domingo, 18 de junio de 2017

Evolución


 Yo Soy
❝Haciendo el bien nutrimos la planta divina de la humanidad;
formando la belleza, esparcimos las semillas de lo divino.❞
— Johann Christoph Friedrich von Schiller

Constantemente escuchamos a los Maestros o leemos en los libros sobre espiritualidad: “la evolución del alma”; y entonces nos preguntamos ¿por qué el alma debe expandirse, crecer, acaso no somos Hijos perfectos de Dios?
Sucede, que es el Espíritu o la Chispa Divina la que permanece inmutable y por debajo de ella, según la enseñanza de la constitución septenaria, está el alma que es la que guarda y atesora todo tipo de experiencias acumuladas a lo largo de nuestro viaje existencial reencarnación tras reencarnación. Es lo que en las parábolas se menciona como “la novia”, al encuentro con “el novio”, que en este caso es el espíritu.
De igual manera, escuchamos o leemos que “el alma está dormida” o “despierta tu alma”, lo que ocurre es que esta se encuentra prisionera entre los barrotes del ap(ego). Por lo tanto para despertarla, primero debemos liberarla. Veamos los agentes liberadores:
La autenticidad es un buen liberador, ahuyenta los temores de todo tipo. ¿O acaso no te sentiste libre cuando te expresaste como tú mismo, tú misma?
La fe, que destraba nuestro camino de dudas, es como una autopista libre que nos permite avanzar en lugar de quedarnos a medio camino. No es obligatorio, pero las cosas vienen de manera pronta y más fáciles si tienes fe.
La alegría interna, lo que en sánscrito se le conoce como ananda o eterna alegría, nos conduce al estado de serenidad y gozo interno de conocer por qué y para qué se vive y de ser felices por sobre cualquier evento.
La fortaleza psicológica, que nos permite intentar, arriesgar y avanzar más allá de cualquier duda, temor o tropiezo o aparente fracaso.
La tolerancia, la amplitud de mente no nos permite enfrascarnos en una idea, por el contrario, aprendemos de otros puntos de vista y nos da la humildad necesaria para darnos cuenta que no somos dueños de la verdad.
El alma, también necesita alimento y éste es la práctica de los valores como el amor fraterno, la gratitud, la generosidad, el entusiasmo, la fidelidad, la humildad, el servicio, la pureza interna y externa, la discreción (chismes: fuera), la perseverancia, la disciplina, así como la apreciación de la belleza, la práctica de la bondad y la búsqueda constante de la verdad.
Como vemos, hoy más que nunca tenemos que poner en práctica todos los valores si queremos lograr el cambio, éste comienza por uno mismo y si es cierta la hipótesis de los campos mórfogenéticos, entonces con nuestro propio cambio de actitud y de conducta habremos dado un gran servicio a la Humanidad.
Seamos conscientes y felices, aquí y ahora.
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