sábado, 14 de mayo de 2016

Druidismo y “Karma”



Sobre el concepto hindú de Karma.
Druidismo y “Karma”
El Karma, palabra sánscrita, que proviene del término indoeuropeo *kri, y que significa; “hacer o accionar”, es una creencia elemental en muchas religiones, que en las últimas décadas se ha ido popularizando debido a la famosa globalización y a las exportaciones e importaciones, sin ponderación alguna, desde las religiones orientales o dhármicas como el hinduismo, el jainismo, el budismo, el sintoísmo e incluso desde monoteísmo de los sijs. Dicha creencia se halla vinculada a la doctrina o presunción de la reencarnación.
También en el resto del globo, en las creencias animistas africanas de los zulúes, por ejemplo, y en las de los aborígenes australianos o los de América del Norte, que distinguen en la vida del ser humano dos caminos; el Camino Rojo o el Camino Negro. Según éstos últimos, el alma del ser humano al morir inicia un viaje anímico cuyo propósito, en caso de haber seguido el primer sendero, es dejar de nacer y morir, y así poder unirse a la Fuente de Todas las Cosas. En cambio, de haber seguido el Camino Negro, ello conlleva nuevas vidas para depurar su esencia anímica.
Por otra parte y desde la antigüedad también tenemos en la historia griega, las corrientes filosóficas del orfismo, las teorías de Pitágoras, de Plotino, de Apolonio de Tyana, de Empedócles e incluso de Platón o de su maestro Sócrates, opuestas obviamente a las de Aristóteles, que defendieron o explicaron conceptos relacionados con la reencarnación y con nociones o conjeturas sobre el principio de “causa y efecto”.
Sócrates afirmaba: "Las almas toman nuevos cuerpos para repetir una y otra vez sus vidas físicas, a fin de desarrollar las facultades de la psiquis y adquirir la sabiduría". "También me parece a mí, Cebes, que nada se puede objetar a estas verdades, y que no nos hemos engañado cuando las hemos admitido; porque es indudable que hay un regreso a la vida; que los vivos nacen de los muertos; que las almas de los muertos existen; que las almas buenas libran bien y las almas malas libran mal"
Plotino en sus "Eneadas" comenta: "Se trata de un descubrimiento reconocido desde la más remota antigüedad que si el alma comete faltas se ve condenada a expiarlas sufriendo el castigo de los tenebrosos infiernos. Después es admitida a pasar por nuevos cuerpos para volver a comenzar sus pruebas"....... "Cuando nos vemos descarriados en la multiplicidad, estamos de hecho siendo castigados por nuestro propio alejamiento; después, cuando volvemos a tomar cuerpos físicos, gozamos de una condición menos feliz".
De Pitágoras de Samos, filósofo y matemático del siglo VI antes de la EC, se dice que dejó el siguiente mensaje a sus alumnos; ‹‹Necesitamos muchas vidas, revestirnos de múltiples cuerpos, nacer y morir y volver a nacer muchas veces para llegar al fin último de la perfección que es el que los dioses nos reservan.
O aquella otra anécdota que cuenta Diógenes Laercio sobre Pitágoras cuando éste reconoce a un amigo fallecido en el cuerpo de un perro que había sido apaleado. O cuando según Diodoro Sículo comenta en su libro Biblioteca Histórica, 10.6.1
"Pitágoras creía en la transmigración de las almas, y consideraba el consumo de carne como algo abominable, diciendo que las almas de todos los seres vivos pasaban después de la muerte a otros seres vivos. Y en cuanto a sí mismo, solía manifestar que recordaba haber estado en Troya en los tiempos de Euforbo, hijo de Panthus, que fue asesinado por Menelao."
