martes, 29 de marzo de 2016

A los ojos tristes hay que hacerles menos preguntas y darles más abrazos


Cuando una persona está triste tendemos a atosigarle a preguntas sobre qué le pasa, qué le ha hecho sentir así, cómo se encuentra, cómo podemos animarle, etc. Sin embargo, a veces a los ojos tristes hay que hacerles menos preguntas y darles más abrazos.

Porque cuando nos sentimos mal y nos vemos envueltos en una tormenta de tristeza, nuestra mente y nuestro cuerpo necesitan del apoyo emocional de nuestros amigos y de las personas que son queridas por nosotros.
La tristeza es una emoción útil y básica que tiene como peculiaridad su capacidad para promover la empatía de los demás hacia la persona triste y favorecer así el apoyo emocional hacia quien necesita un hombro al que arrimarse.


La normalización y la validación de la tristeza

Muchas veces las personas no necesitamos palabras que nos animen sino corazones pacientes que nos escuchen y que nos brinden un abrazo cuando atravesamos momentos emocionalmente complicados.

O sea que la mejor manera de ayudar a una persona que está triste es simplemente ofreciéndole sin palabras nuestra presencia, echando una mano a su hombro y mirándole desde el cariño y la sinceridad.

Porque hay momentos en los que las palabras sobran y lo único que necesitamos es que nos dejen tranquilos, poder respirar y poner orden a nuestros pensamientos, pues al fin y al cabo la tristeza facilita la introspección.
“Nuestra sociedad cada vez tiene menor tolerancia a cualquier tipo de sufrimiento y malestar. La necesidad de sentirnos felices hace que muchas veces no soportemos convivir con la tristeza”
-Narcís Cardonés-


La tristeza, latido de un lenguaje universal

La tristeza es la emoción de la pena, de la pérdida y del daño. Una experiencia que, si bien es negativa, resulta saludable para nosotros, pues inspira una autoconciencia mayor sobre todo aquello que nos rodea.

Esta experiencia emocional crece y permanece cuando percibimos que nos encontramos en soledad, pues se acrecienta el desánimo y genera una cuesta o montaña cada vez mayor que nos cuesta asumir y que puede llegar a patologizarse y materializarse en un estado emocional insano.
Abrazar a unos ojos tristes simboliza el acogimiento y el sostén al mundo en el que se vive, la lucha conjunta y el apoyo emocional.


Abrazar a esos demonios que vienen a decirnos algo


Bloquear nuestras emociones es un grave error. Esto es lo que nos enseñan películas como Inside-out (también denominada Del revés e Intensa-mente). Concretamente, la tristeza nos ayuda a través de la desmotivación que genera a reflexionar, analizar y a evocar comportamientos de cuidado en otros.

Por eso, tal y como se suele decir, si negamos nuestra tristeza y no la mostramos nos perdemos todo esto, no obteniendo así la ocasión de recibir un abrazo largo y cariñoso que nos ayude a recordar que no estamos solos.

La sociedad de las recetas de la felicidad nos obliga a estar alegres siempre y a no permitirnos el sufrimiento, pues se ve como anormal y negativo. Se entiende que la tristeza nos transporta a un lugar indeseado y, al final, caemos en la trampa del anhelo excesivo.


Por eso, un abrazo sin cuestionamientos ni preguntas nos ayuda a normalizar que podemos estar tristes y que, de hecho, debemos aceptarlo. Que nuestro entorno no juzgue y menosprecie nuestro estado emocional es esencial para recuperar la confianza en nosotros mismos.

Porque hay abrazos que nos ayudan a recomponer las partes que estaban rotas en nuestro corazón, aceptando que nuestros días tienen tantos matices como nuestras circunstancias y comprendiendo que nuestras emociones deben quedar al margen de ese supermercado de razones y recetas para casi todo.

fuente:https://lamenteesmaravillosa.com/a-los-ojos-tristes-hay-que-hacerle...
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