lunes, 7 de marzo de 2016

EL PERDÓN , UN PROCESO DE SANACIÓN

perdonate

“Perdono pero no olvido”. Es una frase común que solemos escuchar de muchas personas. Con esta frase justifican cada una de esas veces en las que tienen la oportunidad de recordar el agravio, repitiendo incesantemente todos los reclamos que se hicieron la primera vez y recordándole a la persona que a pesar de su error fueron capaces de “perdonarlo”.

Pensemos ahora en esta situación: Imaginemos que pido dinero en un banco y posteriormente pago mi deuda con los intereses acordados. Mi cuenta después de un tiempo por fin está saldada. Pero ¿qué pasa si después de dos, tres, cinco o más años cada vez que paso por el frente del banco sale el gerente a pedirme dinero por el préstamo que me hizo? ¿No sería eso un robo, una falta de respeto para conmigo? ¿No estaría abusando el gerente y su banco de algo que ya quedó saldado desde hace mucho tiempo? Podría yo demandar al banco por este atropello. No es justo que después de haber pagado lo que debía y con intereses me sigan pidiendo una y otra vez más y más dinero. Pues justamente eso es lo que estamos haciendo cada vez que le reclamamos a alguien los errores que cometieron y supuestamente ya perdonamos.

En otras ocasiones en lugar de reclamarle verbalmente a la persona por su error, simplemente le cobramos la deuda con nuestra actitud, buscamos que se someta, sin mencionar el agravio le hacemos sentir que nos falló y que debe pagar eternamente por su crimen. Esta actitud hará que la persona se reduzca sintiéndose culpable por el resto de su vida o hasta que descubra por ella misma que cometió una falta pero que es preciso reconciliarse con ella misma.

¿Y por qué entonces nos pasa esto? Porque en realidad no hemos perdonado. Porque dentro de nosotros aún persiste el dolor. Y al recordar una y otra vez ese dolor lo estoy resintiendo. De ahí proviene la palabra resentimiento, de estar constantemente recordando (re-sintiendo, volviendo a sentir) el error del otro con la emoción que lo acompaña.

Entonces, ¿cómo podríamos lograr perdonar realmente? ¿Será posible que olvidemos y borremos de nuestra mente un suceso y ya no lo recordemos más? ¿Que padezcamos una especie de amnesia temporal? Pues no es necesario olvidar lo sucedido. No necesitamos realizarnos una lobotomía para lograr perdonar a alguien. Simplemente debemos aprender a sanar nuestro dolor.

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¿Cómo lo hacemos?

Como primera medida es importante recordar una enseñanza importante de la sabiduría tolteca descrita en el libro “Los cuatro acuerdos” de Miguel Ruiz. El segundo acuerdo nos dice “No te tomes nada personalmente”. En este acuerdo nos hablan sobre la importancia personal, el creernos el centro del universo, lo que es una expresión de egoísmo. Por eso aquí es importante recurrir a la comprensión. Entender que lo que hizo el otro, lo hizo desde sus creencias y sus vivencias, no pensando en hacerme daño sino actuando desde su propia programación. Pero más allá de la programación de esta persona, debemos comprender que el nivel de conciencia en el que se encontraba esa persona en el momento en el que cometió el error no le permitió ver las consecuencias de sus actos. Incluso, si esta persona hubiese planeado todo para hacernos daño, aun así sigue siendo un ser inconsciente, porque desde su nivel no percibe la maldad como algo incorrecto, si lo supiera no lo haría. Algo le falta aprender para dejar de cometer ese error.

Los cuatro acuerdos
Los cuatro acuerdos toltecas para la felicidad.

Cuando lleguemos a aprender la profundidad de esto, será más fácil para nosotros perdonar el error de esta persona.

El segundo aspecto que debemos tener en cuenta es: no es el recuerdo lo que nos impide perdonar. Es la carga emocional que tiene ese recuerdo lo que nos hace sentir de esta manera. Si logramos eliminar la emoción, ese recuerdo será solo una imagen sin emoción, sin nada que nos afecte, será igual que ver la imagen de un salvapantallas en el computador, no nos trasmitirá nada. Si somos capaces de tomar la suficiente distancia del hecho y verlo sin nuestra emoción, sin identificarnos con lo sucedido, sin sentirnos víctima de la situación, podríamos ver el hecho no como un intento del otro de hacernos daño, sino como una experiencia más de su aprendizaje y del mío, porque “el maestro solo aparece cuando el alumno está preparado. Esto quiere decir que estamos atrayendo esta situación a nuestra vida mientras aprendemos.

Por último quiero que hagan un ejercicio que aprendí en un libro. Si después de intentar comprender y soltar la emoción, siguen enojados con esa persona, piensen una y otra vez en todas las cosas bonitas que vivieron, en todos los momentos felices, y verán como poco a poco, día tras día cambian su pensamiento-sentimiento hacia esa persona, volviendo a sentir paz consigo mismo.

JP Ben-Avid
Referencias
Miguel Ruiz, (1997). Los cuatro acuerdos. Barcelona:Urano.
http://factordiferencial.ning.com/group/despertando-a-la-nueva-humanidad-con-krystal/forum/topic/show?id=6561689%3ATopic%3A1206813&xgs=1&xg_source=msg_share_topic
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