O la del celta nacido en Andes, cerca de Mantua, en la antigua Galia Cisalpina, ya romanizado, llamado Publio Virgilio Marón. Veamos un extracto del romanizado celta, en su famosa obra La Eneida;
”Estaba entonces el padre Anquises examinando con vivo afán unas almas encerradas en el fondo de un frondoso valle; almas destinadas a ir a la tierra, en las cuales reconocía todo el futuro linaje de sus descendientes, su posteridad amada, y veía sus hados, sus varias fortunas, sus hechos, sus proezas” ~
Ignorante Eneas de lo que ve y estremecido ante aquella súbita aparición, pregunta la causa, cuál es aquel dilatado río y qué gentes son las que en tan grande multitud pueblas sus orillas. Entonces el padre Anquises: “Esas almas – le dice -, destinadas por el hado a animar otros cuerpos, están bebiendo en las tranquilas aguas del Leteo el completo olvido de lo pasado. Hace mucho tiempo que deseaba hablarte de ellas, hacértelas ver y enumerar delante de ti esa larga prole mía, a fin de que te regocijes más conmigo de haber, por fin, encontrado a Italia.”
“¡Oh padre!, ¿Es creíble que algunas almas se remonten de aquí a la tierra y vuelvan por segunda vez a encerrarse en cuerpos materiales? ¿Cómo tienen esos desgraciados tan vehemente anhelo de rever la luz del día?…” ~ La Eneida – Virgilio.
En definitiva y dejando aparte, si nos parecen acertadas o desacertadas sus elucubraciones sobre la reencarnación, según nuestros propios criterios personales, lo que resulta innegable es que dicha creencia en general, ya existía en tiempos pre-cristianos y muchos filósofos de la antigüedad, se esforzaron en analizarla, comprenderla o/y transmitirla.
Así se puede constatar que creencias sobre la reencarnación y de sus vinculantes “karmas”, o los términos homónimos adecuados, los hay por todo el orbe terrestre, cada una con su particular sello y visión.
Las creencias base sobre reencarnación y Karma, que van vinculadas y son comúnmente inseparables, como podemos apreciar, en los últimos siglos han vuelto a penetrar en la mentalidad occidental, a través de las colonias inglesas y francesas en Oriente, y especialmente desde el siglo XIX, siendo contemplada en las creencias, espiritistas, ocultistas tales como las creencias de la Teosofía de Mme. Blavatsky, en algunos sectores del paganismo contemporáneo, de la brujería tradicional y posteriormente de la New Age y de la moderna religión neopagana llamada Wicca, aunque pueden diferir entre ellas en su significado.
Sin embargo, ello no significa que en Occidente, antes de estos hechos, ninguna corriente espiritual o filosófica de la antigüedad, como hemos mencionado párrafos arriba, no hubiera o haya planteado o desarrollado similares o parecidas hipótesis y creencias.
A priori podría pensarse que si alguna filosofía occidental se preocupó por la cuestión de la reencarnación y de posibles “karmas” o sus términos análogos, asociados a ésta, lo hizo de una forma mucho menos profunda, significativa o trascendental que en Oriente. Lo cual solo puede afirmarse desde cierta falta de rigurosidad histórica y desconocimiento, en parte comprensible porque no ha habido una continuidad histórica del paganismo, el cual como ya sabemos fue interrumpido por la invasión religiosa judeocristiana y su posterior aculturización.
Es cierto que la reencarnación y su asociada ley de causa y efecto o del “karma”, en la actualidad, ha estado mucho más desarrollada, aunque también más desnaturalizada, en Oriente que en Occidente. Esta decadencia y desvirtualización progresiva de la idea original se inició con las invasiones indoeuropeas de la India, ocurridas en el segundo milenio antes de la EC, las cuales tomaron las enseñanzas de los “sramanas” (ascetas) hindúes, para adecuarlas a sus intereses de ocupación y de predominio de sus castas conquistadoras. De aquí pasaron al hinduismo ya brahmánico, sobre el primer milenio antes de la EC en el período de los textos sagrados Upanishads, escritos en idioma sánscrito por el siglo VII a. EC, en un período de mutación socio-religiosa, cuando el culto védico, empezó su decadencia y su obsolescencia.
