miércoles, 2 de marzo de 2016

Los chakras y el ego

bldJL_Chakra-300x275Chakra significa “rueda” en sánscrito (lengua ancestral de origen hindú, se cree que fue una de las primeras lenguas habladas y escritas).  Los vedas (civilización) utilizaron este término para denominar los centros energéticos del cuerpo humano.
Hay siete chakras principales que se extienden a través de un canal energético que corre a lo largo de toda espina dorsal denominada línea Hara.  Estos chakras actúan como traductores de la energía que envuelve al cuerpo humano, tanto la del universo como la de la tierra, de forma que éste pueda utilizarla convenientemente.
Un chakra que funciona con normalidad actúa de la siguiente manera: se extiende en forma de remolino por el campo energético que rodea el cuerpo físico y está compuesto por capas sucesivas de energía que vibran a frecuencias cada vez más elevadas.  Cada uno de los chakras tiene una parte frontal y una parte posterior, excepto el primero (chakra raíz, en el perineo) y el último (chakra corona, en la coronilla)
Cuando el funcionamiento de los chakras es normal, cada uno de ellos está abierto girando en el sentido de las manecillas del reloj de forma que absorbe la energía de su alrededor para traducirla y gestionarla.  ¿Qué quiere decir esto? Pues que nuestro cuerpo energético lee y gestiona toda la información que nos rodea para que recapitulemos sobre ella y nosotros seamos parte del mundo y uno con él.  La información que recibimos del exterior nos alimenta de mil y un modos, haciéndonos crecer y entender a todos los habitantes que residen en él.
Sin embargo, si el chakra gira en sentido contrario (en contra de las manecillas del reloj) la energía fluye de adentro hacia fuera, no permitiendo recibir ni información ni energía al cuerpo humano, se dice entonces que ese chakra está bloqueado.  ¿Y qué quiere decir esto una vez más? Pues que no hay un flujo transmisor en los dos sentidos, únicamente uno: el nuestro.  Dejamos de ser parte del todo para convertirnos exclusivamente en ego y como es éste el que nos regula actuamos y nos regulamos a través de nuestra individualidad.  Así es como nos encontramos con individuos en los que solo es válido su forma de ver las cosas, su camino y que jamás tomarán la responsabilidad de sus actos ya que siempre, pase lo pase y suceda lo que suceda, es culpa de los demás.  Ellos pasan a ser el mundo y no al revés.
El peligro de este hecho es encerrarse en una burbuja ficticia no real, porque necesitamos interactuar con otras opiniones, necesitamos también el derecho al equívoco para evolucionar y discernir lo bueno de lo malo y aceptar nuestra parte de responsabilidad en todo el proceso.  Esta burbuja puede tomar forma de rabia hacia el exterior (pensar que todos están en contra mío) o de amor ficticio (vivo en un mundo de color de rosa pero con crítica, es el primer paso del victimismo) o de otros muchos disfraces, ninguno de los cuales es real.  Y el gran problema de vivir en un mundo ficticio es que nos alejamos de los demás y de la posibilidad de disfruta de una felicidad real, porque solo experimentamos con nosotros mismos, con nuestro único punto de vista y no con la visión del mundo…eso limita muchísimo nuestros recursos ¿no creéis?
En psicología el hecho de enviar nuestra propia energía al exterior bloqueando toda recepción de otros hacia nosotros se llama proyección, en castellano bastante simple se le llama Ego.
Después viene la segunda parte de esta historia, lo fácil que es hablar del ego, sin entender realmente lo que es y echarle la culpa de todo para justificar nuestro comportamiento, pero creo que eso lo dejaré para la siguiente nota…
Diana Llapart
https://elrincondepensaramthbcn.wordpress.com
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