del mandala. Los mandalas originalmente se hacían en el suelo, frente al meditador, y por lo tanto, orientados hacia la persona que los contemplaba. El punto más cercano al contemplador, en la parte inferior del mandala, es el este. El mandala continúa en el sentido de las agujas del reloj, siguiendo el curso del sol, con el sur a la izquierda del contemplador, el oeste en la parte superior, y el norte a la derecha.
El lama Anagarika Govinda, uno de los primeros intérpretes del budismo tibetano para occidente, explica: “De la misma forma que el sol sale por el este, y así empieza el día, el practicante entra en el mandala por la puerta este, la puerta que está enfrente de donde él se sienta.”2
Un mandala es un espacio sagrado, consagrado, donde no existen obstáculos, impurezas o influencias que distraigan. Los budistas lo utilizan como una ayuda en la meditación y la visualización. “Todos los mandalas”, escribe el tibetólogo Detlef Lauf, “se originan en las sílabas semilla, o bija-mantras, de las deidades. Durante la meditación en estos mantras, se despliega una radiación elemental de luz, de la cual viene la imagen de los budas.”3
Los mandalas son ricos en simbolismos. La serie de círculos en la periferia de un mandala, simboliza la protección de influencias externas. El círculo de llamas más alejado significa el conocimiento que destruye la ignorancia, o simboliza el mundo fenomenal que el devoto abandona al entrar en el mandala. Las llamas también pueden representar la Montaña de Fuego que prohíbe recibir los misterios al no-iniciado. El anillo de pétalos de loto dentro del círculo de fuego significa el mundo espiritual, el renacimiento espiritual, la apertura de la visión espiritual, o la pureza de corazón que es necesaria para una meditación efectiva.
La parte central de un mandala (señalada por el cuadrado dentro del círculo), representa un palacio o templo con cuatro puertas, una en cada punto cardinal. Fuera de los muros del palacio, los mandalas a menudo muestran símbolos benéficos y victoriosos. Estos ocho símbolos conmemoran los regalos que el Buda Gautama recibió después de que lograra la iluminación. Estos son: el parasol precioso, el estandarte de la victoria, la rueda dorada de la Enseñanza, la caracola de concha blanca, dos peces dorados, el nudo de la eternidad, el jarrón de los grandes tesoros y la flor de loto. Los budistas creen que estos símbolos traen buena fortuna.
Las cuatro puertas del palacio conducen al círculo más interno, el núcleo del mandala. “Los mandalas aparecen como círculos alrededor de un centro sagrado”, escriben los autores Blanche Olschak y Geshe Thupten Wangyal. “Estas descripciones son el plano de ubicación de las visionarias moradas celestiales, en cuyo centro se manifiesta el poder sagrado que será invocado. El mandala completo es una fortaleza construida alrededor de esa fuerza búdica”.4 En su meditación, el discípulo da vueltas alrededor del foco situado en el centro del mándala, hasta que pueda finalmente integrarse en ese poderoso núcleo.
El discípulo usa el mandala para encontrar sus elementos dentro de sí mismo. “Tan pronto como entra en el mandala”, escribe el historiador religioso Mircea Eliade, “él se encuentra en un espacio sagrado, fuera del tiempo; los dioses ya han ‘descendido’ a la…insignia. Una serie de meditaciones para las cuales el discípulo ha sido preparado con anterioridad, le ayudan a encontrar a los dioses en su propio corazón. En una visión, él los ve a todos emergiendo y saliendo desde su corazón, llenando el espacio cósmico, siendo luego reabsorbidos en él… Pero, entrando mentalmente en el mandala, el yogui se aproxima a su propio ‘centro’… El yogui, empezando desde este ‘soporte’ iconográfico, puede encontrar el mandala en su propio cuerpo.”5
Así, con todo su simbolismo, un mandala no es meramente una imagen externa de poder celestial. Los budistas creen que un mandala es el receptáculo de la fuerza sagrada que representa. Su propósito y la meta de cada una de estas imágenes simbólicas, es ayudar al meditador a entender el poder divino dentro de sí mismo y lograr su propia perfección interna.
“Todo el mandala externo es un modelo de ese patrón espiritual que el individuo que medita ve dentro de sí mismo, y él debe esforzarse por experimentarlo en su propia conciencia”, dice Lauf. “Los budas [Dhyani] son considerados como seres cuya actividad se manifiesta a través del hombre mismo. El mandala, entonces, se convierte en un plan cósmico, en el cual el hombre y el mundo están ordenados y estructurados de manera similar… Los Budas meditativos desarrollan su actividad benéfica, solo en la medida en que el iniciado sepa reconocer y alcanzar esas características y fuerzas simbólicas dentro de sí mismo.”6
Tal como explica el renombrado orientalista Giuseppe Tucci: “Los Cinco Budas no permanecen como lejanas formas divinas en cielos distantes, sino que descienden hasta nosotros. Yo soy el cosmos y los budas están en mí. En mí está la luz cósmica, una misteriosa presencia, aunque esté oscurecida por el error. Pero, con todo, estos Cinco Budas están en mí, ellos son los cinco constituyentes de la personalidad humana.”7
El Dalai Lama enseña que: “Mandala, en general, significa aquello que extrae la esencia… El significado principal [de un mandala] es entrar uno mismo en el mandala y extraer una esencia, en el sentido de recibir bendición. Es pues, un lugar para adquirir magnificencia.”8
Para el discípulo que sabe cómo usarlo, un mandala es, por lo tanto, un mapa de los pasos progresivos para la auto-transformación y la unión mística. Representa el crecimiento de la semilla de la budeidad dentro de él. “El meditador”, dice Lama Govinda: “debe imaginarse a sí mismo en el centro del mandala como una encarnación de la figura divina de la budeidad perfecta”. Y esa budeidad, dice, “únicamente se puede encontrar en la realización de todas esas cualidades que, tomadas en conjunto, forman la riqueza del mandala.”9