Pero en Occidente, debe tenerse en cuenta, que la irrupción del cristianismo anuló y abortó todo intento de desarrollo de dicha hipótesis, entre otras, con todas las purgas culturales, intelectuales, filosóficas y religiosas que ejecutó en todos los tiempos desde su encumbramiento como religión represora e imperante en Europa y en todo Occidente; caza y quema de brujas, linchamiento y matanza de herejes, ejecución de paganos, destrucción de libros de apóstatas y de textos de herejes y paganos, y de bibliotecas enteras, además de tergiversaciones realizadas adrede en las de traducciones de textos de toda índole, que pusieran en peligro el dogma cristiano, que dieran mucho que pensar o que no favoreciesen los intereses de predominio o sus credos.
No obstante, y a pesar de que la cuestión de la reencarnación es siempre un tema recurrente, en esta ocasión y a pesar de su inseparabilidad, intentaremos enfocarnos más en la noción de “karma” o sus vocablos equivalentes.
Actualmente, también la ley del karma, se comprende en Occidente de distintas maneras aunque se ha extendido y se entiende, por lo general, como una ley natural y universal de Causa y Efecto, pero no solo de los fenómenos físicos, sino también de las maquinaciones y procesos mentales, así como de las palabras y sus intencionalidades, que se conciben como causas, y cuyas consecuencias y experiencias únicas, son sus efectos. Pero resulta complicado explicar racionalmente lo que atañe a lo metafísico, porque en dichas parcelas del conocimiento, del saber y del sentir o creer, no solo se accede a través de la lógica convencional o de la Extrema Racionalidad. Tanto la idea del “karma”, como otras ideas religiosas pasan en mucha mayor medida por una convicción espiritual introspectiva que como consecuencia de un proceso meramente intelectual.
Por lo general, podríamos pensar, que dicha creencia y doctrina, se halla en cierta oposición a las creencias de las religiones abrahámicas, (islam, y judeocristianismo) tal y como éstas se posicionan mayoritariamente y contemporáneamente ante su significado, ya que ello significaría admitir la reencarnación del alma, aunque en un pasado histórico, llegaron, con sus matices, a considerar tal posibilidad anímica, si bien explicándolo en otros términos adecuados a su propia idiosincrasia, y permaneciendo bajo la forma de diversas herejías y posturas no oficiales.
Así por ejemplo los gnósticos cristianos como Carpócrates, Basílides o Valentín admitían la reencarnación, o el teólogo Orígenes del siglo III de la E.C, uno de los creadores de la primitiva Iglesia Cristiana, decía:
“A causa de alguna inclinación hacia el mal, ciertas almas... entran en cuerpos, primero de hombres; después, debido a su relación con las pasiones irracionales, al terminar el período de vida humana que tenían asignado se transforman en bestias, desde donde se hunden hasta la condición de... plantas. Desde allí surgen nuevamente pasando por los mismos estadios, hasta ser restituidos en su lugar celestial”.
Y el mismísimo San Agustín; que en uno de sus libros “Confesiones”, escribió; “¿no he vivido yo, pues, en otro cuerpo antes de entrar en el útero de mi madre?”
Pero la doctrina reencarnacionista fue abolida por el emperador del Imperio romano de Oriente Justiniano I (483-565), gran enemigo de todo el Paganismo, en el Concilio de Constantinopla II en el año 553 que consideraba anatema cualquier enseñanza sobre la preexistencia del alma, así como cualquier doctrina o criterio sobre su retorno a la Vida orgánica.
Ya entrados en la Edad Media, observamos como la Inquisición puso especial énfasis en eliminar en “el año del señor 1209” la cristiana herejía de los albigenses, también denominados cátaros, que entre otras imposturas (herejías) cristianas, osaban alimentar la creencia herética reencarnacionista.
Pero por si todos esos esfuerzos eclesiásticos fueran poco para eliminar y erradicar de Occidente cualquier atisbo de continuidad o innovación sobre creencias reencarnacionistas, tenemos dos posteriores concilios que pretendieron dar la puntilla para acabar con dichas conjeturas y creencias, fuera entre herejes o fuera entre paganos, aun demasiado numerosos en Europa, para gusto de la religión dominante.
En el concilio de Lyon en el año 1274 y posteriormente en el de Florencia en el año 1439 se volvió a condenar la metempsicosis y la reencarnación afirmando que las almas que partían de este mundo se dirigían al cielo, al purgatorio o al infierno, ideados por los poderes eclesiásticos.
