lunes, 3 de octubre de 2016

!!!!! LAGRIMAS DE UNA BRUJA!!!!!



!!!!! LAGRIMAS DE UNA BRUJA!!!!!
En viejos textos medievales y modernos se cuenta que, de todos es sabido, las brujas no lloran…
Que no lloramos… A pocas brujas conocían los eruditos escribas de ésos textos.
No hay diques en mis ojos. No hay presas. Cualquiera que sea su origen, mis lágrimas son libres de fluir y brotar de mí, porque las lágrimas contenidas son enfermedades gestadas.
No siempre fue así. Durante mucho tiempo las retuve. Hubo una época en mi vida en la que mi corazón se aletargó. Después de unos años de oscuridad y sufrimiento continuo, algo en mí se quebró y las cosas dejaron de afectarme. Me cubrí con una máscara de falsa fortaleza (una de aquellas de las que os hablé en otra ocasión) para ocultar mi fragilidad y dolor al mundo y a mí misma. Y caminé por la vida sin sentir, sin vivir casi. Me dejaba llevar por el tiempo a través de lugares, de gentes, de momentos que apenas significaron nada para mí. Supongo que el ser humano tiene un límite para el dolor interno y yo alcancé el mío. La respuesta de mi mente fue recluirse tras un muro de hielo y ver pasar el mundo sin involucrarse en él. De hecho, apenas tengo recuerdos de aquellos momentos. Son años perdidos en un aspecto, pero muy valiosos en otros.
Fue en aquella época cuando me encontré a mi misma, nunca abandoné la magia ni a la Diosa, era lo único que aún me hacía sentir algo y fue así, poco a poco, como el hielo comenzó a resquebrajarse y a derretirse. Fue cuando encontré mi esencia, a mi verdadero yo en mi interior y mis largas conversaciones conmigo misma fueron lo que me devolvió la sensibilidad. Fue cuando aprendí a escucharme. Me di cuenta de que, si centraba la atención en mi interior y permanecía en silencio, las respuestas a cuestiones que me preocupaban surgían de mi centro como si algo más antiguo y más sabio que yo me respondiese. Pero no era nadie más. Sólo yo, que por fin encontraba el camino a la sabiduría que tanto buscaba en el lugar en el que siempre había estado. En mí.
Pero seguía sin llorar. Sentía que no podía permitírmelo. Sabía que debía tantas lágrimas, que si alguna vez empezaba ya no podría parar. El viejo dolor no había pasado, no se había curado. Seguía en mi, enquistado y pulsante, esperando para estallar y buscar una salida que yo le negaba. Pero vivir así no era lo que mi alma libre de bruja necesitaba. Las brujas estamos hechas para vivir la vida en todos sus extremos. Para sentir hasta la última migaja de emoción en todo lo que nos rodea. Una bruja es un corazón que siente todas las emociones del mundo en cada latido. Estamos hechas para disfrutar intensamente de todo lo que ocurra en nuestra existencia. Somos capaces de sentir la alegría más salvaje y la tristeza más devastadora, el amor más apasionado y épico y la soledad más desoladora. Porque la magia está hecha de emociones y sentimientos y nosotras somos la encarnación de la magia en esta Tierra.
Así que comprendí que si quería ser una bruja completa, si quería ser la persona feliz que yo sabía que podía volver a ser, debía liberarme de aquel dolor que mantenía prisionero dentro de mí y que me convertía a su vez en su esclava, y al que yo sentía expandirse cada día, como una podredumbre oscura y densa que se alimentaba de cada lágrima no vertida. Debía enfrentarme a él, entregarme a él y dejar que me invadiese para, una vez sentido y comprendido, me atravesara y se alejase de mi.
Y eso hice. Me volví hacia dentro y me enfrenté a él. Dejé que brotase y me llenase por completo, que se expandiese por todo mi ser hasta no dejar un resquicio libre y cuando sentí que ya no era yo la que le sentía a él, sino que él me sentía a mí, las primeras lágrimas se agolparon en mis ojos y por fin las dejé brotar, amando todas y cada una de ellas. Me convertí en mis lágrimas. Acompañé su viaje desde el centro de mí, donde se creaban, hasta caer mojando mi rostro, mis manos, el suelo… Las sentí todas y cada una de ellas, lavando a su paso cada humillación, borrando cada recuerdo podrido, sanando cada promesa rota, acariciando sueños perdidos, cicatrizando heridas tan profundas que casi me atravesaban entera. Limpiando cada mentira que había destruido las distintas vidas que pude haber tenido. Llenando cada silencio que rompió mi mundo y casi me desvió de mi camino. Lloré por todos aquellos años en los que no había podido hacerlo y sané cada golpe que la vida me había dado. Grité desgarrándome por dentro y dejé salir toda la rabia. Sollocé tánto que durante días me dolió el cuerpo por los espasmos. Clamé a mis Dioses eternos para que aceptaran la ofrenda de mis lágrimas. Y aprendí que el mayor daño de todos fue el que yo me había causado a mí misma impidiendo que mi dolor sanase ocultándolo al mundo, casi construyendo mi identidad sobre él. Y una de las promesas que me hice fue que nunca más volvería a retener las lágrimas ni a ocultar el dolor fingiendo que no existe.
Desde entonces he llorado muchas, muchísimas lágrimas. Y he aprendido que llorar es un acto mágico. Es un ritual en sí mismo. Entregamos nuestras emociones a su elemento, las convertimos en agua y las dejamos fluir arrastrando todo lo que nos hiere. Las entregamos para que sigan su camino mientras nosotras continuamos el nuestro.
Hay lágrimas de dolor, de tristeza, de añoranza y pérdida. Pero también hay lágrimas de alegría, de felicidad, de alivio, de compasión, de risa. De amor.
Cada emoción tiene su lágrima y las brujas las conocemos todas porque la base de nuestro trabajo mágico consiste en conocer nuestras emociones en cada momento de la Rueda del Año. Viajamos a nuestro interior y, encontremos lo que encontremos, casi siempre regresamos llorando. Y lo hacemos juntas. Nos limpiamos por dentro juntas y nuestras lágrimas nos lavan por fuera, juntas. Hay algo muy liberador en poder llorar en compañía de otros, y más liberador aún cuando lo conviertes en un hechizo poderoso.
Porque, como todas las cosas mágicas de la vida, las lágrimas guardan un secreto y las brujas lo conocemos.
Y es que hay más poder en una hora de llanto, que en una vida entera de falsa fortaleza.

Hyedra de Trivia
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