El arte sagrado del Tíbet: Traer el cielo a la tierra

Algunas de las más notables esculturas de los Cinco Budas Dhyani fueron creadas por artistas tibetanos, desde el siglo XIII hasta principios del siglo XV. Debido a que los Budas Dhyani son seres celestiales y no históricos, a menudo son representados con joyas y corona, en lugar de las sencillas vestiduras de un Buda.
Para los tibetanos crear una obra de arte es un acto religioso. En cada etapa, el artista, monje o lama, ofrece ciertas plegarias y rituales. A menudo pone pergaminos de textos religiosos, ofrendas votivas y granos dentro de las estatuas. Cuando el trabajo ha concluido, el monje o lama realiza una ceremonia de consagración.
Los tibetanos emplean el arte como una forma de traer el cielo a la tierra, y elevar al hombre fuera de sus confines terrenales hasta un reino de paz y armonía. Ellos creen que la estatua de un Buda, por ejemplo, es la presencia viva de ese Buda, que se hace uno con su icono.
Las esculturas tibetanas de los Budas Dhyani transmiten tanto la elegancia como el poder. Esta es la singular característica, encanto y misión del arte sagrado tibetano. Lo real se une a lo transcendental. La gracia y la pureza se fusionan con la vitalidad y el poder. El detalle esmerado y la precisión se unen a la espontaneidad. El resultado es que el más allá y la perfección de los reinos iluminados llegan con una inmediatez que inspiran al observador a realizar su propio potencial divino.

1. Bhikshu Sangharakshita, A Survey of Buddhism, rev. Ed. (Boulder, Colo.: Shambhala with London: Windhorse, 1980), p. 372.
2. Lama Anagarika Govinda, Insights of a Himalayan Pilgrim (Berkeley: Dharma Publishing, 1991), p. 128.
3. Detlef Ingo Lauf; Secret Doctrines of the Tibetan Books of the Dead, trans. Graham Parkes (Boston:Shambhala, 1989), p. 105.
4. Blanche Christine Olschak y Geshe Thupten Wangyal, Mystic Art of Ancient Tibet (Boston: Shambhala, 1987), p. 36.
5. Mircea Eliade, Yoga: Immortality and Freedom, 2ª ed., trad. Willard R. Trask, Bollingen Series, nº 56 (1969; reimpresión, Princeton, N.J.: Princeton University Press, 1970), p. 225.
6. Detlef Ingo Lauf, Tibetan Sacred Art: The Heritage of Tantra (Berkeley: Shambala, 1976), pp. 120, 122, 123.
7. Giuseppe Tucci, The Theory and Practice of the Mandala, Trad. Alan Houghton Brodrick (1961; reimpresión, Nueva York: Samuel Weiser, 1970), p. 51.
8. El Catorceavo Dalai Lama Su Santidad Tenzin Gyatso, Kindness, Clarity, and Insight, ed. Jeffrey Hopkins y Elizabeth Napper (Ithaca, N.Y.: Snow Lion Publications, 1984), p. 82.
9. Lama Anagarika Govinda, Foundations of Tibetan Mysticism (1960; reimpresión, Nueva York; Samuel Weiser, 1969), p. 181; Insights of a Himalayan Pilgrim, p. 178.

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