En el judaísmo incluso en el actual, se llegan a realizar pronunciamientos tales, que pueden sorprender al lector, por estar acreditados por un buen número de rabinos de diversas tendencias místicas, que expresan frases tan relevantes, como las que se pueden leer en el libro “La resurrección” del rabino de la secta noajista, (en hebreo Noajidut) Yehuda Ribco, que sin duda, dan otra visión distinta a lo que, popularmente se venía creyendo sobre el judaísmo y sobre los cabalistas en dicha cuestión.
Yehuda Ribco escribe sobre la reencarnación como creencia opcional:
‹‹La Reencarnación es una creencia individual (o de ciertos grupos), tal como la no creencia en la misma lo es. Es una creencia de índole restringida, y que no atenta contra los principios generales y superiores (Tora y halaja), ni tampoco es obligatorio compartirla. ….. Por lo tanto los judíos que creen en la reencarnación, están dentro del judaísmo, como los que consideran que al morir nuestra alma retorna a la Fuente de Vida Eterna››
Ahora bien, el que la reencarnación sea opcional para el judío, no quiere decir que no ocupe un lugar importante en destacados pensadores como el judío sefardí nacido en Gerona (España) conocido como Rambán, también conocido como Najmánides o su nombre catalán de Bonastruc ça Porta (1194-1270), o Israel ben Eliezer (1700–1760), conocido como Ba'al Shem Tov, creador del Movimiento Hasídico, así como en textos canónicos de la religión judía, como por ejemplo, en el Zohar, que son una colección de comentarios cabalísticos sobre la Tora, se dice;
‹‹Siempre que una persona fracasa en su propósito en este mundo, Dios, Bendito Sea, la arranca de raíz y la vuelve a plantar una y otra vez, repetidamente.›› (Zohar 186b). ‹‹Todas las almas están sujetas a la reencarnación; ¡y la gente no conoce los caminos de Dios, Bendito Sea! No saben que son traídos frente al tribunal tanto antes de entrar a este mundo como después de dejarlo, son ignorantes de las muchas reencarnaciones, y de los trabajos secretos que tienen que realizar, y de la cantidad de almas desnudas, y cuántos espíritus desnudos deambulan en el otro mundo sin poder ingresar detrás del velo del Palacio del Rey. Los hombres no saben cómo las almas vuelan de un lado a otro como una piedra que es arrojada con una honda. Pero ya se acerca el tiempo cuando estos misterios serán revelados.›› (Zohar, II 99b
El Corán es el más excluyente en el tema de la reencarnación y el más reacio a considerar alguna forma de karma. No existen demasiadas frases, del Corán, que aludan a dicha creencia o a algún tipo de Causa-efecto o karma, aunque existe un pasaje un tanto ambiguo en el capítulo 25 -Sura Zajraf- versículos de la Meca 5-10-16:
"Y Él envió la lluvia del cielo en cantidades adecuadas, y hace volver a la vida a la tierra muerta de manera semejante a como tú renacerás".
No obstante, las corrientes místicas del Islam, como los sufíes con los derviches a la cabeza, admiten la reencarnación pues creen que el alma inmortal pasa continuamente por diferentes cuerpos.
También la minoría islámica de los Drusos, compuesta por un millón de personas repartidas por todo el mundo, consideran a la Reencarnación como una creencia cardinal en su manera de percibir el Islam. Esta forma cerrada de Islam fue fundada en el siglo XI por el Califa Al-Hakim.
También la secta chií de los musulmanes Alauitas creen en la Reencarnación, aunque esta secta es considerada esotérica por la ortodoxia islámica. No solo admiten la reencarnación sino que dependiendo de los actos realizados también creen en la metempsicosis. El alauita más famoso actualmente es sin duda, Bashar al-Assad, el actual presidente de Siria.
Otra de las sectas islámicas, con 3 millones de creyentes concentrados entre Irán, Irak y el Kurdistán, es el Yarsenismo, que creen que cada alma pasa por un ciclo de 1.001 encarnaciones, a lo largo del cual son retribuidas por sus actos, aunque los «oscuros» jamás «verán el Sol».
