domingo, 7 de agosto de 2016

La diosa herida



Escribo pensando en nosotras mujeres, que encarnamos en esta vida en cuerpos femeninos, pero en favor de la esencia femenina como alma y cuerpo colectivo, al que todos, mujeres y hombres podemos acceder.

Comparto totalmente esta visión que transcribo mas abajo entrecomillada. Por eso cuando escucho o leo comentarios de algunas mujeres sosteniendo los mitos de separación, de desprecio, o simplemente de devaluación de la naturaleza femenina, me salta la diosa interna y me rebela.

Lamentablemente como colectivo hemos sido menospreciadas por el poder masculino, inclusive por poderes religiosos que actualmente siguen desdeñando toda capacidad de la mujer, por el simple hecho de ser mujer, criatura inferior. Sabemos que hasta se llegó a poner en duda que la mujer tuviera alma, y aún hoy seguimos leyendo y oyendo en las mismas mujeres como vos que me lees o como yo, que somos poco más que un apéndice del hombre.

Y fuimos nosotras, como grupo humano, las que fuimos aceptando ese ninguneo que se prolongó sigo tras siglo. No intento valoración alguna sobre quien tuvo mas culpa en esto, pues sé que la culpa no conduce al lugar de sanación, solo la responsabilidad. Hubo opresores y oprimidas, y debemos suavemente, con toda la ternura de la que somos capaces, volver a equilibrar asumiendonos responsables de este cambio que anhelamos.

Necesitamos comenzar a sentir, pensar y actuar en favor de rescatar la esencia femenina que durante siglos ha estado dormida, sumergida, latente, tratando de susbsistir en consejos dichos al oído, en saberes de abuelas lentamente transmitidos de generación en generación que se fueron perdiendo, en aras de la sociedad nueva y civilizada.

Necesitamos recuperar la sabiduría intuitiva, a la diosa, a la mujer orgánica, vital, unida a la tierra, a la salvaje original, en el más amoroso sentido de la palabra. A la que no se deja avasallar por las miradas ajenas, sino a la que se autoconstruye a sí misma una y otra vez, cada vez que hace el amor, cada vez que pare, cada vez que canta, que cura o que cocina. La que educa a sus hijos en igualdad, sin discriminaciones por portación de sexo. La que no teme a sus hermanas, la que goza de su compañía porque sabe que ella es tan valiosa por sí misma, como cada uno de los miembros de su clan.

Volvamos al cáliz y soltemos la espada.
Con todo mi amor, de mi corazón al tuyo! 


Verónica Heiland 
“Una mujer que recuerda su esencia de Diosa y está recuperando y renovando su confianza en sí misma no se siente amenazada por otras mujeres, incluso por aquellas con mayor confianza en sí mismas. Una mujer de verdadera fuerza y carácter no ataca a otra mujer por despecho o celos para construir su propia autoestima.

La competencia, los celos y la falta de respeto en la forma de chisme, entre mujeres son síntomas de una enfermedad patriarcal, arraigada en nuestra conciencia femenina. Es una Hermandad herida que encona más profundo de la psique debido a que viven en un paradigma cultural que enfrenta la mujer contra mujer, fomenta la competencia y la comparación.

Imagina un mundo donde las humillaciones, los chismes, las comparaciones, etc. ya no sean tolerados. Un mundo en el que estas conductas no se consideren tolerables o un modo de relacionarnos y no se satisfagan con la aceptación, la aprobación o el refuerzo como una manera de “encajar” con otras mujeres, sino que se entienda como una expresión de los profundos temores de separación, abandono y / o aislamiento. Es el grito de la herida en busca de ayuda, en la búsqueda de volver a casa… volver a la Hermandad y al “Ser Diosa”.

Es hora de tomar conciencia del daño que se está haciendo para el alma de la mujer en forma individual y global, cada vez que una mujer participa o acepta silenciosamente estas conductas heridas.

Es hora de volver a la Hermandad!!!”
***Texto entrecomillado tomado de La llegada de la luz a las sombras.
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