martes, 12 de abril de 2016

NO INTENTES CAMBIAR A NADIE




No intentes cambiar a nadie: limítate a iluminar, porque es tu luz la que invita a tu prójimo a cambiar que en estos tiempos extraños en que elegiste volver, tu tarea, compañero, no es otra que la de “Ser”.
Y si ese que va a tu lado se encuentra dormido acaso, respeta su desarrollo, y su aparente retraso. Contémplalo con ternura y acéptalo tal cual es, y déjalo que prosiga marchando sobre sus pies. No te olvides que él está siguiendo su “plan de vida”: ese que le armó su alma al preparar su venida.
Y tú no puedes lograr que eleve sus vibraciones, ni con presiones abiertas , ni sutiles empujones, porque hay ciclos en la vida que no se pueden forzar: ¡ya su corazón un día se abrirá de par en par!.
Y entenderá cabalmente de forma clara y certera, que esta vida es solamente una ilusión pasajera… Tú entra en tu propio silencio, y en forma suave y callada, deja que tu luz interna se filtre por tu mirada. Tu impronta suave y serena produce su propia acción, y esparce sobre las cosas silenciosa inspiración…
Y cuando dejas que el otro transmute su propia cruz, no intentas cambiar a nadie… ¡pero los cambia tu luz!

¿POR QUÉ LAS PERSONAS NO SE CURAN?

Un médico intuitivo tuvo una perspectiva única sobre por qué las personas no se curan. Él solía pensar que todo el mundo quería ser sanado. Y llegó a la conclusión de que “La sanación es muy poco atractiva”.
Los impedimentos para la curación incluyen renunciar a vivir en el pasado, dejar de ser víctima, y el miedo al cambio. Dirigir el pensamiento y la energía hacia el pasado desvía la fuerza vital de las células y los órganos que necesitan esa energía para funcionar y sanar.
La curación requiere vivir en el presente, recuperando la energía de los traumas y heridas del pasado. Dice que la única razón para alimentar y mantener vivo el pasado es a causa de la amargura de lo que pasó. Negarse a perdonar un evento o a una persona del pasado produce fugas energéticas del cuerpo. El perdón sana estas filtraciones. El perdón no tiene nada que ver con no culpar a otros por las heridas que causaron. Tiene más que ver con “liberarnos de la percepción de víctima”.
Cuando podemos ver un acto doloroso como parte del proceso de la vida, como un mensaje o un desafío en lugar de una traición personal, la energía vital fluye de vuelta a los circuitos de energía del cuerpo físico.
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