En definitiva habría unas cuantas sectas islámicas más, como la de los ismaelíes fundada por el persa Hassan I Sabah en el siglo XI de la EC, el cual decía ser la reencarnación del último Imán.
Y para concluir con los islámicos reencarnacionistas, reproducimos aquí los notables versos del sufí Rumi, que pueden ser comprendidos de muchas maneras, pero que para muchos aluden a la reencarnación.
"Morí como mineral y nací como planta.
Morí como planta y me elevé como animal.
Morí como animal y surgí como hombre.
... ¿Por qué temer la muerte?
¿Cuándo perdí algo al morir?"
Todavía una vez más he de morir como hombre para elevarme
(Yalal ad-Din Muhammad Rumí, Maestro Sufí, 1207-1273)
Pero lo que realmente, nos interesa en estas líneas, no es profundizar en demasía sobre las concepciones que tuvieron o tienen las diferentes religiones del mundo sobre la reencarnación y el karma asociado, o sobre algún tipo de ley o principio de causa-efecto. Lo que de hecho se trata en estas líneas, es de enfocar y esclarecer como conceptúa el Druidismo, dicha Ley de Causa y Efecto, si es que acaso la considera, para dilucidar finalmente si se trata de una creencia druídica o de afinidad druídica, una evidencia de la realidad tangible o una mera superstición.
En el druidismo contemporáneo, varios druidas e investigadores del celtismo así como en ciertas ordenes y grupos, (Les druides de Québec, Celtiacon Certocredaron Credima, Ordre Druidique d’Arvernia, Kredenn Geltiek Hollvedel, Ordre druidique Mondial, etc., se vienen tratando aspectos metafísicos, como pudiera ser la que denominan Ley del Trodma o lo que algunos otros llaman; Krwi, por su semejanza con la raíz indoeuropea, *kri, mencionada anteriormente. No obstante son vocablos de reciente creación y no obedecen a términos célticos antiguos de los que tengamos constancia. En mi personal apreciación, más que Ley del Trodma, podría calificarse como; Principio del Trodma.
La ley o Principio del Trodma o Krwi (acción) no es que sea exactamente igual a la referida como Ley de Causa y Efecto, ya que la Ley del Trodma, no atañe solamente a las acciones físicas o causas y efectos fenomenológicos, sino que siendo una “Ley o principio” espiritual y por tanto una creencia, es especialmente un Criterio Metafísico, que no puede excluirse del contexto o paradigma que la reivindica, la restituye o la recupera, convirtiéndose de esta manera además en una Pauta a seguir de una religión determinada, como en este caso sería la druídica, en general.
La ley o Principio del Trodma, dentro del paradigma druídico y para sus seguidores, es obviamente y ante todo, una reflexión filosófica, que se convierte en confianza espiritual, y de la que se desprende un comportamiento ético.
Ello, sin desdeñar cualquier aportación empírica, que pueda ampliar o disminuir la creencia en dicha Ley de causa-efecto. Esa Ley, aunque más que una Ley inmutable, podría ser considerada un criterio filosófico y un principio druídico e incluso una regla conductual o precepto ético; entiende y explica, que existen tres principales causas humanas que generan acciones y reacciones;
1- Los pensamientos, ideologías, creencias y juicios de valor
2- Las palabras, las promesas, los juramentos, las afirmaciones.
3- Los comportamientos o acciones de los individuos o grupos
Las reacciones o efectos a estas causas humanas, nada tienen que ver con justicias o castigos divinos, ni con cobrar todo el “bien que se ha hecho o “pagar” todo el mal que se ha realizado en otra o esta vida, sino con condicionamientos físicos, mentales y espirituales. Unos condicionantes que tampoco son determinantes, puesto que el Druidismo, cree también en el libre albedrío humano, a pesar de todos los condicionantes que se quieren o que se puedan entrever.
