jueves, 14 de abril de 2016

: REFLEJO DE MUJER :.




: REFLEJO DE MUJER :. 
“Buscando en mi memoria, encontré que en la construcción de mi ser hombre, estaba mucho más influenciado por el reflejo de las mujeres, que por la guía de los hombres mismos. Hoy decidí entrar a verme a través del espejo de su mirada.
La cultura nativa americana dice: “Todos venimos de una Madre”. Se refiere a nuestras líneas ancestrales que nos dieron la vida como seres humanos, y además, también se refiere a que todos somos hijos de la Madre Tierra, que a la vez está dentro del vientre de la Gran Madre Universo.
“Todos venimos de una Madre”.
Y por supuesto que no hay balanza para el amor, porque si la hubiera, la usaríamos para competir entre nosotros para ver cuál es el amor más grande. Sin embargo, aunque no tenemos la balanza amorosa, nadie duda que el amor hacia una mamá, con todos los conflictos, con todas las imperfecciones, con todas las interrupciones, es uno de los primeros.
Recuerdo una noche cuando tenía diez años, y estaba de visita en casa de unos primos en Argentina. Mientras la casa dormía, yo escuchaba radio en el sillón del living. La sala estaba a media luz y en medio de la noche extrañé a mi mamá fallecida y me puse muy triste. Me bajé del sillón, me hice un bollito, y me coloqué en un hueco que había entre el equipo de audio y sus parlantes. Como cría huérfana, extrañaba la protección de mi leona cuando la radio se llamó a silencio. Una melodía rompió mi tristeza y mi mamá desplegó su abrazo mágico desde el otro lado de la Vida. Esos minutos fueron mi primer reencuentro con mamá. Sabía lo que había sentido, y nunca se lo conté a nadie, porque no tenía ninguna duda de que su amor era capaz de vencer la muerte. De adolescente encontré el nombre de la canción: Woman de John Lennon. Para mí: la canción de mi mamá.
Una mujer es mucho más que la posibilidad de ser madre, aunque es imposible para mí no empezar por lo más sagrado que conozco, desde que estuve en los partos de mis hijos.
De pequeño me gustaba estar en las charlas de las abuelas. Allí se cocinaban las emociones de la familia. Fui testigo de la picardía entre hermanas ancianas, porque las dos se sabían dueñas del corazón y el cuidado de la familia. También recuerdo a mi abuela diciéndome: “si te perdés en la calle buscá a una mujer, nunca a un hombre…”. Ahí dejé de escucharla y pensé: “no me puedo olvidar que a los hombres se nos despierta algo horrible, y el día que se me despierte me tengo que acordar de este momento…”. El recuerdo me dibuja una sonrisa.
Si miro dentro de mi corazón, ser mujer es mucho más que ser madre o abuela, ser mujer es ser amiga, hermana y amante. Cómplice, rescatadora, víctima y victimaria. Genia, brillante, empresaria, artista y postergada. Ser mujer es ser guerrera, mansa, torbellino.
Antes creía que iba a encontrar una que me hiciera feliz. La encontré, nos encontramos y maduramos juntos. Hoy es mi esposa, madre de mis hijos, amiga, amante y cómplice de mi corazón. Caminando juntos, fue muy revelador darnos cuenta de que nadie puede hacer feliz a otra persona. La felicidad es algo que cada uno debe asumir. Para mí el mirar hacia las mujeres, me lleva a una sola palabra: relación. Y de tanto caminar junto a mi esposa, y nuestras parejas amigas, aprendí que una buena relación no es aquella que te hace feliz, una buena relación es aquella donde hay suficiente espacio, y apoyo, para que tú seas quién sos. Eso que vulgarmente llamamos felicidad. Si no lo vemos así, las relaciones se llenan de reclamos, luchas de poder, negociaciones, enojos y postergación, a la espera de que el otro me haga feliz.
No solo en las relaciones de pareja, sino en todas las relaciones. Desde la amistad más profunda hasta una sencilla relación de compañerismo, como puede darse en el trabajo, la escuela, el liceo o la universidad, una buena relación es aquella donde encuentro y doy el espacio y el apoyo para ser quienes somos.
Desde mi pequeño lugar, quiero agradecer a las mujeres, y rezo para que podamos levantar relaciones que nos permitan ser quienes somos en Libertad. Relaciones en las que cada uno haga lo que tiene que hacer, deje espacio al otro y disfrute del suyo. Relaciones en las que cada uno asuma la autoridad de levantar su corazón. Relaciones en las que no reclame a los demás que me den, lo que yo no me animo a darme.
Agradezco que gracias a la mirada de las mujeres de mi vida, aprendí a ser hombre y confiar en mí, gracias de corazón por su reflejo. 
* Alejandro Corchs Lerena *
Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...

Anuncios