viernes, 29 de abril de 2016

Ave Fenix




Ave Fenix

En el jardín del paraíso, cuando la humanidad empezaba a dar sus primeros pasos, aconteció lo que sigue:



En el centro del jardín paradisíaco se encontraba el árbol de la sabiduría. Justo bajo sus ramas, cobijado en la sombra y acariciado por los rayos del sol que se colaban a través de sus hojas, creció un bello rosal. 




El rosal fue creciendo y, un buen día, nació su primera rosa, destinada a ser la primera rosa del mundo. Nació bella, perfumada, exuberante, tímida y fresca.



La más bella y esplendorosa ave del paraíso tenía un plumaje de mil colores y un armónico y místico canto. Al ver la rosa no pudo dejar de admirar tan belleza y, sin dudarlo, anidó en su interior cálido y transparente.



Todo era perfecto hasta que, un desgraciado día, los hombres, a causa de su desobediencia, fueron expulsados del paraíso. Un ángel desenvainó su espada y los desterró con la severidad con la que se castigaba la traición.



Sin embargo, no es mas desafortunado quien traiciona que quien empuña una espada, pues cuenta la leyenda que, cuando ésta fue desenvainada, flamígera, desprendió una chispa ardiente que, sin querer, fue a parar al nido del ave, prendiendo fuego a la rosa. El magnífico animal murió.



De las cenizas de tan bello ser quiso la divinidad que volviese a resurgir el ave. Y así fue: de allí renació y salió volando una nueva Ave Fénix, la única en el mundo.



Cuenta la leyenda que el Ave Fénix anida en Arabia, y que cuando siente  que llega el fin de su existencia, recoge y acumula plantas aromáticas: incienso, cardamomo y resinas, y construye con todo ello un gran nido expuesto a los rayos solares.  El calor del sol, incidiendo sobre las plantas secas, incendia el nido y el Fénix arde con él y se convierte en ceniza.

De ese rescoldo nace una pequeña oruga que, en poco tiempo, se convertirá en el nuevo Fénix, cuyo primer trabajo será depositar en un tronco hueco los restos de cenizas. Escoltado por una gran cantidad de aves de especies diversas, las ofrecerá en ofrenda al sol. Acabada esta ceremonia, el joven Fénix volverá a Etiopía, y allí vivirá encarnando la esperanza del renacer constante, alimentándose de gotas de incienso hasta que llegue de nuevo el fin de sus días.



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