La índole de la Ley del Trodma en su vinculación con la creencia de la reencarnación, puede ser calificada como un condicionante para el alma, pero dicho principio también puede ser contemplado como un obsequio divino o cósmico, ya que el ciclo de reencarnaciones que los orientales tratan de evitar, y que interpretan como una maldición y un sufrimiento, en la Ley o Principio del Trodma se percibe como una bendición, pues la reencarnación se convierte en un nuevo período de aprendizaje anímico, aunque dicho ciclo de reencarnaciones no sea forzoso o inevitable para toda alma. En este aspecto converge con el taoísmo, pues tanto en el Druidismo evolucionista como en el Taoísmo, no se busca acabar con los ciclos de reencarnaciones directamente, sino que siguen un camino anímico evolutivo cuya culminación es; para los taoístas volverse uno con el Tao, y para los druídicos, es fundirse con el Todo/Fuente Suprema/Cosmos/Divinidad, resaltando aquella máxima druídica que afirma que todo vuelve a su origen y que el alma solo puede dirigirse hacia Aquello que la originó o allí de dónde provino.
Para los celtas de antaño, como apunta entre otros, el arqueólogo e investigador de lo céltico Jean Louis Brunaux, los guerreros épicos, los superhombres de las leyendas célticas, los semidioses y héroes de las tradiciones y epopeyas celtas, evitan el proceso reeencarnacionista y su Ley de Trodma vinculada, al haber trascendido de lo meramente humano a través de sus propias gestas.
“Contrairement au commun des mortels, ceux qui tombent au champ d’honneur échappent au cycle des réincarnations et gagnent directement les cieux auprès des dieux”
En las leyendas celtas de Irlanda, se nos cuenta que Finn Mac Cumhaill renació una segunda vez como Mongan, pero no renació para expiar culpa o injusticia alguna cometida en su vida pasada, aunque cometió ciertamente unas cuantas iniquidades, sino por elección de su alma, como un suceso que podía suceder, y en este caso sucedió, pero sin ninguna connotación moral o ética.
Podemos elucubrar porque Finn renació como Mongan; quizá porque en su anterior encarnación como Finn, había accedido a todo el saber mundano al catar el Salmón de la Sabiduría, lo cual no le impidió de viejo cometer una serie de ultrajes, según cuentan las leyendas.
O quizá tras fallecer como Finn, su alma se hallaba en un estadío de evolución tal, que su existencia inmaterial en el denominado Otro Mundo celta, devenía insuficiente para proseguir su progresión, y pudiera precisar de los aprendizajes en un organismo más denso, pues no en balde se sostiene espiritualmente, que el cuerpo es el vehículo del alma. Ese genérico Otro Mundo céltico, que fue esbozado como un orbe o ámbito de un Mundo, parecido al que en aquellas épocas consideraban como real y tangible, donde iban las almas de los fallecidos para continuar una vida muy parecida a la que habían tenido. Un Mundo donde tomaban otro cuerpo indeterminado y podían “morir”, aunque fuera metafóricamente, para renacer en este
O quizá reencarnó para ayudar a otros, debido a la sabiduría obtenida del Salmón Fintan, y cuyo motivo para volver pudo ser dar a conocer a otros los logros anímicos alcanzados. En fin caben muchas dilucidaciones y conjeturas….
.Aun actualmente en Escocia, existe una expresión gaélica; “toradh do ghnìomharan”, para indicar los efectos de los sucesos naturales y las consecuencias y frutos de los actos humanos. Este adagio popular no contiene connotaciones morales, lo cual sugiere que proviene de la antigüedad céltica pre-cristiana, aunque no se tengan legados o textos que lo demuestren. Pero el aforismo existe y nada tiene que ver con una dualidad bueno-malo, o con hacer el bien para no recoger el mal, o con alguna otra moralina. Tan solo indica, de forma proverbial una o varias causas y sus efectos, una acción y su reacción. Como mucho es una reflexión y un consejo; donde de cada pensamiento, de cada palabra y de cada acto, derivan unos resultados o consecuencias, evidentes o sinuosas, conscientes o inconscientes, comprensibles o incomprensibles.
De ello se deriva una actitud popular que proviene de las mismas esencias druídicas como es la Responsabilidad y como es la Reflexión ante los hechos y acontecimientos. Puesto que todo acto implica para el seguidor druídico, que habrá unas consecuencias, que de preverlas, preliminarmente se han de reflexionar y posteriormente asumir con toda Responsabilidad. Y si tras la introspección, dilucidación o reflexión no se pueden prever, ante la incertidumbre, siempre existe la solución celta de; “Actuar”, hacer, intentar o al menos fluir”, porque el no pensar, el no hablar y el no actuar también tiene sus efectos y secuelas.
En lo demás, podemos discernir que la reencarnación en el Druidismo, en general, es una opción anímica plausible pero no siempre se contempla como necesaria u obligatoria. Y de consumarse, se piensa que no tiene porque ser en este mundo, en este universo o siquiera en esta dimensión. Las posibilidades son Infinitas.
La ley o Principio del Trodma o Krwi , no condiciona las circunstancias y contextos en las que el individuo puede renacer, sino que se engloba en la reencarnación, percibiéndola también como otra oportunidad más, y ésta se intuye como una evolución espiritual de diferentes plantas de alzado, donde el alma sutil precisa de cuerpos más densos para seguir experimentando y por ende, aprendiendo.
Dicho principio karmático, tampoco se comprende como un premio virtuoso o una expiación religiosa o castigo mágico de vidas pasadas o un recompensa o penalidad para vidas futuras, sino principalmente se concibe, como el hecho de que los pensamientos, palabras y acciones humanas, generan consecuencias o efectos, acciones y reacciones, tanto físicos como psíquicos, especialmente en este mundo, en este tiempo y en esta dimensión.
Dichos pensamientos, palabras y acciones intencionales cuando son reiteradas se vuelven modos y costumbres propias y condicionan las tendencias conductuales futuras del individuo. Por ello, las causas humanas que provocan efectos, no siempre son conscientes y no siempre obedecen a una intencionalidad del momento. Pero si bien son condicionantes, no son determinantes, pues a través del conocimiento de uno mismo y de la reflexión se puede llegar a detectar dichos condicionamientos y neutralizarlos.
Podríamos concluir resumiendo que la reencarnación y su concepto vinculante de “karma” (Trodma para los druídicos) no es un concepto en sí mismo opuesto al pensamiento occidental, ni en la antigüedad ni en épocas posteriores.
Ahí tenemos, los casos de Voltaire, padre del racionalismo, que creía en la reencarnación, y consecuentemente, en algún tipo de principio de causa y efecto;
“No es más sorprendente haber nacido dos veces que una sola, en la naturaleza, todo es resurrección”.
Así como otros renombrados personajes como el pagano Giordano Bruno, el cual apoyó la reencarnación y la existencia de un espíritu universal, principio de la vida y Causa Primera y que cómo sustancia anímica se halla en todas las cosas, sin excepción, y constituye el principio motor de las mismas. Obviamente pagó con la hoguera éstas y otras declaraciones consideradas heréticas.
Otros personajes como Goethe, “El alma del hombre es como el agua. Viene del cielo, se eleva hacia el cielo y vuelve después a la tierra en un eterno ciclo. Estoy seguro de que he estado aquí, tal como estoy ahora, mil veces antes, y espero regresar otras mil más”.
Carl Jung; “Podía imaginarme perfectamente que tal vez había vivido en siglos anteriores y me había hecho preguntas que todavía no era capaz de responder; que tenía que volver a nacer porque no había cumplido la tarea que se me había asignado”
Y tantos otros personajes de casi todos los tiempos de Occidente como, Withman Schopenhauer, Hume, Rydyard Kipling, Dickens, Tolstoi, Oscar Wilde, Allan Poe, Benjamín Franklin o el mismísimo Napoleón Bonaparte, el cual creía ser una reencarnación de Carlo Magno.
Así pues, la reencarnación y su principio de causa-efecto (karma-Trodma) no es oriental ni es occidental, ni es budista, ni es pagana, ni siquiera es new age. Como teoría y creencia, es internacional, es interétnica y es interreligiosa. Cada civilización, cada cultura, cada espiritualidad y en cada tiempo, que la contempló o que aun la considera, lo hizo y lo hace bajo su particular cosmovisión metafísica.

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